I082002a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20010227

Título: La inversion que produce inmensa ganancia

Original en audio: [12 min. 39 seg.]


Hermanos:

El mensaje de las lecturas de hoy parece bastante claro. Es una invitación a ser generosos con Dios. Dios utiliza unas Matemáticas que nos convienen.

En la primera lectura escuchábamos esto: "Da al Altísimo como Él te dio: generosamente, según tus posibilidades, porque el Señor sabe pagar, y te dará siete veces más" Eclesiástico 35,9-10. Esa Matemática nos conviene: "Te dará siete veces más" Eclesiástico 35,10.

En el Evangelio, las cifras están todavía más a nuestro favor. Jesús dice, en primer lugar, a los discípulos: "Os aseguro que quien deje casa, hermanos, hermanas, recibirá en este tiempo cien veces más, con persecuciones, y después, la vida eterna" San Marcos 10,29-30.

Son unos números favorables a nosotros, que nos invitan, que quieren atraernos hacia la generosidad con Dios. Es como si Dios nos dijera: "A ti que te gustan las ganancias, haz tus cuentas, y descubrirás que con nadie ganarás tanto como conmigo.

Si te gustan las multiplicaciones, piensa lo que significa ganar siete veces más, piensa lo que significa multiplicar tu inversión por cien. Esa sería una ganancia, algo así, como del diez mil por ciento. Mira lo que puedes ganar conmigo".

Así nos habla Dios, porque Dios sabe que nuestro corazón, según solía decir Catalina de Siena, primero es imperfecto, y sólo después es perfecto. Todos nosotros, los imperfectos, podemos vernos retratados en la pregunta que hace Pedro, esa pregunta implícita: "¿Qué me va a tocar a mí?" San Marcos 10,28.

Pedro ya llevaba un tiempo con Jesús, y le parecía que eso estaba como duro, no era fácil, costaba trabajo y requería sacrificio. Y Pedro, como hombre imperfecto que era, le pregunta a Cristo: "¿Qué va a pasar conmigo?" San Marcos 10,28."¿Esto, en qué va a parar? ¿Qué voy a ganar yo en este negocio?"

Y por eso Dios, que sabe que el corazón humano, primero, es imperfecto, le dice: "Mira, esto tiene una gran ganancia" San Marcos 10,29-30. Ahí tenemos una primera enseñanza para nosotros: la generosidad con Dios que produce una inmensa ganancia.

¿Cómo podemos aplicar esta enseñanza a nuestra vida? Pensemos, ¿qué significa invertir en la causa de Dios? Se entiende mejor con algunos ejemplos.

Seguramente tú, lo mismo que yo, vives con el tiempo muy escaso. Tu tiempo es precioso. Pero de ese tiempo precioso, tú has sacado este rato, estos minutos para Dios. Si verdaderamente dedicas a Dios este tiempo, esta es una bendición inmensa para tí.

Pensemos lo que significa separar para Dios unos minutos de verdadera oración. Cualquier forma de oración trae bienes al alma, pero sobre todo, las oraciones de arrepentimiento de los pecados nuestros y las oraciones de alabanza a Dios, que es grande en sus bienes.

Haz el experimento: Cinco minutos de examen de conciencia; cinco minutos de recapacitar, arrepentirte de tus pecados y hacer sincero propósito de enmienda; cinco minutos de contrición, de humillación ante Dios; cinco minutos al día.

Haz el experimento durante una semana. Te puedo asegurar que la soberbia huirá de tu alma, porque la soberbia huye de los corazones que saben examinarse. Es una inversión maravillosa: cinco minutos que traen un fruto espiritual, una paz interior que no se puede comprar con nada; cinco minutos.

Haz otro experimento: cinco minutos de alabanza. Tal vez, durante el día, sólo escuchas noticias malas: "¡Sigue la violencia! ¿Qué más se les va a ocurrir? ¡Cuántos atracos, robos, tanques de gas que estallan, sacrilegios!" ¡Cuántas cosas suceden!

Tu corazón está agobiado, apesadumbrado por los males que escucha y por los males que tiene. Haz el experimento: cinco minutos de alabanza, cinco minutos que dediques en tu vida para no pensar más en esas cosas malas.

Yo sé que existen cosas malas. Pero, ¿quién dijo que uno tiene que pasarse todo el día pensando sólo en las cosas malas? ¡Cinco minutos para pensar en la bondad de Dios, cinco minutos para alabar la Sangre de Cristo, cinco minutos para bendecir el Misterio Eucarístico, cinco minutos para glorificar a Dios por sus Ángeles, por sus Santos, para decirle gracias, para llenarse la boca de palabras bellas, buenas, bonitas, santas!

Cinco minutos pueden transformar ese mal carácter, pueden quitarte esa sombra de tristeza, pueden espantar ese espíritu de melancolía que, tal vez, se ha ido metiendo en tu vida. Son cinco minutos, ¡qué inversión tan pequeña! ¡Qué ganancia tan grande!

Desde luego, los minutos mejor aprovechados son estos: venir aquí, a la Casa de Dios. Pero yo te pido que esos minutos sean de calidad; que cuando estés aquí, estés en la Casa de Dios, y entonces, estés en los pensamientos de Dios.

Porque hay veces que venimos a la Casa de Dios pero para seguir pensando en la casa de nosotros; venimos a la Casa de Dios para seguir pensando en los negocios de nosotros.

Si vienes aquí, que no venga solamente tu cuerpo: trae tu corazón y tu pensamiento, gózate en la Casa de Dios, alábale por su Palabra, adórale en el Sagrario, glorifícale porque está en medio de su pueblo. Esa visita será provechosa, y esa pequeña inversión te va a traer una gran ganancia.

Otro pequeño ejemplo: hay muchas familias que se oponen a que sus hijos se consagren a Dios. Tengo la dicha de ayudar en la promoción de vocaciones, tanto para hombres como para mujeres, y tristemente compruebo, que hay familias que miran con tristeza, con egoísmo, con un alma mezquina la posibilidad de que un hijo se consagre a Dios.

Les parece maravilloso que haya sacerdotes, y cuando conocen a un buen sacerdote, dicen: "¡Qué bien predica ese padre! ¡Qué padre tan santo! ¡Qué padre tan bueno!" Pero si Dios les dijera: "Quiero un hijo tuyo para que sea sacerdote", entonces ahí se les acaban todas esas piadosas consideraciones, y retienen, como leonas posesivas, a sus cachorros, y no quieren que vuelvan a la Iglesia.

He conocido el caso triste de papás, que cuando las hijas andaban, como cabras locas, de una discoteca a una fiesta, no les ponían problemas; pero cuando ellas empiezan a frecuentar amistades piadosas, parroquias, conventos, grupos de oración, ahí sí comienzan las restricciones a las hijas, porque parece que tuvieran más peligro en un convento, en una Iglesia o en un grupo, que en medio del ruido y de la vanidad de las discotecas.

¡Qué bueno que los papás piensen lo que significa invertir para Dios! También mis papás sintieron alguna resistencia, son humanos, son de carne y sangre. Cuando el Señor quiso llamarme a este camino, mis papás tuvieron resistencia, y yo no recibí mayor apoyo, sobre todo al principio.

Pero ahora, ellos cuentan a todo el mundo: "¡Estamos felices! ¡Nuestro hijo es un fraile dominico, nuestro hijo es un sacerdote, nuestro hijo está predicando, está confesando, está en misiones!" Ahora son felices; no se cambian por nadie.

¡Invierte en Dios! ¡Dále con generosidad a Dios! Lo que Dios te pide, lo va a bendecir, lo va a multiplicar. Sin embargo, no nos hagamos ilusiones. La Sagrada Escritura nos ha dicho hoy: "Con persecuciones" San Marcos 10,30.

Dios multiplica los bienes, pero siempre quedan espinas. Esas espinas las deja Dios, no porque sean incompletos sus regalos, sino las deja Dios por muchas razones: para conservarnos en la humildad, por ejemplo; para invitarnos a vivir siempre en obediencia a Él; para cuidar que nuestro corazón no se vaya a volver duro.

Dios va a bendecir y a multiplicar lo que tú le des, pero siempre dejará alguna espina, y en esa espina está la mejor de todas las bendiciones. Porque así como Cristo hizo bien en toda su vida, pero nunca hizo tanto bien como cuando llegó a la hora de la Cruz, así también Dios quiere bendecir toda tu vida.

Pero, especialmente, cuando llega el momento de la contradicción, hay una nueva bendición, hay una fecundidad especial.

Bueno, hermanos, sigamos nuestra Celebración. Realmente, en ninguna parte se ve tanta generosidad como la que vamos a ver ahora en el Altar. Nosotros le vamos a presentar a Dios un poquito de harina en unas hostias, un poquito de vino en ese Cáliz.

Y la generosidad de Dios va a realizar para nosotros el milagro hermoso de unirnos al misterio de la Pascua de Cristo, para que nos alimentemos de su Cuerpo y de su Sangre.