I193001a
Fecha: 20030813
Título: El mandamiento del amor y el cumplimiento de la voluntad divina
Original en audio: [3 min. 16 seg]
Hermanos:
Yo quiero decir unas palabras sobre el evangelio del día de hoy.
Realmente, la Biblia está llena de promesas, que tal vez no conocemos o tal vez no creemos completamente.
En el texto de hoy, seguramente hacemos énfasis, mentalmente hacemos énfasis en en aquello de la corrección fraterna, y es un tema bien importante, ¿pero qué tal lo que se encuentra al final de este pasaje? ¿Qué tal eso que nos dice, qué tal eso que nos promete Jescristo hoy? "Si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, mi Padre lo concederá" San Mateo 18,19.
No es una fórmula mágica la que nos está dando Jesucristo, no nos está dando un sistema para conseguir lo que nosotros queramos. Se trata de dos discípulos que, como explica un poquito más adelante, piden en su nombre, piden en el nombre de Jesús.
Y aquí está la clave: se trata de dos que estén de acuerdo, dos más, pero se trata también de dos más que estén en el nombre de Jesús. Estas son las dos condiciones: que estemos en el nombre de Jesús, pero también que estemos de acuerdo entre nosotros.
Y ahí está como resumida toda nuestra fe, que se parece tanto al mandamiento del amor, porque toda la vida cristiana se resume en: "Amarás al Señor tu Dios" Deuteronomio 6,4; San Mateo 22,37, amar a Dios, y: "Amarás a tu prójimo" San Mateo 22,39.
Amar a a Dios y amar al prójimo, algo parecido es lo que nos dice el evangelio de hoy: dos que estén en el nombre de Jesús; pero también, dos que estén unidos entre sí, dos que se pongan de acuerdo. Unión con Dios, porque estamos en el nombre de Jesús, unión entre nosotros, porque nos ponemos de acuerdo.
Es algo pefectamente lógico, perfectamente coherente con lo que nos ha enseñado el Señor; amor a Dios, amor entre nosotros; estar en Dios, estar en el nombre de Jesús; y estar de acuerdo entre nosotros, estar en el amor mutuo.
Esto es lo que hace a Dios presente en la Tierra; esto es lo que hace que su voluntad pueda cumplirse; esta es la fuerza increíble que puede transformar nuestra vida y que puede hacer que, poco a poco, nosotros seamos, -casi tiemblo al decirlo-, seamos expresión de Dios, expresión misma de Dios en medio del mundo; expresión divina, presencia divina, fuerza de Dios entre nosotros.
Eso es precisamente lo que quiere ser la Iglesia; la Iglesia, según la voluntad divina, es eso. La Iglesia es presencia y acción de Dios en medio del mundo. Porque la Iglesia es aquel sacramento de salvación que une con el Altísimo y que une a la Humanidad entre sí.