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Fecha: 19980315
Titulo: Como se hace con las plantas, Dios siempre nos da el tiempo y el abono de su gracia para que demos fruto
Tiempo en audio: 14 min. 23 seg
Queridos Hermanos:
La muerte repentina siempre nos impresiona mucho, y las muertes repentinas suceden o por accidente o por maldad de la gente.
Estaban unos judíos ofreciendo sacrificios,-unos galileos-, y Pilato, que era un hombre sin escrúpulos, sin conciencia, los mandó matar; los sacrificios de los judíos consistían, sobre todo, en degollar unos animales, y desde luego se derramaba la sangre de los animales, como una especie de ofrenda a Dios.
Pues resulta que Pilato, hombre sin conciencia, mandó que mataran a estos, y se revolvió la sangre de los hombres con la sangre de los animales, ¡es un espectáculo pavoroso! ¡Una cosa horripilante! La noticia impactó mucho, como siguen impactando los homicidios y las masacres en las que muchas veces se revuelve, se desperdicia, se riega la sangre.
Y eso impresionó a estos judíos y eso también nos impresiona a nosotros.
Otras muertes, en cambio, suceden por accidente, como fue lo de la Torre de Siloé, una torre grande, tal vez estaba mal hecha, tal vez un pequeño temblor de tierra, lo que fuera, se cayó la torre, le cayó encima a dieciocho personas y las mató.
Y uno se pone a pensar en esa escena y a uno lo impresiona, como impresiona, por ejemplo, cuando se hunde un barco, se murieron no sé cuántas personas; se estrelló un avión, murieron tantas personas; o por ejemplo, cuando vino esa avalancha del Nevado del Ruiz, que arrasó con un pueblo entero.
Esas cosas, esas muertes nos impresiona, nos ponen a pensar, y a veces se dice que esa es como una especie de justicia de Dios, pero Jesús quiere que nosotros miremos estas muertes, sean por violencia o por accidente, que las miremos de otro modo; Jesús quiere que descubramos que nadie tiene la vida comprada, ni asegurada.
Hay unos contratos que se llaman “Seguros de Vida”, pero el seguro de vida no le garantiza la vida a uno, sino sirve es para garantizarles una ayuda económica más o menos grande a las persona que queden cuando uno se haya ido.
O sea que el nombre de “Seguro de Vida” está mal puesto, porque eso no le asegura la vida a uno, sino más bien le ayuda a otras personas, que pueden ser los parientes, por ejemplo, a que algo puedan hacer con algún dinero.
Jesús quiere entonces que nosotros nos demos cuenta de que no se puede juzgar así no más, que el que murió asesinado por una banda, o el que murió masacrado por la guerrilla, o el que murió en un ataque de un grupo de paramilitares, que ese es más culpable o más malo que yo, no, eso no se puede decir así.
Nosotros no podemos considerar a esas personas peores que nosotros, probablemente, simplemente, es que no nos ha llegado el turno, porque ¿quién esta exento de un accidente?
¿Ustede cree que esasdieciocho personas que estaban en la Torre esa, estaban esperando que les iba a pasar eso? Si lo supieran esperado se iban o no se metían ahí.
De manera que uno se da cuenta de que Jesús quiere que nosotros no juzguemos a los muertos, a las personas que murieron, ya sea por violencia o por accidente, sino que más bien caigamos en la cuenta de que a nosotros tarde o temprano también nos toca el turno.
Y que cuando nos toque el turno nosotros no podemos ser como árboles secos, sino que tenemos que ser árboles que hayamos dado fruto, que nosotros tenemos que dar fruto en esta tierra, que nosotros somos como planticas del jardín de Dios, y que Dios nos plantó para que nosotros diéramos un fruto.
Que si de pronto no hemos dado ese fruto todavía, tampoco es de desesperarse, porque ahí está la otra parábola esa de la higuera; una higuera que ya llevaba tres años, o sea, ya habían pasado veranos, inviernos, lluvias y nada que daba fruto la higuera; entonces, la primera tentación de uno sería decir: "Pues arranquemos esto y acabemos con esto".
Pero Dios, según nos enseña el evangelio, Dios tiene paciencia, tiene misericordia, y Dios quiere que nosotros, a pesar de que tal vez no hemos dado todavía el fruto, recibamos tiempo y abono; fíjate lo que había recibido la higuera, esa higuera se había portado mal, no había dado fruto, si a esa higuera le llegara la hora, al fuego iba a dar.
Pero Jesús quiere que nosotros sepamos que Dios nos da tiempo y nos da abono; el tiempo que Dios nos da son los años que tenemos en esta tierra, para esta higuera dijo que un año más, nosotros no sabemos si vamos a resistir un año más.
Fíjense que por ejemplo cuando uno celebra la Navidad, o cuando llega el Año Nuevo, uno a veces se pone a hacer memoria de las personas que estuvieron en otras Navidades.
Y uno hace cuentas y dice: "Oiga, la Navidad pasada ¿se acuerda que estaba nuestro tío Afredo que estaba por aquí? ¿Se acuerda de la vecina Cleotilde que vivía... ¿Se acuerda.....? "-Si, ¿Y qué pasó con ellos?" "-Ya este año no están". O sea que uno no sabe si va a durar un año más, eso no lo sabe uno.
Pero lo importante ¿Qué es? Que Dios nos ha da un poco de tiempo más, y en ese tiempo nosotros podemos dar fruto; pero no sólo nos da tiempo, nos da lo que aquí llama "abono", nos da ayuda, alimento, gracia de Dios. Esa gracia de Dios ¿qué es? Como su amor que se comunica a nosotros, porque a veces uno solo como que no puede dar fruto.
Fíjate hasta dónde llega la compasión de este cultivador, de este dueño de la viña, fíjate hasta dónde llega la compasión. No fue que simplemente dijera: “Démosle más tiempo, y que haga lo que pueda con sus fuerzas”, no, le dio más fuerzas, le dio abono, le dio alimento, le dio ayuda para que pudiera dar sus fruto, porque no había dado fruto.
Eso es lo que Dios hace con nosotros, con cada uno de noostros eso es lo que Dios hace con los matrimonios: "-Este matrimonio, esto ya se acabó, esto ya se perdió", "-hombre, intentemos, de pronto un poquito de ayuda de Dios".
Pero hay que pedirla también, hay que recibirla, a veces nos quedamos sólo mirándonos los unos a los otros, y el ser humano no puede dar fruto para la vida eterna por sus propias fuerzas, necesitamos la ayuda de Dios.
Y eso es lo que Dios está haciendo con nuestro país, y eso es lo que Dios está haciendo también con la humanidad; Dios le está dando tiempo a la humanidad. En el mundo se cometen millones de crímenes abominables por año, cada año se cometen horribles, horrendos crímenes, por decir una cifra: ¿cuántos millones de abortos al año, sangre de inocente que se derrama ante los ojos de Dios?
Así como Pilato derramó esa sangre y la desperdicio con sangre de animales, así también se trata como animales a las personas y se las mata, se revuelve la vida de los hombres con la vida de los animales, ¡estos son crímenes abominables!
Pero Dios todavía nos da algún tiempo y nos dice: “Miren, yo les voy a dar tiempo y les voy a dar ayuda”, y la ayuda ¿cuál es? El abono ¿cuál es? La gracia, el amor de Dios, con el que quiere que nosotros encontremos un camino, con el que quiere que nosotros digamos: "Tal vez mi vida puede ser de otro modo".
Esta es una compasión muy grande, esta es la compasión que apareció en la primera lectura, cuando Dios le dice a Moisés esas palabras que son conmovedoras, hermanos,miren lo que le dice: “He visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, en tierra de esclavitud” Exodo 3,7.
Este es un Dios que tiene entrañas, este es un Dios que se compadece y que ve la aflicción de su pueblo, y por eso envía a Moisés en la Antigua Alianza, por eso nos dio a Jesucristo en la Nueva Alianza, por eso nos da el Espíritu Santo que es la gracia, la fuerza, el alimento, el abono, la energía que necesitamos para dar fruto; porque tal vez no hemos dado fruto todavía.
Entonces nosotros, acojamos esta palabra del Señor con mucho amor, acojámosla, nosotros sabemos que en Él está nuestra esperanza.
Si alguno de ustedes de pronto siente: "No, mi vida ha sido perdida, mi vida ha sido un fracaso, yo no he servido para nada, yo mismo me hecho daño, le he hecho daño a mucho gente y mucha gente me ha hecho daño", tal vez usted se siente como esa higuera, que pasan los año y no da fruto.
Yo tengo una palabra para usted en el nombre de Jesucristo: Dios le está dando tiempo a usted, Dios le da tiempo a usted y le da abono, le da alimento, le da fuerza, le da gracia.
Una última enseñanza que quiero compartir con ustedes. A veces nosotros nos parecemos a ese encargado, el encargado de la viña, mire: "Un hombre tenia una higuera sembrada en medio de su viña, y le dijo al encargado de la viña: “Ya ves, desde hace tres años estoy viniendo a buscar higos; lo mejores mejor que la cortes”" San Lucas 6,7.
Eran dos hombres, uno era el dueño y el otro era el encargado, y fíjate: le dijo al encargado de la viña que la cortaran, y el encargado de la viña le dijo: "No, esperemos".
A veces nosotros nos parecemos al dueño de esa viña, y queremos también como cortar las vidas de otras personas: "¿Qué hace esa persona aquí? Que se muera, que se pudra", nosotros somos muy duros con las otras personas.
Oiga, ¿qué tal que Dios fuera tan duro con nosotros como nosotros somos con las otras personas? Pues yo creo que aquí este salón tendría que quedarse vacío, quedarían las imágenes de los santos, esos sí son santos, pero ¿nosotros? Muchas veces nosotros no solo no hemos dado frutos buenos, sino que hemos dado frutos muy malos.
Y a veces no hemos sido más malos porque no hemos tenido más poder; a veces no hemos cometido más crímenes porque nos ha faltado valor, o nos han faltado armas, o nos ha faltado la oportunidad.
Pero nosotros no es que seamos tan buenos, no, por eso el llamado de este evangelio también es para que nosotros entendamos que Dios le da tiempo a las otras personas.
Ahora, ese tiempo ellos tendrán que saber aprovecharlo, y nosotros tenemos que trabajar por la justicia, por la vida, por la paz, tenemos que trabajar, así haya gente no quiera trabajar.
Nosotros tenemos que trabajar por esa justicia de alguna manera, de algún modo; tenemos que ir haciendo posible esa paz, esa justicia, así haya gente que no lo quiera; de pronto el año entrante.
Pero entender que aún esas personas que tal vez no quieren en este momento esa paz, de pronto mañana la pueden querer, y de pronto, de pronto el año entrante, con un poco de abono, hayan dado fruto y no se pierdan; de pronto el año entrante, de pronto vendrá un tiempo.
Queridos hermanos, vamos a mirar el corazón compasivo de Dios, vamos a dejarnos ganar por ese amor, a agradecerle el tiempo, el alimento que nos da, la gracia que nos da.
Y a pedirle que, con esa misma mirada y ese mismo corazón, podamos, de algún modo, darle tiempo, y abrirle alguna oportunidad a las personas que parecen más perdidas, para que todos demos frutos, para que sea la victoria de Dios y para que la gloria sea su Nombre.
Amén.