I175001a
Fecha: 19970801
Título: Quitando lo que obstaculiza la fe
Original en audio: [14 min. 12 seg.]
Muy Queridos Hermanos:
La Palabra de Dios nos invita a alegrarnos en las festividades de la Alianza, y nos invita a abrir el corazón para que pueda haber fiesta en nuestra vida.
Abrir el corazón es tener fe. Vamos a comentar tres punticos sobre qué quiere decir esto de tener fe. Porque al principio de la Eucaristía cantábamos: "Si tuvieras fe como un granito de mostaza" San Lucas 17,6, tomado de un pasaje del Evangelio, ciertamente.
Y luego, en esta misma celebración, pues hemos podido ver cómo suceden cosas, pequeñas o grandes, cada uno júzguelas. Son obras, obritas del amor de Dios, señales que llevan su firma, que llevan su estilo.
Y ahora el evangelio nos ha dicho que Jesús no pudo hacer muchos milagros allá en su pueblo, porque estos se llenaron de razones: "¿Cómo así que este viene ahora aquí a hacer milagros? ¡Lo que nos faltaba! ¡Lo único que nos faltaba! ¡Lo único que faltaba es que resultara haciendo milagros, y resultara con gran sabiduría!"
¿Qué podemos decir sobre esta fe? ¿En qué consiste? ¿Cómo se adquiere? ¿Cómo podemos aumentarla? Tal vez algunos, o muchos de nosotros, sentimos aquello que le decía un padre de familia a Cristo. Este papá tenía a su hijo enfermo, y Jesús le dice: "Todo es posible para el que tiene fe" San Marcos 9,23, y el hombre da un grito, y dice: "Yo tengo fe, pero ayúdame a creer" San Marcos 9,24.
Yo creo que en esa situación nos encontramos nosotros. Me imagino que no somos completamente incrédulos, pero dentro de nosotros hay también ese grito, hay también ese anhelo, ese deseo: "Señor, ayúdame a creer, ¿qué puedo hacer yo para creer más? ¿Cómo puedo yo creer mejor?" Esas son las preguntas que nosotros nos hacemos".
Pero sobre todo, se trata de descubrir, cuál es el enemigo de la fe. La fe es un don de Dios. La fe no se logra pujando, haciendo uno fuerza: "Voy a hacer de cuenta que..., y voy a hacer más fuerza, y voy a hacer otro poco de fuerza, y me voy a convencer de que sí".
La fe no es un esfuerzo de uno por tratar de convencerse uno mismo de que las cosas son así. Repito, la fe es un regalo, la fe viene como un regalo, y ese regalo Dios lo da.
Luego el problema de la fe no es cómo pujo yo, me perdonan la expresión. El problema no es cómo hago yo fuerza y fuerza, para que me crezca la fe. El problema es, cómo quito los obstáculos de la fe.
Le voy a comparar la fe con una matica. Si usted ve una mata chiquitica, y dice: "Esa matica nada que crece"; entonces usted un día, aburrido de ver su mata enana, la pone a halar, a ver si crece la bendita mata. Pues acabó la mata, acabó con el crecimiento, y probablemente, acabó también con la matera.
Así hacemos nosotros con la fe: "¡Ese chiringo de fe! ¡Ese poquito de fe! ¡Esa fe mía no sirve para nada!" Y, entonces, es a pujar y a halar, "a ver cómo logro que crezca la fe". Y la fe no crece así; la fe es un regalo.
El problema no es ese. El problema es quitarle los cuatro ladrillos que usted le puso encima a la mata. Eso es lo que la tiene vaciada a la pobre mata. La mata no crece, no porque no pueda crecer, no crece, porque tiene unos cuantos ladrillos encima.
Siempre es un poquito complicado para una mata, levantar tres ladrillos. Ustedes piensen, la matica apenas brotando, ahí va la matica poquito a poco, y usted le pone tres, cuatro ladrillos encima; ahí no prospera.
La mata, para crecer, no necesita que usted la hale. La mata necesita que usted le quite los obstáculos. Y por eso, la gran tarea es, cómo quitarle los obstáculos a la fe. Y de eso es de lo que trata precisamente el evangelio.
"En aquel tiempo fue Jesús a su ciudad, y se puso a enseñar en la Sinagoga. La gente decía admirada..." San Mateo 13,54, dice así. Pero resulta que la palabra correcta, no es "admirada", porque esta no es la admiración buena, sino extrañada.
Esta palabra en griego, viene de un verbo que es "thaumazo", y ese verbo sirve para traducir en castellano, tanto admiración como extrañeza.
Ante los hechos, ante las señales que Dios nos da, uno puede extrañarse o uno puede admirarse. El que verdaderamente se admira, crece en la fe. El que simplemente se extraña, le pone el primer ladrillo a la mata.
¿Cuál es la diferencia entre extrañarse y admirarse? La persona que se admira, busca el paso de Dios, agradece la obra de Dios; mientras que la persona que se extraña, se queda simplemente con el hecho.
Es decir, "salió el sol"; "sí, ya sé que salió el sol", se queda con el hecho simplemente; no mira lo que eso significa para su vida. La persona que se extraña, es incapaz de agradecer.
Los compatriotas de Jesús se extrañaban, veían cosas, pero no agradecían, no buscaban el paso de Dios, no pensaban en el significado de esas obras para su propia vida. Simplemente veían que ahí estaba sucediendo algo raro.
Cuando uno no lee la propia vida, la vida se convierte en una montonera de coincidencias, en una montonera de casualidades, y la vida parece entonces un enzarzado inexplicable de acontecimientos.
En cambio, cuando uno lee despacito la vida, uno va descubriendo el paso de Dios, y ese paso de Dios que se va descubriendo, le va dando a uno crecer en la fe. Entonces, primer ladrillo es extrañarse y no admirar. Admirar es reconocer el paso de Dios, buscar y agradecer el paso de Dios.
La otra persona simplemente dice: "¡Ay,vea!, ¡ah ¡Bueno!" "Tengo salud, ¡ah, qué bien!" "Me salió el trabajo, "¡ah,qué bueno! ¡Soy de suerte! ¡Soy de buenas!" Pero no es una persona que agradece; no busca el paso de Dios. Ese es el primer ladrillo.
Segundo: preguntaban ellos, "¿de dónde saca este esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero?" San Mateo 13,54-55. Ellos intentan medir los acontecimientos con su propia cabeza.
Dios no nos ha prohibido pensar, Dios no nos ha prohibido razonar. Yo no estoy diciendo aquí, que la fe sea opuesta a la razón; como quien dice: "No piense para que crea".
Yo, por lo menos, no soy de esa escuela. A mí no me enseñaron así. La cosa no es: "No piense para que crea", ¡No! "¡Piensa! Si quieres pensar, piensa, y si quieres razonar, razona."
"Pero ten en cuenta que tu cabeza no tiene todas las razones; ten en cuenta que en tu cabeza no caben todas las explicaciones; y sobre todo", este fue el segundo error que cometieron ellos, "no pretendas juzgar las intenciones de Dios, no pretendas entender, y no pretendas creer que ya tú tienes todas las razones de Dios en tu cabeza".
Lo grave no es que uno piense, ¡no! Hay que pensar. Yo soy partidario de que la gente piense, y razone, y eche cabeza, y estudie. Es que esta es una orden religiosa, que está, precisamente, para el servicio de la verdad.
"¡Estudie!" Eso es bueno. Estudiar, razonar, eso es bueno. ¿Por qué hay que tenerle miedo? Lo grave es que uno crea que la cabeza de uno es la que gobierna en el universo. Como quien dice, "lo que yo no entienda, eso no puede suceder". Eso es lo grave.
La soberbia de poner uno su pensamiento por encima de todo, eso sí es grave. Que uno piense, que uno haga preguntas, que uno razone, que uno investigue, que uno estudie, no es malo. Lo malo es que uno pretenda que sus estudios, su cabeza, su pensamiento, ya tienen agarrados todos los problemas, y que con eso puede entender todas las cosas. Eso sí es grave.
Y este fue el segundo error. Si la matica de la fe está brotando, y uno cree que con su cabeza va a entender todas las razones de Dios, pues le está echando el segundo ladrillo a la pobre mata, y después no valdrá que tú cojas la mata, y la hales, y la hales, porque de esa manera lo que vas a hacer, es acabarla. Este es el segundo error.
Si usted no comete ni el primero ni el segundo error, seguramente su fe va prosperando. "Desconfiaban de Él", dice aquí, y Jesús responde: "Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta" San Mateo 13,57.
"Desconfiaban de Él" San Mateo 13,57, aquí está la señal del tercer error. La fe crece, poniéndola en práctica. Las cosas de esta tierra, si uno las gasta, se acaban. Los dones de Dios, si uno los gasta, crecen. Eso es misterioso, pero es así.
Pensemos, por ejemplo, en una persona, a la que Dios le da el don de la música, y la persona bendice a Dios, alaba a Dios, aclama a Dios con su música. Supongamos que la persona dice: "Tengo un don de Dios, puedo cantar para Él"; conclusión: "No volveré a tocar una guitarra". Pierde el don, aminora el don.
Los dones de Dios crecen gastándolos. Muchas personas, por ejemplo, han recibido don de lenguas. ¿Lo ejercitan? Sobre todo, ¿lo ejercitan según enseña San Pablo? Es decir, fundamentalmente en la oración privada?
El don de lenguas no es para lucirse, por allá en un grupo, y en otro grupo: "Tengo don de lenguas". "¿Lo ejercitas en la oración privada?" San Pablo dice: "Yo oro en lenguas más que todos, pero prefiero en la asamblea decir las cosas que se entiendan" 1 Corintios 14,18-19.
"¿Ejercitas tu don de lenguas? Lo recibiste, tal vez, ¿lo ejercitas? Puedes orar por enfermos, ¿lo haces? Tienes una gran capacidad de escucha, ¿la pones en práctica?"
"¿Pones en práctica los dones que Dios te va dando, o desconfías del don? Si tú desconfías del don, el don se queda enano". La desconfianza es el tercer ladrillo que le echamos a la pobre matica de la fe. Y con ese tercer ladrillo, queda definitivamente sepultada.
Fíjate que ahí están los errores con los que nosotros aplastamos la fe. Si nosotros dejamos estos errores, si nosotros le quitamos estos ladrillos a la mata, la matica crece, ella crece solita. La mata no crece halándola, repito. La mata crece por su propia fuerza; es un don de Dios.
Ahora, digámoslo en positivo, ¿qué puedo hacer yo para que mi fe crezca? ¿Qué puedo hacer yo para que esa fe crezca? Pues mucho puedo hacer, fundamentalmente, poner en práctica mi confianza en el Señor, buscar las huellas de su paso en mi vida, y agradecerlas, y no creer que mis razones son todas las razones, no creer que todo el plan de Dios me cabe a mí en la cabeza.
"No me cabe en la cabeza. Yo sí puedo pensar, puedo razonar, puedo investigar, puedo estudiar, pero creer que mis estudios o mis pensamientos son todo lo que tiene Dios en la cabeza, por favor, eso se llama soberbia".
Con estos ejercicios, poniendo en práctica esto, nuestra fe va creciendo. Es decir, la fuerza interna que tiene la fe, va haciendo que esta se levante, y se levante, y un día florezca, y dé frutos abundantes.
Porque el evangelio también nos cuenta lo terrible que es la falta de fe; ahuyenta a Cristo. La falta de fe echa a Cristo, la falta de fe hace que Cristo pueda hacer poco en nosotros.
Dios es omnipotente, pero si no tenemos fe, lo hacemos "poco potente", "poquitico potente". Dios se vuelve casi impotente, Dios se vuelve mudo, Dios se vuelve incapaz en el corazón que no tiene fe.
Pero nosotros tenemos la semilla de la fe. Vamos a quitarle los ladrillos que le hemos puesto encima, y vamos a caminar en su nombre para darle la gloria a Él.