Co05002a
Fecha: 20010204
Título: El dia que Jesus te dice: "Mueve tu barca", ese dia cambia tu vida
Original en audio: 10 min. 37 seg.
Hermanos:
Este pasaje que recuerda una de las pescas milagrosas de Jesús, nos deja una enseñanza muy grande. Pedro estaba oyendo la predicación de Jesús, Jesús predicaba muy largo y acudía mucha gente.
Pedro estaba cansado, el calor del día, el cansancio de Pedro, la cantidad de gente, y lo largo del discurso nos hacen suponer una cosa: que Pedro llegó un momento en el que se sintió agotado, de pronto sintió que esa predicación era como para otra gente, Jesús se subió a una de las barcas y le pidió que la alejar a un poco de la orilla.
Pedro estaba en su barca, la alejó de la orilla, con ese trasnocho tan espantoso y le tocó ahí en su barca oír toda la predicación, pero Pedro seguramente sentía que esa predicación era para otras personas, de pronto Jesús que le había hablado a toda la multitud, ahora le habla a Pedro: “Rema hacia la parte honda y echa las redes” San Lucas 5,4.
¡Eso sí no estaba en el libreto de Pedro! Yo le pongo un poco de imaginación a este asunto, yo me imagino a Pedro bien trasnochado, bien cansado y bien asoleado y además bien disgustado porque no había conseguido nada, y después de que Jesús ha echado toda su predicación, ahora vamos para la parte honda.
Seguramente mi imaginación no está lejos de la realidad, porque Pedro le alcanzó a revirar un poquito a Jesús: “Maestro, toda la noche estuvimos bregando, no pudimos pescar nada” San Lucas 5,5.
Pero entonces le miró la cara a Jesús y dijo: “Bueno, si tú lo ordenas, entonces voy a echar las redes” San Lucas 5,5, y efectivamente echó las redes.
Y sabemos el desenlace, una pesca inmensa, un milagro en el mar, ¿qué nos enseña esto? Esto nos enseña que hay dos maneras de escuchar, hay veces que uno escucha la predicación pensando que es para otros, a veces pasa, incluso, que estamos en Misa y uno dice: “Ojala que mis hijos oyeran esto", "ojala que mi esposo oyera esto", "¿qué tal que mi papá hubiera oído esto?”
Y le vamos asignado oyentes a la predicación: "Pero qué bueno que ellos oyeran, qué bueno que ellos oyen", es una predicación para otros, pasa por nosotros como el agua del río pasa por encima de las piedras, según la conocida imagen, pero tú quiebras la piedra y está seca por dentro, porque la piedra siente que la predicación es para otros, esa agua es para otros, "yo sigo aquí en el lecho del río".
Hay un momento, sin embargo, en que Jesús se mete con la vida de uno, porque eso fue lo que hizo Jesús en este pasaje, ¿cuál era la vida de Pedro? La vida de un pescador, ¿cuál era su oficio? ¿Cuáles eran sus herramientas? Esa red y esa barca, Jesús se metió con la vida de Pedro, mientras Dios no se meta con la vida de uno, uno siente que la predicación es para otras personas.
Y cuando uno siente que la predicación es para otras personas, cualquier predicación le parece larga, porque eso es para otros, a la gente no le pareció larga la predicación porque era para ellos, Jesús en un momento dado se mete en la vida de nosotros, en ese momento, por decirlo así, nos obliga a un encuentro personal con Él.
Ya Jesús no estaba hablando de las parábolas, los milagros, el Reino de Dios, bajó los brazos, bajó la mirada, miró a Pedro: “Mueve tu barca” San Lucas 5,5, ¿qué hizo Cristo? se metió con la vida de Pedro, concretamente, con el fracaso que acaba de tener Pedro.
"-Yo ya intenté y no pude; acabo de fracasar, Señor". “-Mueve tu barca, la tuya”. Pedro hizo caso y ya vemos lo que sucedió. Uno puede durar años teniendo la Biblia en su casa, tendiendo la iglesia a la vuelta de la esquina y oyendo muchas homilías, como el agua que corre por encima de la piedra, pero llega un momento en el que Cristo mira tu barca.
Te mira a ti, mira tu fracaso, tu trasnocho, tu cansancio, tu aburrimiento, esa cara que tienes, esa es la cara de una persona a la que la vida no le sabe a bien, esa cara que tienes de aburrimiento porque tus hijos están mal casados, porque los negocios no crecen como tú quisieras, porque te diagnosticaron una enfermedad y nos se sabe si es grave, porque no se sabe qué va a pasar con tu trabajo.
La pregunta que tenemos que hacernos hoy es: ¿cuál es tu barca? Es decir, ¿cuáles son tus intereses, los que sí te duelen? Si yo me pongo a hablar así de la historia de los Cardenales de la Iglesia Católica, tal vez eso te aburre, pero si nos ponemos a conversar de tu hija que está mal casada, ¿cierto que me oirías con gusto? Media hora, una hora o una tarde entera.
Si nos ponemos a hablar de tu amigo que te traicionó en los negocios y nos ponemos a hablar del aborto que cometiste y de cómo eso no puede ser sepultado así no más, seguramente ahí tenemos mucho que conversar.
¿Cuál es tu barca? La tuya, ¿de qué necesitas hablar tú con Jesús? ¿tú? Pedro, sentado ahí en esa barca, oía y oía cosas, de pronto Cristo le dice: “Mueve tu barca” San Lucas 5,5, y ahí Pedro se inserta, se incorpora, toma conciencia: "Ahora Jesús se ha metido conmigo", ese fue el día grande, ese día Pedro descubrió su verdadera vocación.
El día en que tu barca, cargada con tus fracasos, hospeda a Jesucristo y oyes a Cristo que te dice: “Mueve tu barca” San Lucas 5,5, ese día cambia tu vida.
Las preguntas son: ¿cuál es tu barca? ¿De qué está cargada? ¿Ya invitaste a Cristo a tu barca? Y finalmente, ¿estás dispuesto a hacerle caso como le hizo caso Pedro y por eso encontró su vocación?