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Fecha: 20030525
Título: El lugar donde se puede conocer y purificar el corazon.
Original en audio: 10 min. 19 seg.
Queridos Hermanos:
La palabra amor no es una palabra nueva. No es una palabra que la Biblia traiga como una novedad. Porque, de amor habla todo el mundo.
La novedad está en aquello que nos anunció la lectura que escuchamos del Apóstol San Juan. Ahí dijo San Juan una frase, que es supremamente atrevida, supremamente audaz: "En esto consiste el amor" 1 Juan 4,10.
Yo creo que si cualquier persona se levanta en un grupo, o interviene en una conversación de familia; y de pronto dice: "Oiga, les voy a contar en qué consiste el amor", pues, nos causaría algo de sorpresa o algo de curiosidad.
¿Quién puede decir en qué consiste el amor? Y sin embargo, San Juan manifiesta, que nos va a contar en qué consiste el amor. Nos dice: "En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero" 1 Juan 4,10.
No es una definición como las definiciones de la matemática, de la filosofía, de la química, o del derecho. Cuando San Juan nos va a contar en qué consiste el amor, nos envía hacia la fuente del amor, nos envía hacia el lugar en donde se ha revelado el amor.
Es como si a uno le dijeran: "Le voy a contar en qué consiste el agua". Y en vez de llevarlo a un laboratorio de química, lo llevaran a uno al manantial más delicioso, más refrescante y más hermoso. Allí es donde descubrimos el misterio, la alegría, la utilidad, la delicia del agua.
Yo puedo saber en un laboratorio, que en el agua hay hidrógeno y hay oxígeno. Pero, eso no explica ni resuelve mi sed. En cambio, si voy al manantial, al manantial bello, refrescante y delicioso, ese manantial sí responde a la pregunta: "¿Qué es lo que yo tengo cuando tengo sed? ¿Qué es lo que yo necesito cuando tengo sed?"
Eso es lo que ha hecho San Juan cuando nos habla del amor. Ha querido llevarnos al manantial donde el amor se puede beber, donde se puede encontrar en su misma fuente, en su misma alegría, en su misma pureza, en su misma eficacia.
Y el manantial del amor, el delicioso manantial del amor, está en esa frase que nos dijo el Apóstol: "No es que nosotros hayamos amado a Dios. Es que Él nos amó primero" 1 Juan 4,10.
Y el lugar donde nosotros descubrimos a Dios amándonos primero, es en Jesús. Jesús es el lugar donde descubrimos a Dios amándonos. Podemos decir, que la vida de Jesús, pero, especialmente, la muerte de Jesús, es la expresión más perfecta que tenemos del amor.
Dice el Apóstol: "Él nos amó y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados" 1 Juan 4,10.
Jesús, enviado a nuestra tierra, Jesús, enviado a tu corazón, a tu casa, a tu vida, es la carta de amor que Dios te manda, es el manantial de amor que tú, yo y el mundo entero puede conocer, puede disfrutar, tiene derecho de aprovechar.
En Jesús, nosotros descubrimos el verdadero rostro del amor. Jesús, podemos decir, que es aquel lugar donde aparece el verdadero amor. Y por eso, es el lugar donde se purifica el amor.
Hay muchas clases de agua. Si uno va caminando por el campo, puede encontrar agua en varios lugares. Pero, alguien que conozca el lugar por donde vamos, seguramente nos dirá: "Mira, de esa agua no tomes, porque está llena de larvas de mosquitos". "De ésa no tomes, porque está llena de detergente de una fábrica". "De ésa no tomes, porque ésa está infectada".
Hay muchas clases de agua. Mas, hay un lugar donde se purifica el agua y brota el agua. Ese lugar es el manantial alto, en la montaña. ¡Es el lugar donde se limpia el agua!
Jesús es el lugar donde se limpia la palabra amor. Todos los amores que hayamos conocido y todos los amores que tengamos ahora mismo, necesitan ser purificados en el manantial que es Jesucristo.
De verdad, amigos, que es un buen ejercicio llevar nuestros amores al manantial de Jesucristo, y ver cómo quedan después de ser limpiados en Él.
Por ejemplo, aquella persona que te dice que te ama, esas palabras, esos afectos, o esas caricias, si tú los pasas por la mirada de Jesús, si tú los pasas por el Corazón de Jesús, ¿en qué quedan? Tal vez queda mucho, tal vez queda poco, o tal vez no queda casi nada.
Jesús es el manantial del amor, y Jesús es también el lugar, como los manantiales de agua en la tierra donde se limpia el agua, donde se purifica y se encuentra el verdadero sentido del agua. Porque, no toda agua es buena para beber, y no todo amor es bueno para vivir, para recibir o para dar.
Hay amores que envenenan, porque tienen larvas de mosquitos. Hay amores que envenenan, porque tienen disueltas sustancias que pueden dañar nuestro cuerpo. Hay amores que necesitan ser limpiados en el manantial de Jesucristo.
Y por eso, podemos resumir la predicación de hoy en dos cosas: que hay un lugar donde se puede conocer el amor, y que hay un lugar donde se puede purificar el amor. Ese lugar donde se conoce el amor, y ese lugar donde se purifica el amor, son el mismo lugar, son Jesucristo.
¡Es en Él, especialmente en su manera de amar hasta dar la vida! Porque, Él nos dijo en el evangelio: "No hay amor más grande que dar la vida" San Juan 15,13. ¡Es en Él donde podemos descubrir lo que significa amor!
En los momentos más tristes de nuestra vida, siempre hay una voz que viene del infierno, que viene de las tinieblas y que nos va a decir al oído: "El amor no existe, la felicidad no existe, la fidelidad no existe, la pureza no existe, la sinceridad no existe".
Esa voz que viene de las tinieblas y que viene del infierno, queda derrotada por la Palabra que hoy estamos diciendo.
Hay un lugar donde yo puedo recuperar la palabra amor, y hay un lugar donde puedo purificar la palabra amor. Ese lugar se llama Jesucristo.
Sintamos la alegría de encontrarnos con ese lugar que es el Corazón de Jesús. Sintamos la alegría y la esperanza de purificar nuestros amores ahí.
El amor que tienes por tus amigos, por tu carrera, por tu éxito, por tu dinero, por tu novio o por tu novia, ese amor que tienes, pásalo por ese lugar maravilloso que se llama el Corazón de Jesucristo, para que sea verdaderamente amor; amor que trae vida, no amor que engendra muerte.
Que Cristo venza en nosotros, que nos regale la revelación de la palabra amor, para decirle a este mundo que se ha vuelto cínico, escéptico, depresivo y neurótico: "He encontrado el amor, he recibido el amor, he conocido el amor; y por eso puedo dar testimonio del amor".
Amén.