Co20006a

De Wiki de FrayNelson
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El Evangelio de hoy, está tomado del capítulo doce de San Lucas. Hay dos palabras que se destacan en el mensaje que nos da Jesucristo; nos dice, en primer lugar, que ha venido a traer “fuego”; y nos dice, en segundo lugar, que ha venido a traer “división” (cf. Lc 12,49-53). Hay una relación, pero, también hay diferencia entre estas dos palabras; son palabras fuertes. El mensaje de Cristo en este domingo, no es, podríamos decir, tranquilizador, sino lo contrario, es un mensaje para ponernos en movimiento.

¿Qué hay adentro de la palabra “fuego”? Si lo analizamos bien, el fuego ilumina, pero tal vez, la característica más notable, es que transforma; el fuego no deja las cosas como están. Una vez que hemos cocinado una comida, no podemos descocinarla; una vez que hemos evaporado el agua, no podemos recoger ese vapor, salvo en un laboratorio, para reconstruir lo que antes teníamos. El fuego produce cambio; el fuego produce movimiento. Y a mí me parece que cuando Cristo nos habla del fuego que ha venido a traer, también nos está diciendo que quiere que las cosas cambien. En este sentido, yo digo que Cristo es el gran líder de los inconformes; y por consiguiente, ser cristiano implica ser inconforme. La persona que se siente tranquila y resignada con lo que encuentra, con lo que ven sus ojos, de alguna manera, ha renunciado a la fuerza, a la belleza, quizá a la esencia del cristianismo. Una cosa es la paz, y otra cosa es la tranquilidad; ciertamente, Cristo viene a traer paz, pero no viene a traer tranquilidad, entendiendo por tranquilidad, el quedarse simplemente pasivo frente a la realidad que vemos en el mundo. Esa tranquilidad, definitivamente no la quiere Cristo, pero sí quiere que tengamos paz; la paz que proviene de la certeza interior, del camino, y también de la capacidad de recibir el rechazo, el ridículo, o incluso, la persecución que viene desde fuera. Eso, en cuanto a la palabra “fuego”. Cristo es el gran líder, es el gran ejemplo, es el gran testimonio de los inconformes.

La palabra “división”, es un fruto, precisamente, de ese cambio que Cristo viene a traer; no todos están dispuestos a que las cosas cambien; hay personas a las que les sirve el estado actual de cosas. Por ejemplo, en un mundo donde tantos vicios producen tanta ganancia, los que están recibiendo esos beneficios no quieren que las cosas cambien: el que está haciéndose multimillonario con un negocio de casinos, así sepa que una gran cantidad de personas están padeciendo una adicción espantosa, y están destruyendo su propio patrimonio y sus familias, no quiere que se acabe ese negocio porque está recibiendo beneficios; igualmente, el narcotraficante, igualmente, el que recibe enormes ganancias de la pornografía o de cualquier otro tipo de adicción. Eso quiere decir, que necesariamente el mensaje de Cristo, la proclamación del señorío de Dios y el Reino de Dios van a encontrar oposición. No es que Cristo, de una manera directa esté buscando la división como si fuera simplemente un amante del conflicto; ¡No!, Cristo no celebra el conflicto por el conflicto, pero Cristo es realista, y Cristo sabe que cuando queremos verdaderamente que las cosas cambien, vamos a encontrar resistencia: en la política, en la renovación dentro de la misma Iglesia, en el mundo de la salud, en el campo de la educación, en el desempeño y dispensación de la justicia, siempre habrá oposición.

Fíjate cómo en el pasaje de hoy, Cristo aparece como el jefe, como el líder y modelo de los descontentos, pero también aparece como punto de referencia para aquellos que son realistas, y también aparece como verdadero testimonio de coherencia, incluso cuando hay rechazo, cuando hay oposición o hay burla. A Él sea la gloria, por los siglos. Amén.