Epif003a
Fecha: 19970105
Título: Miremos en nuestros cofres cual es el oro, el incienso y la mirra.
Original en audio: 16 min. 45 seg.
Es esta una celebración que tiene su origen en las Iglesias de oriente. Más o menos hacia el siglo IV o V hubo una especie de intercambio litúrgico entre las Iglesias Católicas de oriente y de occidente. En oriente por aquella época se celebraba la que actualmente es la fiesta de la Epifanía o manifestación, y en occidente se celebraba la Navidad.
Y entonces hubo un intercambio, y así nosotros en occidente empezamos a celebrar la Epifanía unos días después de Navidad y en oriente se empezó a celebrar la Navidad.
Lo extraño y al mismo tiempo lo hermoso de esta fiesta puede resumirse bien en esa antífona que nos propone el Oficio de Laudes en el día de hoy. Hoy se menciona el agua del Jordán, y el agua convertida en vino, y los magos, y la manifestación del Señor.
Cuando uno se encuentra, por lo menos las primeras veces con esa antífona, uno dice: "Bueno ¿que es lo que estamos celebrando hoy? ¿Por qué mencionan aquí el bautismo del Señor y por qué mencionan aquí las bodas de Caná? Porque esta celebración no es simplemente la evocación anual de que unos señores de oriente vinieron a visitar a María que estaba con el Niño.
Nosotros no estamos aquí celebrando indefinidamente esa visita por más feliz que haya sido, sino que esa visita particular se enmarca en el conjunto de las manifestaciones que Cristo Nuestro Señor, ya desde su infancia hace; manifestación no de sí mismo, sino de la gracia de Dios, brillo no propio sino de la luz eterna en nuestra historia.
Y así, en esta celebración, aunque el texto del evangelio nos hable solamente de la llegada de los magos o de estos sabios de oriente, aunque el texto del evangelio nos hable solamente de esto, el sentido general de la fiesta es que reconozcamos que es género de luz.
¡Qué clase de esperanza, qué profunda gloria ha brillado en nuestra tierra con la llegada de Nuestro Señor Jesucristo! Y precisamente porque tenía ese sentido integral de la luz que viene de lo alto y que nace en nuestra tierra.
Por esa razón en Oriente no había una celebración de la Navidad como tal, del nacimiento del Señor, como que bastaba simplemente celebrar que Él se había mostrado, que Él se había manifestado, o mejor aún, que en Él se había manifestado la gracia de Dios y su gloria a favor de todos nosotros.
El acontecimiento que nos relata el evangelio es bastante conocido y sobre todo porque en los pesebres, en todos los nacimientos que solemos hacer, se presentan a estos personajes de oriente, a estos reyes, que ya en la tradición antiquísima dice que eran tres, se presentan a estos reyes llegando al portal de Belén o al pesebre.
Lo más probable es que la estadía en torno a esa pesebrera haya durado muy poco tiempo, o sea, no podemos imaginarnos a José y María viviendo en esa especie de cochera indefinidamente, pero el mal entendido empieza como con el relato del nacimiento del Señor, y yo me voy a permitir hacer un pequeño paréntesis para ayudar a despejar este pequeño mal entendido.
Veamos, la idea que uno tiene, y seguramente así lo hemos representado, en predicar muchas veces: "Es que José y María llegan a Belén y entonces piden posada y les tiran la puerta en la cara, poco más o menos, y les dicen: "Aquí no hay sitio".
Esa idea parece que no es completamente cierta, todo proviene de una frase de un versículo que está en el evangelio de Lucas, en el que dice que "no había lugar para ellos en la posada” San Lucas 2,7, que en latín significa que no había sitio para ellos.
Pero no había sitio para ellos no indica necesariamente el que fueran rechazados, ya sea porque eran pobres, o porque venían de Galilea, o porque resultaba incómodo, ni tampoco que eran rechazados simplemente porque venían de parte de Dios.
El rechazo propiamente ahí quizá no lo dan los posaderos, sino más bien las circunstancias. José sabe que María está a punto de dar a luz y cuando se dice que no había lugar para ellos, no necesariamente indique que fueran rechazados por los posaderos, sino que en los géneros de posada que había en la época, difícilmente podía María dar a luz.
Es que la idea que tiene uno de posada actualmente supone un mínimo de privacidad, y a una pareja de casados, pues, uno piensa espontáneamente que se les asignaría una especie de cuarto, pero si nos transportamos a las circunstancias y al tiempo en el que sucedieron los hechos, pues hay que saber que las posadas de la época no tenían el mínimo de privacidad.
De modo que si José y María tienen que ir a las afueras de Belén a unas cavernas que las utilizaran los pastores o los vaqueros para guardar parte del rebaño, ellos tienen que ir allá y no es necesariamente porque hayan sido rechazados con soberbia, con codicia o con fastidio por la gente de Belén, sino lo más probable es que no había un lugar decente donde ella pudiera dar a luz.
Si esto nos queda claro, pues también queda claro que esa estadía, en ese lugar pobre, que a veces llamamos pesebre, la estadía en ese lugar seguramente debió de haber sido muy reducida, acaso quizá solamente esa noche o algo más.
Después de eso ellos debieron haber permanecido en las cercanías de Belén, probablemente junto a algunos parientes y amigos, recuérdese que José era de la familia de David y que por consiguiente, debía de tener parientes de ahí.
Ellos se quedaron en algún sitio cerca de Belén, la traducción que hemos leído, que es reciente para Colombia, habla de una casa, dice que los sabios entraron una vez en la casa, vieron al Niño con su madre María; es decir que la visita de los sabios o de los Magos indudablemente no aconteció en el pesebre.
Por otra parte, sabemos también por la historia de los Inocentes, que Herodes manda matar a los niños de dos años para abajo, o sea que probablemente hubo semanas o incluso meses entre el hecho de la Navidad y la visita de estos extraños personajes.
Después de estas precisiones, valdría la pena ver cuál es el significado para nosotros de la solemnidad. Lo primero que se nota, es que se ha trasladado al domingo, esta solemnidad se tenía siempre en día fijo, es decir, el seis de enero.
Este traslado de la solemnidad de la Epifanía en el domingo no es una casualidad. Hemos notado que, por lo menos en nuestro país, gran cantidad de celebraciones han pasado al domingo, por ejemplo, el jueves de Corpus ya no es jueves de Corpus, porque además tampoco se llama Corpus, sino la Solemnidad del Cuerpo y Sangre Santísimas de Cristo y es también en domingo.
Igualmente sucede con el jueves de la Ascensión, que ahora ya no es en jueves sino es en domingo. Esos traslados al domingo no tienen nada que ver con los acontecimientos civiles o legales o con los acuerdos que haga el gobierno y el Congreso, no tienen que ver.
Eso más bien tiene que ver con una conciencia progresiva de que el domingo es el día del Señor y de que las celebraciones propias de Cristo tienen su mejor lugar precisamente ahí, en domingo, en el que está el centro de nuestra fe, de la Resurrección, y por consiguiente del día que nacen las demás celebraciones.
Por esa razón, la solemnidad de la Epifanía se ha pasado para el domingo que esté después del primero de enero, el primero de enero concluye la Octava de la Navidad y el primer domingo que haya después de esa Octava es el domingo de Epifanía, es lo que sucede concretamente hoy, esta solemnidad nos presenta a Cristo revelándose a estos personajes de oriente.
Bueno, ahí hay también una enseñanza para nosotros. Estos sabios o magos ¿qué eran? Eran una especie de astrólogos que venían de una región que podemos identificar, que ahora es Irán o Irak, la antigua Persia, de allá venían, y hacen un recorrido de muchas jornadas para llegar hasta Judea.
Estos señores eran astrólogos, y ellos provienen de la tierra donde se inventaron los horóscopos, de hecho, la palabra horóscopo es algo así como la inspección de las eras o de los tiempos, esto quiere decir que el evangelio nos ha retratado a unos personajes que creían en los horóscopos, que miraban estrellas y hacen camino para encontrarse con Cristo.
Yo no puedo decir esto sin destacar que hoy está sucediendo lo contrario, es decir, hoy hay mucha gente que se levanta de su adoración a Cristo y se aleja de Cristo para buscar el horóscopo, como quien dice, esta fiesta está siendo vivamente contradicha, está siendo vivamente contestada hoy.
Porque si estos sabios salieron de su astrología para buscar a Cristo, hoy hay mucha gente que está saliendo de Cristo para buscar la astrología; y si Dios les dio una señal a ellos, esta estrella, para que los guiara hasta Jesús, pues hoy hay personas que buscan en esas mismas estrellas y en esas mismas constelaciones y en esos signos celestes, la manera de alejarse de Cristo para buscar su destino, o para recibir su destino de otra manera, o con otros parámetros, o de acuerdo con otros principios. Esa es una reflexión,
Otra reflexión que puedo hacer es que el texto de la Navidad nos ha contado cómo los primeros visitantes que tiene, cuando todavía estaba en el pesebre, porque eso fue en la noche del nacimiento, los primeros visitantes que tiene Jesús, son unos pobres pastores, estos pastores tienen una pobreza y una riqueza.
Son pobres, porque recordemos que los pastores tenían una fama terrible en el pueblo judío, no hay que imaginarse los pastorcitos limpios coloraditos, buena persona y de todos queridos, que van llegando al pesebre cantando con sus zurrones, no deberíamos de imaginarlo así, los pastores tenían fama de pícaros, de ladrones, de indecentes, de incrédulos y a esa es a la gente que se le manifiesta Cristo en su nacimiento, ahí hay una epifanía a los pastores.
Bueno, estos pastores aunque fueran pobres en su fama, en sus virtudes, en sus recursos, reciben sin embargo la visita del ángel y van allá al pesebre; son pobres de muchas cosas, pero son ricos porque pertenecen al pueblo de Dios y porque son los primeros, después de José y María, que ven el cumplimiento de las promesas, el amor de Dios, el amor a su pueblo, y el cumplimiento de lo que había prometido.
Hoy la cosa es al revés, estos sabios de oriente son gente rica, y son gente de buena fama y son gente con sabiduría, puede decirse que son como el negativo de los pastores, porque si los pastores son pobres de recursos, estos magos o sabios abundaban en ellos; y si los pastores son unos ignorantes con fama de pícaros, estos son sabios con fama de instruidos.
Pero aunque estos magos tienen esas riquezas, tienen la pobreza de no contar con todo lo que habían prometido los profetas al pueblo de Israel, como quien dice, pobrezas y riquezas se entrecruzan entre los pastores y estos sabios de Oriente, y en lo que son pobres los unos, son ricos los otros y lo contrario.
Y para ambos, para los que tienen muchos bienes pero poca esperanza, lo mismo para los que tienen pocos bienes pero mucha esperanza, para todos brilla Cristo.
A mí me parece que aquí hay también un mensaje para la obra de la evangelización, en la medida en que tiene que ver con nosotros, porque hay quienes pretenden descartar a los ignorantes, porque esos no entienden nada y entonces quisieran evangelizar a sabios ricos, como estos personajes; y hay otros, en cambio, que quieren destacar a todos los sabios y a todos los ricos y dicen hay que evangelizar a los pobres, a los ignorantes y a los oprimidos.
Yo creo que esta celebración de la Navidad y de la Epifanía, sobre todo así tan cerquita, nos ayuda a comprender que Cristo viene así para todos y nos ayuda a comprender que en todo corazón hay algo que necesita la luz del Verbo, también en nuestro corazón.
Esta será la última aplicación que proponga, cada uno en su propio corazón ha de buscar cuál es su propia pobreza, cuál es aquél lugar, quizá todavía oscuro en su alma, que está esperando una epifanía.
Y cada uno debe buscar también en sus cofres cuál es el oro, o el incienso, o la mirra que le pueda ofrecer a Cristo, y, sobre todo, necesitamos todos recibir de estos pastores y de estos magos o sabios el espíritu de adoración que nos lleve a reconocer en esa luz nuestra salvación, nuestra redención y la esperanza de la gloria.