I146001a
Fecha: 19970712
Título: Como ser testigos eficaces de Dios en toda circunstancia
Original en audio: [2 min. 57 seg.]
Jesús dice varias veces a sus apóstoles: "No les tengáis miedo" San Mateo 10,26, porque ante las persecuciones, ante las propias fragilidades, ante el rigor de la persecución o de la tentación, el corazón se acobarda.
¿Y cómo hace uno para quitarse la cobardía? ¿Cómo ser testigos eficaces de Dios, en toda circunstancia, sabiendo que muchas veces se burlarán de nosotros, que muchas veces nos tomarán por fanáticos o por locos, que muchas veces incluso nos excluirán de su amistad?
Jesús nos enseña en su divina Palabra la estrategia; sólo se necesita esto: saber que Dios, que cuida de los pajaritos; Dios, que no quita sus ojos ni de de los seres más pequeños, está pendiente de nosotros. La única fuente de fortaleza para el testigo es esa: saber que Dios me ama, que Él me conoce, que Él sabe la verdad sobre mí y que Él cuida de mí.
Todo lo demás se le puede acabar a uno, porque puede llegar un momento, como decía Jesús en el Evangelio de ayer, en el que, incluso, "los hermanos entreguen a sus hermanos" San Mateo 10,21.
Y hay familias donde se presentan estos casos. Y Jesús va más allá y dice: "Se llegará el caso de que los padres persigan a sus hijos y los hijos se levanten contra los padres, y los maten" San Mateo 10,21.
Todas las relaciones pueden quebrarse, hasta las relaciones benditas, amables de la familia pueden dañarse, pero la única relación que nunca falla, y es la única que puede destruir el miedo, es el amor de mi Padre Dios.
Y esto lo sabía Cristo y esto lo practicó Cristo, porque en la Cruz nadie podía salvarlo, nadie podía ayudarle, nadie podía llamarlo a la gloria de la resurrección, sino su Padre Celestial.
Que venga el Espíritu de Cristo y nos ayude a confiar en el amor que Dios nos tiene; con ese amor haremos milagros, con ese amor sucederán maravillas y con ese amor, incluso en lo más duro de la persecución, sabremos que Él es el Rey y que hay que proclamarlo como Rey victorioso.
A Él honor y alabanza por los siglos.
Amén.