Co19001a
Fecha: 19980809
Título: La virtud de la agilidad
Original en audio: 17 min 36 seg
Jesús invita a la generosidad y a la vigilancia; pedimos al Espíritu de Dios que nos ayude a comprender la relación que hay entre estas dos invitaciones de Jesucristo, nos invita a tener tesoro en el cielo, qué hermosa comparación: “Haceos talegas que no se echen a perder” San Lucas 12,33.
Amontonar en el cielo, echar en una talega que no se rompa, y se rompen todas la talegas si no pueden conservar lo que tienen y no puede conservarse la mayor parte de lo que uno utiliza, de lo que uno codicia, de lo que uno espera, de lo que uno ambiciona.
“Haceos talegas que no se echen a perder, amontonad tesoros en el cielo” San Lucas 12,33; precisamente esta actitud generosa hace que la persona esté sobria en esta tierra, que no se detenga, que no se amarre, que sea ágil, precisamente creo que esta palabra, ágil y este concepto, agilidad, relacionan la generosidad y la vigilancia.
No se trata de destruir los bienes sino de ponerlos en circulación. Los economistas andan preocupados por la circulación del dinero. En los momentos que vive, por ejemplo, nuestro país hay una baja circulación del dinero; una persona no hace prestamos porque está endeudada, entonces el dinero se queda en el banco y no le llega a la persona.
Pero entonces la persona puede invertir menos, puede producir menos, por consiguiente, vende menos y entonces sus compradores posibles, tampoco le dan dinero y el dinero no circula.
El sistema capitalista, podemos decir así, vive de la circulación del dinero, que el dinero circule. Pues el Reino de Dios también vive de la circulación de los bienes, pero es una circulación en sentido contrario; mientras que la cadena de la circulación en el capitalismo finalmente va amontonando más y más en los ricos, Jesús quiere una circulación que lleve más y más a los pobres.
“Vended vuestros bienes, dad limosna” San Lucas 12,33, y a todo corazón generoso que podía encontrar, Jesús le decía: “Vete, y dale a los pobres”; Jesús es el anticapitalista por excelencia; hay que poner en circulación los bienes, pero a favor de los que más necesitan esos bienes.
El capitalismo es: hay que poner a circulación los bienes pero en favor de los que más bienes tienen. Me parece que un taxista resumió perfectamente el absurdo del capitalismo: "para que a uno le presten dinero tiene que tenerlo, porque si uno no acredita que tiene dinero entonces no le prestan dinero", como quien dice, se le va a dar más al que menos necesita, esa es la ley que funciona en este mundo.
Jesús quiere que los bienes circulen y en esa circulación quiere que sean favorecidos los más necesitados; Jesús no cuadra con éste mundo y Él lo sabe; Jesús no funciona para esta tierra, Él lo sabe; pero Él sabe también que ese oro, esos bienes o títulos valores, acumulados en esta tierra, están en talegas rotas.
No importa cuánto sellemos la bodegas de los bancos, siempre hay un ladrón astuto, que como el ladrón de Bucaramanga, hace un túnel de decenas de metros, como un puro topo, para salir debajo de la bodega del banco y sacarse los miles de millones, ¿y quién va a saber cuál es el culpable de eso? Pues nadie, se alzaron con es plata, se la llevaron para otra bodega, que igualmente puede ser robada.
Y supongamos que la persona muera sin que le hayan robado todavía su plata, como decía una campesina: "Yo no he visto el primer entierro con trasteo". De manera que esa bodega, así esté perfectamente sellada, impenetrable a los ladrones, es también rota; es rota porque a la hora de la muerte, se desagua y me deja sin nada, me deja pobre.
Es fácil aplicar este evangelio, por lo menos el comienzo de este evangelio, a los bienes materiales, al dinero, al oro y ese tipo de cosas; pero hay que saber que lo mismo pasa con otro tipo de bienes.
Jesús quiere la circulación de los bienes, y no son sólo los bienes materiales, de hecho, si nosotros miramos el ejemplo de los Apóstoles y el testimonio del mismo Cristo, Él no puso el circulación sólo los bienes materiales, de hecho, no tenía mucho que circular; para dar panes tenía que hacer milagros, o sea que no estaba muy bien de panes.
Son otros bienes los que Él pone en circulación, el gran problema o el grave problema no es sólo la distribución de la riqueza material; el problema es cómo circulan los otros bienes, la agilidad de esos otros bienes, y esos otros bienes son los bienes de la inteligencia, de la información, de la estética, y los bienes afectivos, del amor, de la comprensión, del amor, hasta llegar a ser un bien tan sencillo, como puede ser una sonrisa.
Estos bienes hay que ponerlos en circulación, y ponerlos en circulación de los más necesitados; la agilidad, yo creo que este es el evangelio de la agilidad, como le pasa a la persona que comienza a emborracharse y a comer y comienza a ganar peso extra, a medida que se va convirtiendo en lo que come, esta persona pierde agilidad, ya no puede moverse rápidamente.
Entonces el que se sienta a disfrutar sus bienes y a vivir para sí, pierde agilidad, y por consiguiente, se desentiende del sentido del tiempo; quisiera eternizar su comilona, quisiera eternizar su borrachera, quisiera eternizar el cariño que recibe, el placer que experimenta, quisiera agarrarse, agarrarlo, agarrar esa vida, agarrar ese placer, agarrar esa sonrisa, estar rodeado sólo de lo placentero.
Ese ser humano que esta agarrando el placer, está añorando el paraíso; quisiera en realidad el paraíso, quisiera estar en un sitio donde ya no tuviera que moverse y donde todo estuviera a su favor; el movimiento de la fe, en cambio, es contrario, no es un movimiento de paraíso.
Y ahí está el testimonio elocuentísimo que nos da la Carta a los Hebreos, en el capítulo 11: “Si hubiesen querido devolverse, tiempo hubieran tenido para hacerlo” Carta a los Hebreos 11,15.
Estos adalides de la fe, empezando desde luego por Abraham y Sara, pero luego todos los justos del Antiguo Testamento, y luego todos los santos de la Iglesia, fueron gente ágil.
Gente que tuvo el sentido del tiempo, que no se detuvo, gente que percibió que dedicarse al pasado es ir en contravía de Jesucristo, ¿ y vas a poder más que Él? Añorar la patria, buscar el placer perdido, ponerse en camino del calorcito que antes hubo, esto es ir con contra de Dios, ¿podrás más que Él? ¿Lograrás más que Él? Eso se llama darle patadas al aguijón, como le dijo el mismo Dios al Apóstol San Pablo.
No es sólo el evangelio, son las lecturas de hoy las que nos llaman a agilidad, las que nos llaman a que percibamos el tiempo; Catalina de Siena comparó la vida con un río, un río que va corriendo, un río que no se puede detener. Imagínate tú tratando de detener un río, detener un río con tus manos, metiendo pies y manos tratando de detener la corriente del río, tú no detendrás el río, el río te llevará a ti.
Pero esta comparación de esta santa doctora de la Iglesia, es muy fecunda, porque no sólo nos muestra que el río no se va a detener, sino que finalmente cuando uno se mete en el agua, uno se queda quieto, pero no se da cuenta de que el agua se lo está llevando.
Esta comparación la usa la Santa para hablar del curso del tiempo en la vida humana; si uno toma recta conciencia de lo que significa el tiempo en la vida humana, si uno toma conciencia de cuanto va a llorar y con cuánta amargura el tiempo perdido.
Pero el tiempo perdido no es solamente el tiempo que tomó bronceándose, el tiempo perdido es el tiempo que se perdió amontonando en las talegas rotas, el tiempo perdido fue lo que se amontonó en las bodegas, el amor que no se dio y que se pudrió; ese amor podrido y apestoso estará allí junto a nuestro lecho de muerte, allí estará como testimonio en contra nuestra.
Uno tiene que pensar que Jesús impuso una ley contraria a la que puso este mundo, ¿vamos a poder más que Cristo? ¿Vamos a luchar contra Él? Ágiles, ágiles, prestos, uno se puede engolosinar con la comida, con la bebida, o con el poder, donde se ve que Cristo no pensaba sólo en los bienes materiales.
Ese que se pone a golpear a los sirvientes y a las muchachas y se siente el dueño, y hace su pequeño imperio, ése también está congelado en un río que no espera por él, según diría Catalina de Siena.
La agilidad es una virtud preciosa que aparece ya en le relato del Éxodo. El libro de la Sabiduría, con un lenguaje poético, recuerda esa liberación del Éxodo y esa liberación aconteció precisamente en la agilidad.
Seguramente viene a nuestra memoria aquello que nos dice la Biblia: "Tan ágil tuvo que ser esa salida, que no alcanzó a fermentar el pan" Exodo 12,34; el pan que llevaban fue ácimo, fue sin levadura, porque no alcanzó a fermentar, porque había que envolver el pan en unas mantas y salir corriendo, porque el Señor en esa noche otorgó la libertad.
La agilidad hace que seamos al mismo tiempo generosos y vigilantes. Pedro le pregunta a Cristo, como si no supiera que Cristo no solía responder las preguntas, le pregunta: “¿Has dicho esa parábola por nosotros o por todos?” San Lucas 12,41.
Pedro estaba esperando que Jesús le respondiera: “Por vosotros”; ¡qué iba a decir Cristo eso! Cristo tenía una manera de enseñar, tenía una manera de predicar como extraña; por ejemplo, aquí aparentemente no le respondió, lo que dice es: "continuar su parábola", y esto me lo he encontrado no sólo en Lucas, sino sobre todo en Juan.
Hay veces que parece que Cristo oyera las preguntas y seguía con su predicación, seguí con su parábola, es un modo de soberanía de este Maestro que a uno lo deja un poco desconcertado: "Dichoso el criado al quien su amo lo encuentre portándose así" San Lucas 12,43, en el fondo ahí está la respuesta; Pedro ya sentía que había una diferencia entre ellos, los Apóstoles, y los demás.
Mi papá cuenta que en una época muy difícil económicamente, por allá en una zona de Valledupar, un señor, un potentado que tenía yo no sé cuantas cabezas de ganado, le decía a otro viejito también potentado:” Si estamos mal nosotros los gamonales, ¿qué será de la gente?”.
Así está Pedro: "¿Bueno, esa parábola es por nosotros? ¿por la cúpula? ¿O estás hablando de todos?"; Jesús lo mira y dice: ¿cuál cúpula? Por el criado, "dichoso el criado...." San Lucas 12,48, lo devolvió inmediatamente a su sitio.
El evangelio no lo dice, pero seguramente Pedro duró callado dos días; “dichoso el criado al que su amo lo encuentre portándose así” San Lucas 12,43, y el final de la respuesta de Cristo es bastante elocuente: "Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá" San Lucas 12,48.
En el fondo es la misma idea del principio. Los bienes circulan al revés de lo que dice el mundo, “al que mucho se le dio...” San Lucas 12,48; ¿tú crees que eres de la cúpula? Más duro para ti, más difícil para ti, ¿entonces qué estás pensando?
Jesucristo invita a la agilidad, invita a que tomemos conciencia del tiempo y la manera como transcurre; invita a que percibamos el paso de la gracia, así como los israelitas, estando sobre aviso por la Palabra, pudieron percibir el paso del Señor y fueron liberados, en esta Eucaristía nosotros percibimos el paso de Jesucristo y somos liberados.
Pues que este momento, que esta gracia se haga perpetua en nuestra vida, se haga continua en nuestra vida para que el día que nos llame, estemos prestos a ir ya no a servirle, Él mismo será nuestro alimento, y como Él quiso considerarse, llamarse en este evangelio, será Él quién nos sirva a nosotros.