I012004a
Fecha: 20030114
Título: El sufrimiento nos hace mas humildes, mas profundos, mas comprensivos y mas solidarios
Original en audio: [13 min. 22 seg.]
Hermanos:
Hagamos un momento de meditación en esa palabra que nos ha dado la Carta a los Hebreos. Refiriéndose a Nuestro Señor Jesucristo dice que "Dios quiso perfeccionar y consagrar a su Hijo por medio del sufrimiento" Carta a los Hebreos 2,9.
Y en ese mismo pasaje que hemos oído también dice que "a Dios le agradó que su Hijo probara, gustara la muerte en benficio de todos" Carta a los Hebreos 2,9.
¡El misterio del sufrimiento de Cristo y el misterio de la muerte de Cristo! Fíjate lo que nos dice: "Dios perfeccionó por el sufrimiento a su Hijo, y consagró por el sufrimiento a su Hijo" Carta a los Hebreos 2,9. Son palabras muy extrañas porque, desde luego, ninguno de nosotros quiere sufrir.
Sin embargo, está demostrado que el sufrimiento tiene un aspecto positivo cuando se sabe llevar. El sufrimiento es el que le da profundidad a la vida.
La gente que no conoce nada de sufrimiento suele ser superficial, egoísta, falta de comprensión con los demás, todo le parece fácil: "-Que hay pobres", "-Ah, pues porque son perezosos"; "-que hay enfermos", "-con tal de que no me enferme yo". Todos los problemas los ve lejos, todos los dolores los ve lejos, porque no los ha tenido cerca.
Así que una aplicación práctica que nos deja esa frase del día de hoy es: el sufrimiento tiene un aspecto positivo sabiéndolo llevar; el sufrimiento puede traer una gran bendición, incluso hay un salmo, el Salmo 119, que por allá dice en uno de sus versículos: "Me estuvo bien el sufrir, así aprendí tus justos mandamientos" Salmo 119,71.
Y fíjese que muchos de nosotros, si a veces hemos estado como retirados de Dios y hemos vuelto, ¿qué nos ha traído? Casi siempre un sufrimiento: un pariente que se nos murió, un amigo que nos traicionó, una desgracia en la familia, una quiebra en nuestra economía. Así que no podemos despreciar al sufrimiento, el sufrimiento puede ser camino de perfección.
El sufrimiento también nos hace humildes, porque uno cree que lo puede todo, ¿es esto cuando llega el sufrimiento? El dolor bien llevado conduce a la humildad; un problema que uno no logra espantarse, que uno no logra quitarse de encima, un dolor permanente, eso trae humildad.
Por eso fíjese usted que, por ejemplo, las personas que se casan y tienen sus hijos, uno los va viendo a lo largo de los años; normalmente hay una edad en la que sentimos que tenemos al mundo agarrado con las manos, tenemos salud, de pronto hay un buen trabajo, unos buenos negocios, unos buenos ingresos, la fortuna parece sonreírnos. A veces eso trae como un orgullo.
Pero luego vienen una cantidad de sufrimientos que traen los hijos, casi siempre los hijos traen sufrimiento, porque el uno se enfermó, Dios no lo quiera, un hijo que falleció; no lo vaya a permitir Dios, un hijo secuestrado. No seamos tan trágicos, simplemente un hijo rebelde, o un hijo vicioso, o un hijo desagradecido, o un hijo mal casado.
Por eso cuando uno habla allá con las personas mayores, normalmente ya son más humildes. Porque seguramente hicieron todo lo que sabían hacer, hicieron todo lo que querían hacer, hicieron todo lo que podían hacer, y los hijos sin embargo, el uno con un problema, el otro con otro problema, se da cuenta que: "Yo como papá de pronto fallé".
Esas son las confesiones que a veces oye uno como sacerdote: "Yo como mamá, yo creo que fallé", yo lo he tenido que oír en mi propia familia, "¿en qué fallamos?" "¿Por qué nos pasa esto?" El sufrimiento, entonces, nos ayuda también en eso, en la humildad.
Hemos visto dos cosas: el sufrimiento ayuda a tener una visión más profunda, y el sufrimiento ayuda también a la humildad. Además, el que ha sufrido, normalmente es más solidario. Eso que les contaba al principio, esas fórmulas tan sencillas: "Los pobres son pobre porque son perezosos", ¿qué rabia oír eso! ¿Saben quién lo dijo" Yo. ¡Cómo me da vergüenza!
Yo fui un niño tan tonto, tan consentido, pues cuántas cosas tendrá que corregirme Dios todavía, pero yo era de los que decía así.
Y yo me acuerdo de un profesor, cuando yo estaba en tercero de bachillerato, lo que hoy llaman grado octavo, varios compañeritos hablábamos así, y como si nosotros fuéramos ricos, ¡tan tontos!", ¡tan tontos!, ¡tan tontos!, ¡tan superficiales! ¡En un país como Colombia diciendo esas bobadas! ¿Ah? ¡Tan tontos!
Y yo me acuerdo que el profesor únicamente nos dijo: "Esperen que pasen los años, no digan tonterías, muchachos, esperen que pasen los años". Y uno tenía ya la fórmula lista, porque a uno no le había tocado.
¿Ustedes creen que mi familia era de ricos? No. Trabajos pasaban nuestros papás; pero como uno no veía el trabajo del papá, porque era el del papá, a uno le tocaba era estudiar y gozar.
Uno no veía los sacrificios, mi papá rompiéndose la espalda, mi mamá privándose de tantas cosas; pero únicamente veía que a uno le llegaban todas las cosas: "Que necesito, que necesito, que necesito", ese es el verbo de uno ¿no? Ese era el verbo mío: "Que necesito este libro", "que necesito estas copias", "que necesito estos útiles", "que necesito, todo es "yo necesito". ¡Qué egoístas somos!
Entonces, Jesús con su ejemplo nos muestra que es necesario el sufrimiento, verdaderamente es necesario. El sufrimiento nos trae muchas bendiciones pero hay que saberlo vivir. Y Jesús es el gran Maestro que nos muestra cómo se vive santamente el sufrimiento, cómo se vive el sufrimiento.
Eso no nos lo dice el texto de la Carta a los Hebreos de hoy; pero eso sí nos lo dice la Biblia en otras partes, por ejemplo, la Biblia nos cuenta cómo Jesús miró en el sufrimiento, en lo que le tocaba padecer, miró ante todo un plan de Dios.
Jesús no se enredó en que "este amigo me traicionó, es un desgraciado, hijo de mala madre, ¿por qué me ha a hacer eso, después de todo lo que yo le hice?"
¡Ojo, Jesucristo no se enredó con la maldad humana! Los amigos lo traicionaron, los enemigos fueron cobardes, y a traición lo buscaron; pero Jesús no se enredó con la maldad humana, Jesús puso su mirada en el cielo, Jesús dijo: Hay un plan detrás de esto", Jesús dijo: "Voy a avanzar en ese plan, en ese querer de mi Padre".
Todo lo hizo mirando al Padre Celestial, amando la voluntad del Padre Celestial, no se enredó con la gente. ¿Saben por qué el sufrimiento es tan terrible? Porque uno se enreda con la gente, esa es mi conclusión, uno se enreda, uno se pone a recordar a las personas ¿y las personas qué somos? El Miércoles de Ceniza nos van a decir: "Polvo eres". ¿Sabe qué somos nosotros? Costales de polvo.
Y uno se enreda con las personas: "que el vecino", "que la vecina", "que mi papá", "mi mamá", "mi esposo", "mi exesposa", "el novio", "la novia"; uno se enreda con la gente. ¡No espere tanto de la gente! ¡La gente está hecha de polvo! ¡Hoy son y mañana no son, mañana se acabaron!
Un día me invitaron, me pidieron el favor, estaba yo en Bogotá en esa época, "una confesión urgente". "Bueno, vamos, vamos a la confesión urgente". Fueron allá a recogerme a mi casa. "Vamos a la confesión, a la confesión". Llegábamos a la confesión urgente, una casa grande, bonita, descuidada hasta que ya, se caía de mugre.
Me presentan a la persona que se iba a confesar: una de las grandes figuras de la farándula colombiana que estaba muriéndose. Me acuerdo que tenían unas carpetas, unos albúms con recortes de periódico cuando era locutor, cuando salía, cuando actor, cuando no sé qué; ¡tantas cosas, todo un recorrido!
Ahí estaba. ¿Y aquí qué teníamos? Un hombrecito paralítico, tembleco, ¡pobrecito!, lleno de dolor, tratando de acordarse cuáles eran sus pecados. ¡Ese es el ser humano! ¡Para allá vamos todos, todos vamos para allá!
Entonces, ¿qué hace uno, -eso es lo que yo pregunto-, qué hace uno enredado peleando con otro saco de polvo? ¿Con otro costal de polvo que es otro ser humano? La vecina suya, que a usted le causa tanta rabia, se va a podrir comida de gusanos, lo mismo que usted, igualito.
Entonces Jesús nos enseña: ¡No te enredes con el ser humano, el ser humano lo que merece es compasión! Todos lo seres humanos somos así, somos débiles, todos somos débiles.
Esta semana se murió uno de los hombres más poderosos de Argentina, estábamos vivivos varios de los de aquí, casi todos, cuando este señor, Leopoldo Galtieri, determinó que había que iniciar la guerra de las Malvinas, de las Islas Malvinas.
¡Cuánta gente murió en ese acto, que yo no digo si era justo o no era justo, pero era un acto loco! De por Dios, ¿cómo se le ocurre enfrentarse a los ingleses? ¿Cómo se le ocurre?
Y este señor, como corona de su gran carrera militar, "entonces vamos a meter al país en eso". Yo he oído unos relatos espantosos de lo que sufrieron los pobres soldaditos argentinos. ¡Es que uno tiene que medir las proporciones! ¡Y él creía que estaba defendiendo el orgullo de su país!
Bueno, pero la historia es, ese señor, con toda esa importancia, ¡y qué amistades las que tenía! ¿Y qué cosas las que tenía! ¡Y eso no iba cualquier Nelson Medina a hablar con él! ¡Ese no le pasaba al teléfono a cualquiera! ¿Qué, qué pasó con él? Se lo comió un cáncer de páncreas, en dos, tres semanas se acabó.
Le puede pasar a usted, le puede pasar a usted también, me puede pasar a mí, esa es la realidad.
¿Qué hace uno, de por Dios, peleando con seres humanos? Eso es lo que nos hace sufrir tanto, los seres humanos, que uno se enreda con la gente y no se da cuenta de que todos estamos hechos de barro, que todos somos pequeños y que hoy estamos y mañana no estamos.
Jesús nos enseña a poner la mirada en el cielo, a encontrar el valor positivo del sufrimiento, y verá que eso nos hace más humildes, más profundos, más comprensivos y más solidarios.