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Fecha: 20001029
Título: "Senor, que vea"
Original en audio: 16 min. 36 seg.
Realmente, es cosa admirable cómo los relatos de los Evangelios, siendo en general tan breves, tienen tanto contenido.
Podemos decir que el Espíritu Santo llenó de alimento, llenó de fuerza y de vida estas palabras para que fueran sustento de nosotros hasta que Cristo vuelva.
Este evangelio que acabamos de escuchar lo podemos mirar desde varias perspectivas, por ejemplo, miremos el papel de la multitud: "Había mucha gente" San Lucas 10,46, mucha gente estaba con Jesús, ¿ayuda o dificulta el encuentro con el Señor? La respuesta es que la multitud a veces ayuda y a veces entorpece el encuentro con Cristo.
La multitud es como la gloria de Cristo, como la fama de Cristo y por eso este ciego sabe que viene Jesús, sabe que es Jesús por ese barullo, por ese ruido, por esa noticia que trae la multitud, en ese sentido, la multitud ayuda a encontrar a Cristo, si no hubiera esa multitud tal vez Cristo pasaría como un personaje desconocido.
El ciego empieza a gritar: "Jesús ten compasión de mi" San Marcos 10,47, ¿qué nos dice el texto? "Muchos lo reprendían y le decían que se callara" San Marcos 10,47.
Ahora la multitud ya no está ayudando, decirle a la persona que sufre: "¡cállate!", es lo mismo que decirle: "No me fastidies", que es lo mismo que decirle: "Quédate tu con tu problema", y si el ciego se queda con su problema, Jesús no lo sana.
Aquí la multitud que al principio parecía un puente para encontrarse con Cristo, parece en este momento una barrera, un estorbo. El hombre, primero se valió de la multitud para saber que llegaba Cristo, y luego hizo caso omiso de la multitud que le decía que se callara, él seguía gritando.
Cristo oyó y mandó llamar al ciego, se da un encuentro personal, no un encuentro a través de la multitud, sino un encuentro personal; pero cuando Jesús lo llama, ¿qué le dice la gente? "Ten confianza, levántate que te llama" San Marcos 10,49. Ahí la multitud ayuda, da fortaleza, es el ambiente natural de la fe.
El hombre llega donde Cristo y es sanado por Cristo, ¿y qué sucede?, nos dice el texto: "Recobró la vista y fue siguiendo a Jesús por el camino" San Marcos 10,51, él mismo se convirtió también en parte de esa multitud que estaba con Cristo, que caminaba con Cristo, que iba con Cristo, es decir, uno más dentro de ese grupo.
Vamos aplicar eso que hemos descubierto a nuestra vida. Necesitamos de acontecimientos públicos, multitudinarios para encontrarnos con Cristo. La fe es un asunto público, en contra de lo que pretende una cierta ideología.
La fe tiene que tener expresiones públicas, tiene que verse que la gente se reúne, tienen que saberse los milagros, tiene que pasearse Jesús con su gloria, porque sólo así llegará la noticia a mucha gente.
Necesitamos acontecimientos heróicos multitudinarios, necesitamos acontecimientos que reúnan a miles de personas y necesitamos que sigan sucediendo milagros maravillosos.
La fe no es un asunto vergonzoso que hay que esconderlo. Los regímenes comunistas, los ojos que permitían de la fe tenían que ser a escondidas, los regímenes musulmanes, los ojos que permiten de la fe cristiana es a escondidas.
La fe tiene que ser pública también, por eso hay celebraciones que son públicas, por ejemplo, las procesiones, los viacrucis por las calles, las Misas campales, los congresos de evangelización. Hay que hacer encuentros grandes, porque muchos oirán de Cristo así.
La reunión más grande de jóvenes de toda la historia la hizo Juan Pablo II en este año, se reunieron dos millones de jóvenes en una explanada gigantezca, dos millones de personas; el helicóptero del Papa duró minutos sobrevolando esta explanada, ¡conmovedor!, y el Papa derramaba lágrimas de emoción viendo a esos muchachos y a esas niñas.
Esos acontecimientos hay que hacerlos, hay que saber dar testimonio público, porque hay mucha gente que sólo se va a a "pellizcar", como decimos, ante los acontecimientos públicos. Pero no nos quedemos solamente en lo público, la multitud también estorba; hay que encontrarse personalmente con el Señor.
Necesitamos multitudes, sí, las multitudes, no. Hay que dar un paso más, hay que vencer a la multitud en cierto sentido, hay que vencer la inercia, hay que tener el encuentro personal, gozoso inconfundible como el que tuvo este ciego.
San Pablo dice: "Dios me amó y se entregó por mí" Gálatas 2,20. Cada uno de nosotros necesita un acontecimiento así, cada uno de nosotros necesita un milagro así, una sanación así, porque con la sola inercia no se va muy lejos.
La costumbre, la repetición, la Misa cada ocho días, decir: "Bueno, vamos a la Misa", eso no basta, eso no convierte, eso no calienta el corazón, eso no cambia la vida.
Necesitamos la experiencia personal, por eso hay que pedirle a Dios que nos regale también la experiencia personal, y si tú no tienes la experiencia personal del amor de Cristo, pídela, dile hoy mismo al Señor: "Te acepto, te recibo".
Esto es lo que aprovechan, entre otras cosas, los gritos protestantes, exactamente eso. Y nos dicen ustedes, cuando iban a Misa cada ocho días: "Íbamos porque mi papá me llevaba", "porque mi mamá me llevaba", "¿por qué que voy a estar alegando eso con usted?", "pues, yo iba a la Misa, salía, y se acabó".
¿Y usted cree que con esa inercia va ir muy lejos? Un dia que esté usted bien necesitado se va a encontrar con un pastor protestante que le va a decir lo mismo que yo le estoy diciendo: "Hoy, cree en el Señor Jesucristo, dale tu alma a Cristo, dile: "Te acepto como mi Señor y Salvador", "Hijo de David, ten compasión de mí" San Marcos 10,49.
Muchas veces una quiebra, una enfermedad, la terrible soledad, una traición nos hacen sentir toda nuestra miseria, y entonces ahí sí rezamos, no por costumbre. Este ciego, seguramente, se sabía muchas oraciones.
Pero hoy debemos rezar, hoy debemos orar, no por costumbre, sino desde aquí, desde las entrañas: "¡Ten compasión de mi!" San Marcos 10,47. Esa es la oración que sirve para el encuentro personal definitivo, con Cristo.
Si usted no ha rezado con las entrañas, por ejemplo, porque el hijo se le enfermó, porque le descubrieron el cáncer, porque se le incendió la casa, porque los ladrones le acabaron con todo, lamentablemente, son casi siempre catástrofes.
Si usted nunca ha rezado así, tal vez usted no ha tenido la experiencia personal con Cristo, usted va por inercia, la inercia no va muy lejos. Un día se encontrará un elocuente predicador que le va a decir lo que le estoy diciendo hoy.
La multitud es el lugar de la fe; encontrarse sólo con Cristo y vivir sólo con Cristo es muy difícil, necesitamos grupos, necesitamos lugares donde nos den estas palabras, "ten confianza, levántate que te llama" San Marcos 10,49.
Mucha gente cree que hace mucho por Dios porque va a Misa cada ocho días, como quien dice,"¡ya pagué mi impuesto religioso!".
Pues yo les digo, mis hermanos, si ustedes no están alimentando su fe en algún grupo, koinonía, comunidad, cenáculo o alguna cosa así, dejéme decirle que la Misa, muchas veces, aunque es infinita en su significado, no es suficiente para las necesidades de hoy. Necesitamos grupos, lugares de encuentro, por algo será.
La gente que está comprometida con la Iglesia, la gente que está ayudando en las cosas, la gente que se está comprometiendo a evangelizar es la gente que está en grupos.
El católico que únicamente sale de su casa, de su apartamento para el sótano, del sótano en el carro, para la iglesia, de la iglesia para el sótano, para el paseo para..."y ya pagué mi impuesto", ese católico nunca va a tener fuerza para decirle a otros.
"¡Cree, vale la pena creer!", "¡vale la pena amar!", "¡vale la pena darse!". Ese católico no tiene las "vitaminas", porque apenas está pagando un impuesto. Claro, peor sería que no vinieran; pero están pagando un impuesto solamente, están cumpliendo un requisito.
Necesitamos católicos que tengan en sus oídos la voz de una comunidad que le dice: "¡ten confianza, levántate" San Marcos 10,49, te está llamando Cristo! Esa voz hay que oírla a otras personas.
"¡Ten confianza, levántate!" ¿Usted de dónde oye esto? Seguramente no lo oye; si usted no lo oye, ¿qué pasa? Que usted a se le queda la fe como un asunto así chiquito, personal: "Yo con Cristo, Cristo conmigo, yo tengo mis principios y el resto del mundo que se pudra".
Eso no es el Evangelio, eso no es ser bautizado; la luz que tú has recibido la necesitan también otros, pero si no estamos en grupos, comunidades, cenáculos o como usted le quiera llamar, si no se integra usted a una cosa que esté viva, y donde oiga estas cosas, se le muere la fe, hermanito, se le acaba la fe. Cualquier cambio de circunstancias, se le acaba todo.
Por eso la última parte: el ciego, el que había sido ciego recobró la vista y fue siguiendo a Jesús por el camino. Eso es lo que nosotros tenemos que hacer.
Entonces hay que poner tarea, hay que promover los eventos católicos de evangelización públicos, que se vean. También hay que encontrarse personalmente con Cristo y darle una y otra vez nuestro corazón.
Hay que conocer cuáles son grupos de oración, grupos de la Legión de María, del Camino Neocatecumenal, de comunión y de liberación; hay que buscar grupos carismáticos católicos, porque hay carismáticos protestantes.
Hay que buscar grupos, comunidades, si no, van a morir de frío; porque el católico que apenas va para cumplir un requisito y para que no se demore el cura, ese católico nunca va a decir nada de Cristo en ninguna parte; creerá que ya ha hecho gran cosa, pero sus compañeros de trabajo necesitan una palabra de Cristo.
Y ese católico está muy tieso, dentro de su protocolo, dentro de su pergamino, su importancia; está tieso, no sabe hablar, es raquítico. Un católico así es el que tiene a este mundo como está. Necesitamos a católicos que tengan fuego, que tengan amor y que se les vea que brillan, ¡Por Dios!
Tarea: eso usted no va a poder hacerlo solo, y usted con su familia tampoco. Yo también tuve y tengo familia y yo supe la historia de lo que es la mamá tratando de arrastrar a todo el mundo a Misa. Gente así hará muy poco por el Evangelio.
Católicos con fuego, averigüe usted. En este convento, por ejemplo, hay un diminuto grupo de oración los viernes por la noche; averigüe usted grupos de oración, comunidades católicas, lugares donde usted se pueda formar.
Lugares donde pueda orar, cantar; lugares donde le digan: "Ten confianza, levántate que te están llamando";necesitamos eso para llegar al último caso, para estar con Jesús, para seguir a Jesús; eso quiere Dios de nosotros.