I121005a
Estamos iniciando la semana número 12 del tiempo llamado ordinario, hemos comentado que los Evangelios durante el tiempo ordinario van llevando una secuencia, leemos prácticamente entero al evangelista San Marcos y después pasamos a San Mateo y después vamos con Lucas, eso en cuanto a los Evangelios.
La primera lectura no lleva un orden tan obvio, lo que sí podemos saber es que en general van alternando textos del antiguo y del nuevo testamento; hasta la semana pasada tuvimos algunos textos bastante elocuentes de San Pablo en su Segunda Carta a los Corintios, pues ahora nos encontramos con el libro de Génesis y en el día de hoy nos vamos al capítulo 12 de este libro. Este capítulo no ha sido escogido al azar, en general en nuestra Santa Iglesia todo tiene una razón de ser. El libro del Génesis a partir del capítulo 12, empieza a contarnos la historia de la revelación progresiva de Dios, lo que solemos llamar Historia de Salvación, pero ya nos va mencionando personajes que son reconocibles dentro del conjunto de la historia de la humanidad. Cuando oímos hablar de la historia de Noé, realmente no tenemos una forma de ubicar con precisión el tiempo en que éste personaje se supone que vivió y los lugares que se describen con respecto a Noé, son muy difíciles de situar y en buena parte, parece más que tuvieran un contenido simbólico que una realidad geográfica. Muy distinta es la situación y muy distinto es el tono cuando llegamos a Abraham; en el caso de nuestro padre en la fe, sí que encontramos datos que podríamos llamar históricos; encontramos que Abraham vivió hacia el siglo XVIII A.C, sobre el año 1.750-1780 A.C; el recorrido y los lugares que se mencionan. cuyos nombres suenan un poco extraño a nuestros oídos, son lugares que se pueden ubicar y poner en el mapa, por eso lo que nos espera en la primera lectura para esta semana e incluso un poco más adelante es un recorrido fascinante, porque con Abraham sella Dios aquella alianza que va a tener su plenitud en Jesucristo.
El mismo Cristo dijo: “Abraham, el padre de ustedes, se estremeció de gozo, esperando ver mi Día: lo vio y se llenó de alegría” (Jn 8,56). También en la genealogía de San Mateo, el primer personaje que se menciona es Abraham (cf. Mt 1,1); de modo que lo que vamos a hacer a partir de este momento en la liturgia es ir acompañando la historia de estos personajes que por muchas razones son bastante más cercanos a nosotros, por lo menos ya podemos hablar de un determinado siglo en la historia de la humanidad, ya podemos hablar de poblaciones, de recorridos, y todo esto si lo pensamos bien es ya una forma de encarnación, por su puesto la realidad plena de la encarnación se da en nuestro Señor Jesucristo, la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.
Pero cuando ya podemos hablar de un tiempo, de un lugar y de la entrada y de la irrupción de Dios en nuestra historia, ya podemos decir que cerca está el Señor y de un comienzo de la Encarnación redentora. Preparémonos para este recorrido, acompañemos en su itinerario de fe a Abraham y aprendamos las lecciones que harán de nuestra vida cristiana algo más rico, consistente y fecundo.