I133004a
El Evangelio de hoy está tomado del capítulo octavo de San Mateo, encontramos un poderoso exorcismo de Cristo, dos endemoniados de la región de Gerasa , entran en diálogo, que parece súplica, pero también discusión con Jesucristo (cf. Mt 8,28-32); en ésta ocasión quiero centrarme en la expresión que los demonios dicen a través de estos dos hombres desventurados.
La pregunta que a la vez es súplica y que a la vez es discusión, la pregunta que estos demonios hacen a Cristo es: “¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?” (Mt 8,29). Esa pregunta tiene una enseñanza para nosotros, los demonios como indicando con esa expresión de que todavía no es el tiempo de que ellos se vayan, que su derrota quede completamente clara, todavía según ellos no ha llegado el tiempo de liberar al ser humano, de romper las cadenas que pretenden retener al ser humano bajo poder de las tinieblas, según ellos. Y esa frase, es la que vamos a mirar con un poco más de atención: “Todavía no ha llegado el tiempo”. Para mí esa frase significa que el demonio siempre quiere conquistar un poco de tiempo más y eso significa retrasar la hora de la conversión, la hora del arrepentimiento, la hora de la oración, la hora de la escucha de la Palabra, podemos decir que la estrategia del demonio con nosotros, es la estrategia del retraso: “Todavía estas muy joven y puedes disfrutar la vida, no te conviertas tan rápido y disfruta de los placeres de este mundo, todavía no es tiempo de que empieces un verdadero camino de oración y más anciano tengas más que hacer, tal vez te volverás piadoso, para que te vas a confesar si todavía vas a seguir pecando; cuando nazca en serio que tengas un verdadero repudio del pecado, entonces si te confiesas”. El demonio siempre busca retrasar, porque bien conoce que retrasando un poco más, nos empuja también un poco más al borde del abismo, y por eso nada, según del demonio, nada debe parecernos demasiado grave para no nos arrepentimos, nada debe parecernos demasiado amor de Dios, no sea que nuestro corazón se derrita y se vuelva hacia el Salvador.
Retrasar la hora, aplazar el tiempo de la conversión, y preguntémonos: ¿Le vamos a hacer el juego al demonio?, vamos a seguir pensando que somos demasiado jóvenes para convertirnos, ¿nos queda demasiado tiempo para después convertirnos, confesarnos y buscar a Dios?, seguiremos pensando así después de la claridad que nos ha dado el Evangelio de hoy.