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El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo 13 de San Mateo Encontramos a Nuestro Señor Jesucristo respondiendo una inquietud de sus apóstoles, de sus discípulos: "¿Porque hablas en parábolas?" (14,16). Este lenguaje de Cristo, es realmente maravilloso; maravilloso, ¿Por qué? Porque abre la puerta al que quiere entrar, y cierra la puerta al que no quiere.

Quiero hacer una pequeña comparación con el lenguaje propio de la ciencia, el lenguaje propio especialmente de las matemáticas; cuando se hace una demostración de algo, típicamente un teorema (una demostración en matemáticas), los argumentos, las deducciones se presentan de tal manera, que así te guste, o así no te guste, tienes que aceptar la conclusión. Por ejemplo, sobre la base de unos ciertos axiomas y postulados, me presentan un triángulo, y me dicen: ¿cuál es la suma de los ángulos interiores de este triángulo?, pues, se puede demostrar por medio de la geometría, que la suma de los ángulos interiores del triángulo, es 180°; nunca va a ser 179° o 181°; la suma de los ángulos interiores de un triángulo, siempre será 180° exacto. La demostración no permite protesta alguna; no depende de mi gusto, ni de mi necesidad, ni de mis circunstancias. Ahora bien, si así son las cosas en matemáticas, ese no es el lenguaje del Evangelio.

Cristo tiene verdades muy importantes para comunicar al corazón humano. Podemos decir que en términos de nuestra salvación y de la eternidad, son verdades bastante más importantes que la suma de los ángulos interiores de un triángulo. Verdades tan importantes, como que debemos arrepentirnos de los pecados, debemos abrirnos a su gracia, debemos recibir el perdón, debemos renacer por medio del agua y del espíritu, debemos vivir en comunión con Él, y en Él está nuestra plenitud y nuestra felicidad. Esas también son verdades, y son verdades más importantes que las de las matemáticas; pero esas verdades no pueden ser impuestas, porque precisamente nuestro corazón ha de abrirse, y la llave última de ese corazón, parece que está en nosotros, es decir, de algún modo, tenemos que responder a la propuesta de amor.

La conversión se da a través de la lógica de la propuesta y la respuesta; Dios propone, ofrece su amor, sobre todo lo ofrece en el sacrificio de la Cruz; pero esa propuesta divina requiere una respuesta de parte nuestra, reconociendo nuestra necesidad y agradeciendo el regalo que se nos da, de modo que no es matemática.

El lenguaje de las parábolas, el lenguaje mismo de la vida de Cristo, está hecho de tal manera, es un regalo tan precioso, que aquel que tiene hambre, le sirve de alimento; aquel que tiene necesidad, encuentra respuesta; aquel que está buscando, como dice Jesús, el que busca encuentra; pero en cambio, el que se siente muy seguro o muy suficiente, puede despachar, como simple creación literaria, o como enigma que no le interesa, el lenguaje del Señor.

Así que esta pregunta de los discípulos, tiene verdadera importancia porque nos muestra: ¡cómo la obra de Dios ha de completarse en nosotros, también con nuestro propio acuerdo! Por algo dijo San Agustín: "Aquel que te creó sin ti, no te salvará sin ti".