I096001a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 19960605

Titulo: En el acto de dar Dios nos muestra la gramatica de su amor

Original en audio: [14 min. 46 seg.]


Indudablemente, la palabra que une las dos lecturas de este día es la limosna; Tobit es elogiado por sus limosnas, por su generosidad, por sus obras de misericordia, entre estas obras, una poco apreciada hoy, enterrar a los muertos.

Digo poco apreciada porque parece solamente como un trámite casi administrativo, esto de enterrar a los muertos, pero ya vemos como le salió de caro a Tobit lo de enterrar a los muertos; era perseguido, incluso por esta obra de misericordia. Tobit estaba en el destierro y allá quería guardar la Ley de Dios y quería ser misericordioso con sus hermanos.

La limosna, -hoy sí que es difícil hablar de limosna-, porque a quién dar, cuánto dar y cómo dar, es difícil. Una ciudad como esta de Bogotá, está llena de "peajes", los llamo yo, cada dos o tres semáforos hay un "peaje", hay alguna persona que está pidiendo.

A algunas personas, uno siente que es como razonable ayudarles, especialmente a los discapacitados, (personas en sillas de ruedas, etc.), uno ahí siente que es más o menos justo ayudar; pero hay otras personas a las que uno no sabe si ayudar o no, porque no sabe si es como una especie de vicio, ya que conocemos historias de personas que se hacen ricas, y así tal cual, ricas, a base de recoger ese tipo de dineros.

Y parece estar demostrado, que en un semáforo se recoge más dinero o más sueldo que en una oficina, entonces ya entra un poco de duda en uno; pero ¿y si no consigue nada y si es verdad que no consigue nada? Pues ahí sí que hay ayudar de alguna manera, ¿o será que ya es negocio?

¿Y luego está toda esa legión de niños que inquieta, que duele en el alma? Esto es más doloroso y más conflictivo, más complicado para el corazón de uno, ¿qué hace uno con tantos niños? Muchas veces uno presiente que están explotando al niño, y que es parte de una cadena injusta de explotación.

Y si uno, como es el caso mío, llevo un distintivo de consagración a Dios, pues ahí sí que es más grave, de inmediato, la persona que está pidiendo este dinero, se dirige a la ventanilla y le dice: "Padrecito, darle de comer al hambriento", me han dicho en un poco de semáforos.

Además, está la eventual violencia, a cuánta gente, eso ha pasado en mi convento, le revientan espejos, vidrios o lo que sea? Ya no es solamente un refrán de: "La limosna con escopeta”; ¿y cómo hace uno para garantizar que la limosna sí se va a utilizar en lo que uno quisiera? Porque está también el problema del vicio, ya algunos advierten incluso: "No es para vicio, padre, es para una sopita, un cafecito".

Hoy es difícil esto de la limosna, es difícil y soy sincero, no tengo una respuesta completa para esto, lo que hago es pedirle a Dios que me ilumine, trato de mirar el caso, tratar de manejar cada situación. Yo no me atrevo a decir ni denle a todo el mundo, ni no le den a nadie, no creo que ninguna de las dos sea la solución.

Yo no creo que uno se pueda cerrar ante tal dureza, ante algunas situaciones, pero tampoco creo que pueda uno colaborar y ser cómplice de la negligencia, del vicio o de la cadena de explotación de niños.

Pero toda esta discusión, un poco casuistica sobre la limosna, no nos debe desanimar en la belleza del acto de dar, aunque sea tan complicado, aunque sea tan difícil la expresión de la limosna hoy. Las lecturas, de todas maneras, nos invitan a descubrir la belleza del acto de dar, las cualidades del verdadero dar y la semejanza con Dios y la unión con Dios que trae este dar.

De modo que si en el aspecto casuistico tendremos que guiarnos un poco por la intuición, el discernimiento o lo que en Colombia llamamos "la malicia indígena", a ver, a quién doy, cuánto doy y cómo doy, si en los aspectos concretos necesitamos ese discernimiento, necesitamos esa "malicia indígena" en el corazón de ese acto de dar, en el corazón de la limosna, hay realidades muy profundas y muy hermosas.

Cómo no relacionar la misericordia que Dios tiene con Tobit con la misericordia que Tobit tiene, incluso con los que ya han muerto; el que es misericordioso, el que es compasivo, el que es generoso con los hermanos, le abre las manos a Dios; el que abre sus tesoros a los más necesitados, abre para sí mismo los tesoros del cielo, indudablemente este es el mensaje.

Además, yo creo que es preferible equivocarse por exceso, que por defecto. En esto, yo he pensado mucho y después de ser un poco más escrupuloso en eso, yo me pongo a pensar: ¿no es preferible, hasta cierto punto, equivocarse un poco, dando cuando no se debía, que dejando de dar cuando sí se debía?

Luego está el hecho que hay que cualificar lo que damos y la manera de cómo damos; en ciertos momentos, por volver al ejemplo del semáforo, uno siente que lo que está dando es una manera de evitar que lo insulten, o una manera de evitar que dañen el carro; pero ese es sólo un caso, es sólo un extremo, repito, hay que llegar al corazón mismo de dar y de ser generosos y descubrir en esa generosidad, la huella, el paso de Dios por nosotros.

Voy a tratar de explicar este punto, que es el que más me interesa, con un ejemplo. Si una persona es ciega de nacimiento, y nosotros tratáramos de explicarle qué es el color púrpura, el lila o el beige, seguramente es difícil, porque la persona no tiene una experiencia; a partir de una cierta experiencia, usted puede construir una imagen, pero hay que tener primero un estribo para levantarse.

Por ejemplo, si usted conoce un televisor y nunca ha visto un computador, pues por lo menos en cuanto tiene pantalla, y ambos tienen pantalla, usted dice: "Bueno, es como un televisor pero con unos controles"; si usted conoce un tocadiscos y quiere explicarle de un aparato de estos que sirve para reproducir CDs, usted puede decir: "Es como un tocadiscos, pero aquí el sistema se mueve con láser".

A partir de lo menos se puede llegar a una comprensión de lo más, pero hay que tener un estribo para poder avanzar, hay que tener un escalón para poder llegar a lo otro, a lo que está más allá; pues esto es lo que sucede con la limosna.

Para entender ciertas cosas de Dios, hay que tener unas experiencias básicas, hay que tener unas experiencias fundamentales, que si no las hay, no entendemos nada de Dios.

El que tiene mala la visión, porque es miope, por ejemplo, el que es miope con su visión imperfecta, se le puede explicar una visión más perfecta, pero el que no tiene ninguna clase de visión, no se le puede explicar propiamente nada de la vista, este es el centro de mi ejemplo.

El que carece por completo de un género de experiencia, no se le puede explicar nada de ese género de experiencia, en cambio, el que tiene una experiencia, así sea pequeña, se puede apoyar en esa experiencia pequeña, para conocer una experiencia mayor.

Cuando Cristo nos dice en el Padrenuestro, por ejemplo, que digamos: "Perdónanos, como nosotros perdonamos", es que el que no tiene experiencia de dar perdón, carece de un registro fundamental para conocer a Dios, es como si estuviera ciego de nacimiento, y el color de Dios jamás podrá llegar así.

Algo parecido acontece con esto de la limosna, el que no tiene la experiencia de dar, de regalar, el que no tiene esa experiencia de sacar de sí mismo, de sus tesoros y de entregar a otros, el que no tiene esa experiencia, no tiene manera de captar ciertos registros, ciertos aspectos de las revelaciones de Dios.

Por eso, la limosna no es Dios, pero nos da el alfabeto para pronunciar su nombre; el perdón no es Dios, pero el perdón nos da la gramática para pronunciar la gracia; no es que Dios se reduzca al tamaño de nuestro perdón, ni que Dios esté en el tamaño de nuestras limosnas, sino que nuestra generosidad, así sea pequeña, nos inscribe en un género de bondad que nos permite, desde nuestra miopía y pequeñez, asomarnos al tamaño de lo que es Dios.

Para conocer a Dios, para recibir la revelación de Dios, hay que tener un alfabeto básico, como una gramática básica, y ese alfabeto y esa gramática está fundamentalmente en el acto de dar, en el acto de perdonar, en el acto de reconocer el pecado, y en algunas otras cosas así sencillas; si uno carece de esos elementos fundamentales, Dios permanece como un desconocido, Dios es una historia para otras personas, pero no es la historia de uno. Es un bien para uno.

Por eso es preciso realizar actos de estos, actos en los que uno realmente pierda algo cuando lo entrega, es que si no hay aunque sea un poquito de eso, ¿cómo vamos a agradecer el don de Jesucristo?

Cuando nosotros vivimos esta generosidad, aunque sea en pequeño, ya tenemos, como he dicho, un estribo, un escalón, algo para que Dios nos muestre quién es, para que Dios nos enseñe algo de su generosidad.

Por eso, es necesario practicar esa generosidad; si no se puede en los semáforos, se podrá en algún lugar; si no se puede en las calles, se podrá en algún sitio, de pronto esa persona a la que es necesario dar está muy cerca de nosotros, es posible.

Lo importante es, que por medio de estos actos, nosotros captemos algo, descubramos algo de lo que es el Señor, propósito práctico.

Entonces, vamos a pensar que de lo nuestro vamos a sacar para dar, para entregar, y en el acto mismo de darlo, vamos a pedirle al Señor: "Enséñame la gramática de tu amor, enséñame el estilo de tu amor, enséñame qué significa amar".

Y es que así Dios, así como en la Eucaristía toma ese pan de trigo y lo hace Pan del cielo, Pan de Ángeles, Pan de vida, así también, si nosotros ofrendamos a Dios nuestras pequeñas generosidades, dadas con todo amor, Cristo hace como una Eucaristía con eso: toma ese pequeño acto de generosidad; y lo transforma, lo transfigura para que se convierta en lenguaje, en expresión del amor inmenso del Padre que nos dio a su Hijo para que tuviéramos vida abundante.