I023002a
Fecha: 20030122
Título: ¿Por que querian matar a Jesus?
Original en audio: [24 min. 43 seg.]
Pienso que, con la ayuda que nos ha dado Dios, entendemos un poco mejor la actitud de Jesús frente al sábado.
Ahora nos falta entender la actitud de los adversarios de Jesús. Lo menos que uno puede decir es que tienen una reacción exagerada: "salieron de la sinagoga" San Marcos 3,6.
"Y en cuanto salieron, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con Él" San Marcos 3,6. Eso me parece muy drástico, es decir, ¿qué había en esta gente? ¿Qué tenían en el corazón?
Jesús hace un milagro en sábado y estos dicen: "Bueno, toca matarlo", parece por lo menos excesivo. Yo creo que si no comprendemos por qué esta gente sentía que había que matar a Jesús, nos quedamos sin entender también mucho del sentido de la muerte de Jesús.
¿Por qué querían matarlo? Resulta que los fariseos se sentían maestros, ellos creían que eran los verdaderos intérpretes de la Ley, se tenían a sí mismos por modelos de vida, y sobre la base de esa autoridad querían ser los jefes, los directores del pueblo, pero resulta que Jesús los hace quedar en ridículo, los confunde, les hace una pregunta en público y no tienen qué responder.
La razón por la que odian a Cristo es porque Cristo agrieta la autoridad de ellos, porque Cristo destruye todo el sistema de autoridad que fariseos y herodianos tenían sobre la gente y como Jesús les quita autoridad en público, sienten que tienen que quitar a Jesús de en medio para recuperar su autoridad.
La política de aquel tiempo estaba en una situación realmente explosiva, todos ellos estaban como sentados sobre barriles de pólvora porque Herodes, el rey falso pero al fin y al cabo rey, era un hombre sumamente cruel.
El procurador romano estaba sobre aviso de la capacidad de resistencia y de violencia de aquellos judíos y como estaba avisado, entonces tenía a su mando fuerzas para aplastar cualquier intento de rebelión con una crueldad inaudita.
Es decir, que la relativa tranquilidad que había en la época, dependía de un complicado ajedrez en el que las distintas fuerzas de parte de los judíos y las fuerzas de parte de los romanos estaban, por decirlo así, en equilibrio inestable, cualquier cosa podría convertir a Palestina en un polvorín.
¿Y cómo manejaban la cosa? Pues mira, había un rey de "mentiritas", un rey que no pertenecía a la casa de David. Si uno se ponía a examinar los antecedentes de Herodes veía que sus antepasados eran idumeos, es decir, ni siquiera pertenecía al pueblo de Israel, y resultó allá montado básicamente porque era hijo de su papá.
Sin embargo Herodes había logrado mantener su postura con un recurso muy sencillo: al pueblo lo había mantenido callado, porque era el gran benefactor del Templo y a los romanos les convenía que estuviera Herodes, porque era un interlocutor sobornable, que mientras se le diera buena presa en donde hincar los dientes y se le tenía contento, pues no ponía problemas.
Entonces Herodes era un rey que no era rey y que mantenía contento al pueblo con el cuento del Templo; mantenía contentos a los dirigentes judíos siendo como una especie de embajador de los romanos; y mantenía contentos a los romanos manteniéndose como un punto de diálogo, como un lugar de encuentro que no se iba a oponer a nada que hicieran los romanos y mientras tanto también salvaba la honra porque sí había rey.
De ese equilibrio inestable vivía mucha gente, especialmente los herodianos, los partidarios de Herodes, muchos de los cuales eran de familia sacerdotal, pues vivían de eso, de la amistad con Herodes, de los bienes que dejaba el Templo y de la su cercanía con la clase política y con los romanos mismos.
Todo ese tinglado, todo ese montaje le aseguraba privilegios a mucha gente y mantenía embobado al pueblo porque al fin y al cabo el pueblo sentía que tenía Templo, que tenía rey, que tenía ley y que tenía culto.
Tranquilos, los dirigentes quedaban tranquilos porque se respetaban sus privilegios, porque llevaban una buena vida y porque parecían dignos de honra ante el pueblo, y los romanos quedaban tranquilos porque podían sacar el dinero que les interesaba, mantener controlada una zona muy difícil y evitarse problemas, la solución perfecta.
Pero llega Jesús y empieza a alborotar el avispero. Ya estos habían oído que más de una vez la gente decía: “El rey, el Mesías, vamos a proclamarlo rey” San Juan 6,15, eso destruía todo el montaje que habían construido con tanta paciencia, los hace quedar en ridículo.
Como acabamos de escuchar, ellos que se mostraban como pozos de sabiduría y como dignos interpretes de la Ley, no sabían responder dos preguntas sencillas y además obvias: “¿Qué se puede hacer en sábado? ¿El bien o el mal?” San Marcos 3,4, se habían quedado como tontos, ¡gravísimo!
Entonces la autoridad de ellos decrecía y la popularidad de Jesús subía; ellos, zorros de olfato, sabían para dónde iba eso: "Nuestros privilegios se acaban, nuestro poder va para el suelo y este señor va armar una revuelta aquí".
Y como lo resumió perfectamente Caifás, "vendrán los romanos y aplastarán todo" San Juan 11,48, por eso ven en Jesús una terrible amenaza y por eso dicen: "Hay que acabar con Él, necesitamos mantener nuestro orden".
Una vez que comprendemos esto, comprendemos también por qué se fueron dando las cosas hasta precipitarse en un absurdo, la condena de un inocente, como fue la muerte de Jesucristo.
Bueno, ya entendemos seguramente mejor ese momento histórico y los actores que estaban ahí en conflicto, ahora tratemos de entender esto qué nos dice a nosotros. Yo lo resumiría en el famoso refrán, "lo mejor es enemigo de lo bueno"
Cuando Jesús habló del vino nuevo en odres nuevos, lo hacía también en comparación con esta situación, es decir, si no hubiera aparecido Jesús, pues ahí estaba una situación relativamente decente, ya dijimos, el pueblo estaba más o menos tranquilo, se aguantaba, tenía Templo, tenía rey, tenía culto, tenía ley.
La clase política, la clase dirigente quedaba tranquila, honras por la calle, no creían; la mayor parte de las cosas que había dicho Dios no las creían y no les importaba, pero bueno, ahí se mantenía una cierta fachada religiosa, eran respetados y servían para que los romanos estuvieran tranquilos y para que el pueblo les diera culto y el pueblo romano quedaba también tranquilo, es decir, era un "orden", bueno, así entre comillas.
Pero lo mejor es enemigo de lo bueno. Jesús viene a traer un orden nuevo en el que no se necesitan las fachadas mentirosas, las apariencias de religión. Un orden nuevo que no está soportado en el resbaladizo terreno de alianzas y conveniencias, pactos, banquetes y negociaciones de todo tipo con los romanos.
Un orden nuevo que no estaba basado en la astucia, en las intrigas, en los engaños, en las apariencias, sino que estaba basado en la sinceridad, en la sencillez, en la verdad de Dios, en el poder de Dios que no necesita de nuestras mentiritas para cuidar de los suyos, eso viene a proponer Jesucristo, eso es lo que quiere Jesucristo y eso era mejor que lo que había. Lo mejor es enemigo de lo bueno.
¿Dónde entra la enseñanza para nosotros? Hay otro refrán: “Mejor malo por conocido que bueno por conocer”, ese refrán indica que está en la naturaleza humana soportar estados mediocres, por no arriesgarse, por no buscar cosas más altas o mejores,
pero Jesús viene a contradecir ese refrán. El malo conocido era, digamos, con Herodes, pues sí mató a Juan Bautista, vive en adulterio, es un borracho, es un viejo cruel y lujurioso, bueno, sigamos con Herodes, pues no metiéndose con él, no hace mayor cosa.
"Y, pues, Pilato es un cerdo violento, pero dejémoslo, si uno no se mete con él, si uno paga los impuestos, si uno no le pone problemas a las tropas romanas, si no los insultas, que se quede Pilato".
Los fariseos con unas cuantas venias por la calle, y a los saduceos con darle el primer puesto en la sinagoga, ya estuvo. Uno puede acostumbrarse a lo mediocre. Otro refrán dice: “Mejor un mal pacto que un buen pleito”.
Pero parece que Jesús nos estuviera diciendo lo contrario: “Cree en el plan de Dios, cree que Dios lo puede hacer de una mejor manera, sin engaño, sin fachada, sin intriga” ¿tiene razón Jesús? Pues la historia lo desmiente, pero el sueño de Jesús, la ilusión de Jesús renace sin cesar.
En estos días estoy leyendo una obra que es un manual maquiavélico, es un manual de todas las mañas, trampas, intrigas, habidas y por haber para conseguir el poder, el libro se llama: “Las Cuarenta y ocho Leyes del Poder”.
En ese libro se cuentan todas las estrategias, traiciones, trampas, engaños, estafas, todo lo que la gente ha hecho en las más diversas culturas y en todos los tiempos para lograr el poder, incluyendo, desde luego, la Iglesia Católica.
Lo que hace la gente por lograr una elección, lo que hace la gente por asegurarse la amistad de un poderoso, lo que hace la gente por salvar su prestigio; cuántas acusaciones, traiciones, calumnias, todo lo que pasa por la mente humana con tal de lograr el poder, y la Iglesia no está a salvo de eso.
Y la Iglesia no está a salvo de eso, en la Iglesia han sucedido cantidad de engaños, cantidad de intrigas, cantidad de traiciones, cantidad de asesinatos, incluyendo las más altas esferas.
Daría la impresión, entonces, de que lo de Jesús es solamente un sueño, el sueño del servicio a los más pequeños, el sueño de la fe absoluta, en la fidelidad de Dios; el sueño de quitarnos todos las máscaras, quitar las fachadas y obrar desde la verdad del corazón.
Parece solo un sueño, un sueño imposible y lejano porque la mediocridad una y otra vez renace, y los que piensan que las cosas se pueden hacer de otro modo, pues a menudo terminan crucificados, relegados, ridiculizados, olvidados.
¿Qué hacer? Jesús contradice el refrán que dice: “Más vale malo por conocido que bueno por conocer”. Jesús nos invita a apostar por el bueno por conocer. Que sí, que la clase dirigente está tranquila y el pueblo está tranquilo y los romanos están tranquilos, entonces no molesten, ¿pero están tranquilos sobre qué base? Sobre la base de engaños, de mentiras.
A los fariseos les dijo: “Ustedes inventan cargas pesadas y luego no mueven ningún dedo”, San lucas 11,46. Una sociedad construida sobre la hipocresía, sobre la opresión, una sociedad que es capaz de sacrificar al inocente como, lo demostró sacrificando a Jesús.
¿Es posible creer en otro tipo de sociedad? ¿Es posible creer en otro tipo de poder? El libro de las cuarenta y ocho leyes de poder utiliza deliberadamente un lenguaje cínico, cuenta todo lo que hay que hacer para lograr el poder.
Ustedes se preguntarán qué hago yo leyendo ese libro, bueno, es un libro que instruye en muchísimas cosas sobre todo ayuda a entender muchísimo de la naturaleza humana, y por reflejo, por contraste, le ayuda a uno entender muchísimo cuánto costaba Jesús.
Realmente, lo de Jesús es una locura: apostar por la sinceridad, apostar por la humildad y el servicio al hermano, apostar por la verdad y por la radical confianza en el poder de Papá Dios, hasta el fondo hasta la Cruz, hasta la sangre, es mucho sueño, es soñar demasiado, pero ese es Jesús.
Aparentemente lo de Jesús queda solamente como un sueño, aparentemente ni siquiera la Iglesia de Jesús le hace caso al sueño de Jesús, pero el Espíritu Santo también mete sus goles.
Es verdad que en las esferas vaticanas y en las Curias Diocesanas y Provinciales y Generalicias, se mueven las mismas patrañas y los mismo recursos y las mismas trampas que describe un libro como "Las Cuarenta y Ocho Leyes del Poder".
Es verdad que se mueven los mismos intereses, las mismas envidias los mismos aduladores que se encuentran en las curias eclesiásticas o en los gobiernos civiles, pero el Espíritu Santo da señales de muchas maneras, Dios no se queda con los brazos cruzados.
¿Quién esperaba, por ejemplo, que un desconocido Cardenal de Cracovia iba a ser nada importante o nada interesante en el mundo? Y ahora todos reconocen que el desconocido Cardenal de Cracovia le cambió el rumbo a la historia del siglo XX.
Probablemente, sin el Papa Juan Pablo II, no hubieran sucedido las cosas que sucedieron, especialmente en el Este de Europa, entonces el partido se empieza a empatar. Si uno piensa en esas cosas, ahí uno podría decir: "Espíritu Santo: 1, mundo: 0", porque ese fue un gol, la gente no se esperaba que eso sucediera.
Continuamente el estilo de Jesús produce resultados inesperados. Cuando uno quiere tomar el estilo de Jesús, como su manera de hacer política y su manera de presionar a la opinión pública, normalmente uno se queda desengañado, pero si uno utiliza el estilo de Jesús con la sinceridad de Jesús, entonces vemos que hay goles y ve que hay unos triunfos del Espíritu que son maravillosos.
Otro Papa, que yo creo que también fue un gol del Espíritu Santo, fue Juan XXIII. Imagínese que cuando eligieron a Juan XXIII estaba rondado los ochenta años, si no es que ya los había pasado.
Y todo el mundo decía: "Un Papa de transición", un modo delicado de decir: "Elijamos este viejito mientras encontramos a quién elegir; un viejito que no dure, uno de transición; tratemos de elegir a uno que no dure mucho", y allí estaba toda la política y todas las intrigas, ahí estaba el juego del poder.
Pero Dios estaba metiendo su propio vuelo, efectivamente, fue un Papa de transición, pero no tanto fue la transición del Papa, sino la transición de la Iglesia; un Papa que puso a la Iglesia en transición.
De manera que Dios hace muchas obras, y si uno le pide luz al Espíritu Santo, uno encuentra ejemplos de cómo obra el Espíritu, que es para morirse de la risa, ver cómo mi Dios se sale con la suya, lo que pasa es que nadie dijo que Dios fuera obvio, nadie dijo que Dios fuera tonto.
El sueño de Jesús está más vivo que nunca y uno lo experimenta continuamente y uno ve cómo lo que dice la Escritura es cierto. Cómo toda esa sagacidad de los sagaces cae en las redes y cómo se tropiezan unos con otros, "mis enemigos tropiezan y caen" Salmo 27,2.
Y uno ve cómo, si uno apuesta radicalmente por Cristo, y eso lo digo yo que tantísimo me hace falta, pero yo lo he vivido, si uno apuesta radicalmente por Cristo, vamos viendo cómo Dios realmente hace cosas y hace maravillas.
De manera que ahí está el triunfo del Señor, el triunfo grande del Señor. ¿Qué hemos aprendido entonces en esta reflexión? De pronto hemos entendido mejor por qué odiaban a Cristo, es que había todo un andamiaje, había todo un montaje muy delicado y muy inestable con el que todos estos personajes mantenían una cierta tranquilidad y aseguraban sus privilegios.
Jesús, con la libertad con la que obra y predica y hace las cosas, hace tambalear todo ese andamiaje, los pone en situación de inseguridad y por eso dicen: "Hay que acabar con Él" .
Después hemos aprendido cómo detrás de esta actitud de Jesús hay algo muy profundo: no te contentes con una falsa paz, no te contentes con cualquier negociación, confía hasta el fondo en el Señor, hasta el fondo, no para hacer del Evangelio una bandera ideológica, un pretexto; no para embadurnarte de Evangelio y decir: "Yo soy la renovación", sino para apropiarte en tu corazón y en tu vida el Evangelio de Jesús.
Ese sueño parece contradicho por todo lo que nos muestran los poderes de esta tierra, incluyendo las cuotas de poder que tiene la Iglesia, pero ahí llegamos.
Si examinamos más a fondo, descubrimos que el sueño loco de Jesús se realiza incluso en nuestra propia vida, y vamos encontrando los caminos del Espíritu y vamos viendo cómo, aunque la fachada diga tantas cosas, la realidad del plan de Dios se cumple una y otra vez.