I013004a
Fecha: 20030115
Título: ¿Con que motivacion buscamos a Jesus?
Original en audio: [17 min. 34 seg]
Hermanos:
Es bonito pensar en este evangelio que hemos escuchado, que Jesús busca a la gente, porque dice al final: “vámonos a otra parte para predicar también ahí” San Marcos 1,38.
Jesús busca a la gente, pero resulta que la gente busca a Jesús, porque Simón Pedro le dice: “todo el mundo te busca” San Marcos 1,37. De manera que la gente busca a Jesús y Jesús busca a la gente, y esa va a ser nuestra reflexión el día de hoy.
Vamos a meditar en esas dos afirmaciones: ¿por qué la gente busca a Jesús? La respuesta está en el versículo que dice “curó a muchos enfermos, expulsó a muchos demonios” San Marcos 1,34.
¿Por qué Jesús busca a la gente? La respuesta está en el versículo que dice “para predicar también allí” San Marcos 1,38. Observemos, la gente busca a Jesús sobre todo para que los libre de la enfermedad y para que los libre del demonio.
Jesús busca a la gente sobre todo para predicarles el Evangelio, para darles enseñanza. Es muy interesante porque son dos frases que se complementan, la gente busca a Jesús para que la sane, Jesús busca a la gente para enseñar.
Sin embargo, la gente busca a Jesús para que la sane, pero también escucha la enseñanza; Jesús busca a la gente para enseñar, pero también la sana; pero lo que Jesús quiere sobre todo es predicar, pero la gente quiere sobre todo es que la sanen.
Entonces hay un ligero desnivel que se soluciona porque la gente tiene paciencia y dice: "Bueno, no me sané de lo que me quería sanar, pero de todos modos, escuché una predicación bonita"; y Jesús dice: "Bueno, no ponen toda la atención que yo quisiera, pero por lo menos ahí están y ahí escuchan".
Apliquemos esta situación a nosotros, preguntémonos con que motivaciones buscamos nosotros a Jesús, porque evidentemente se trata de dos escalones distintos, una cosa es buscar a Jesús para que me sane y otra cosa es buscar a Jesús para que me enseñe, son dos niveles distintos.
La mayor parte de nosotros empezamos por el primer nivel, o quizá digo todos; todos buscamos a Jesús para que me sane, o hablando mas en general, para que nos quite un problema de encima, para que nos quite una angustia, para que nos libere de un maleficio, para que nos conceda el empleo que necesitamos, la salud que nos hace falta, el amor que esperamos para nuestra vida.
Todos empezamos buscando a Jesús para eso, para que nos quite un problema, pero esa motivación hay que superarla porque Jesús quiere algo más alto para nosotros.
Fíjate que Jesús no le dijo a Pedro, “vámonos a otra parte a seguir sanando allá", aunque desde luego Él iba a seguir sanando, pero no dijo: "vámonos a seguir sanando", sino: "Vámonos a seguir enseñando" San Marcos 1,38, porque lo que más le interesa a Jesús es la predicación, lo que más quiere Jesús es enseñar, por eso apliquemos eso a nuestra vida.
Cuando estamos empezando en la vida espiritual lo que más nos interesa es que Jesús haga algo por nosotros, que nos quite un problema de encima, que nos dé la salud que esperamos, que nos permita ese empleo que estamos aguardando, eso es lo que esperamos al principio, pero hay que superar ese nivel, hay que llegar a ese nivel un poquito mejor, sobre todo si ya llevamos un camino recorrido en la fe.
Tenemos que mejorar nuestra motivación, ¿por qué vienes a buscar a Jesús? Porque quiero que me enseñe, porque quiero que me hable, porque quiero que me regale de su luz, esa es una aplicación de esta palabra.
También podemos aplicar esta palabra de otra manera: quienes estamos reunidos hoy aquí, tenemos una consigna: evangelizar, estos son tiempos de evangelización, estamos llamados a evangelizar.
Cuando uno quiere evangelizar normalmente uno quiere enseñar, uno quiere hablar, pero recuerda, el primer nivel siempre es sanar, antes que decir muchas cosas, hay que hacer, antes de decir hay que hacer.
Un buen movimiento vivo de evangelización se caracteriza porque tienen como dos ondas expansivas, es como cuando uno mira los estanques y se arroja una piedra, tú arrojas una piedra y entonces se forma una onda, arrojas otra piedra y se forma otra onda.
La evangelización tiene dos ondas expansivas: la primera onda es que hay que producir hechos, cambios en la vida de la gente, hay que producir transformación de la vida, esa es la primera onda, detrás de ella viene la segunda: hay que difundir la Palabra, hay que enseñar, hay que hablar, porque en el fondo hay que comparar estos dos verbos: "hacer y decir".
La primera evangelización, nuestro primer encuentro con el mundo ha de ser un encuentro de transformación de la vida, después vendrá la evangelización con palabras, después vendrá las muchas enseñanzas.
¿Que estamos diciendo entonces? Estoy hablando para una comunidad de personas que ya han tenido una experiencia de Dios y que han tenido ya un recorrido.
A ustedes, hermanos, les digo: nuestra motivación hay que subirla, no nos quedemos eternamente buscando que Jesús nos quite problemas, hay que subir esa motivación buscando la luz que sólo Jesucristo puede darnos, esa ha sido la primera enseñanza.
Pero luego viene una segunda enseñanza: ya no pensando en nosotros, sino pensando en la evangelización que vamos a hacer. No nos concentremos al principio sólo en palabras o en muchas doctrinas, concentrémonos en transformar la vida.
Fíjate un detalle, y tal vez este sea un error muy grande que se ha cometido en la Iglesia Católica.
En muchas personas, en la vida de muchas personas, ¿qué ha sucedido? Han referido palabras, doctrinas, enseñanzas muy sabias y muy ciertas, por ejemplo: el catecismo.
Cuando iban a hacer su primera Comunión recibieron catecismo, recibieron palabras, llegó la onda de la palabra, pero no había llegado la onda de la transformación de la vida, entonces las palabras quedaron como muertas, quedaron como doctrinas por allá sepultadas en los recuerdos.
Ahí está la comprobación de cómo tiene que ser la evangelización. La catequesis es la abundancia de palabras de doctrina, de enseñanza. Maravilloso, pero eso tiene que venir después, lo primero es la transformación de la vida, lo primero es el cambio en la vida, lo primero es dar a saborear el poder del Señor, lo primero es dar a gustar el poder del Señor, así es un evangelizador.
Un evangelizador con éxito es así: primero, permite, da a saborear el poder del Señor, la alegría que Dios trae, la sanación como hizo Jesús, pero su intención no es quedarse ahí, su intención, como hizo Jesús, es ir mas allá a la doctrina, a la enseñanza, pero en ese orden, primero la transformación de la vida y luego la doctrina, la catequesis la enseñanza.
Saquemos un último mensaje del evangelio que hemos oído, dice aquí “al anochecer cuando se puso el sol le llevaron todos los enfermos y endemoniados” San Marcos 1,32.
¿Podemos imaginarnos lo que fue este espectáculo? Una casita, indudablemente, una casa pobre, la casa de Simón y de Andrés, unos pescadores, y a esa casita empieza a llegar la gente, trayendo enfermos y endemoniados.
Miremos, les invito, miremos en nuestro corazón esa escena, ¿cómo debió de ser eso? Se iba reuniendo lo más triste, se iba reuniendo lo más sucio, lo más deprimente, lo más enfermo, lo más dañado, se iba reuniendo frente a esa puerta. ¿Se imaginan que a uno le sucediera eso en nuestra casa?
Que empezara a llegar la gente con enfermos, los unos llagados, los otros paralíticos, otros posesos, otros desquiciados; por ahí anda un epiléptico, el otro que no puede andar en su camastro inmundo, el otro gritando blasfemias; uno se imagina esa concentración de la maldad, de la enfermedad, qué pueblo más triste, qué pueblo más deprimente.
Pero fíjate lo que sucedió: “la población entera se agolpaba a la puerta, curó a muchos enfermos y expulsó a muchos demonios” San Marcos 1,33-34. Jesús transforma una escena deprimente en una escena maravillosa, llegó la gente con sus enfermos y empieza a suceder la sanación y empiezan a curarse, los demonios se alejan, ¡qué espectáculo maravilloso!
Jesucristo transforma un episodio de dolor, en un episodio de gozo; Jesucristo transforma un momento de depresión en un momento de alabanza; Jesucristo transforma esa oscuridad en un torrente de luz, ese es Jesucristo y esto también lo podemos aplicar en nuestra vida.
¿No te ha pasado que hay días en que parece que se juntaran todas las desgracias, días en que le llegan a uno todas las noticias malas, por ejemplo todas las deudas, todos los desengaños, todos los problemas, y cando uno está en eso, se va la luz y cortan el agua?
Hay días que uno siente que se ha juntado todo, pues, hermanos, no le volvamos a tener miedo a los días así, no le vuelvas a tener miedo a un día desastroso. Jesús transforma un día deprimente en un día de alabanza, Jesús transforma la noche más espesa en el día más luminoso, Jesús transforma un episodio de dolor en un episodio de amor.
Hoy lo hizo en este evangelio, pero donde mejor se ve eso es en la Pascua de Cristo, porque aquí se juntaron algunos enfermos, y algunos endemoniados, en cambio junto a la Cruz de Cristo se reunió lo peor del infierno, el odio más enconado de las tinieblas y toda la llaga del mundo desfiló ante los ojos de Cristo y Cristo, con su poder, transformó la desgracia más grande en la gracia más grande.
No le vuelvas tener miedo a un día malo, no le vuelvas a tener miedo a las malas noticias, no le vuelvas a tener miedo a esos momentos en que parece que se junta todo, basta que esté Jesús.
Jesús puede transformar la noche más oscura en el torrente más hermoso del mundo, Él es poderoso. Cualquiera de nosotros se asustaría: imagínate que los endemoniados se los traían por docenas, imagínate lo que es ver a un poseso, yo creo que es una escena que a uno lo golpea, le preocupa, le asusta.
Y aquí no era uno, le llegaban los enfermos y los posesos. Jesús no le tiene miedo al dolor, Jesús no le tiene miedo a la noche, Jesús no le tiene miedo a la enfermedad, Jesús no le tiene miedo al demonio
Basta que esté Jesús. Jesús transformará sus días más oscuros en días de luz, en días de gracia y en días de gloria.
Amén.