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Fecha: 19970824
Título: Jesucristo es mucho mas que un Maestro
Original en audio: 13 min. 49 seg.
Queridos Hermanos:
Uno de los modos de meditar la Palabra de Dios, que sirve no sólo para el texto de la Misa, ni sólo para esta Misa, sino que sirve para cada meditación que nosotros hagamos allá en nuestros hogares, uno de los modos es tratar de hacerle pequeñas preguntas, sencillas preguntas al texto. De este modo, tratamos a la Palabra de Dios como una Palabra viva.
Por bondad del Señor y confianza de mi comunidad, he estado encargado mucho tiempo de labores docentes, especialmente con mis hermanos de comunidad aquí en el convento.
Este convento es también la casa de formación de sacerdotes dominicos de nuestra comunidad aquí en Colombia. Y precisamente por esa labor de enseñanza, he llegado a convencerme de que, si después de una exposición, nadie tiene ninguna pregunta, seguramente fue que no se entendió nada.
La prueba de que uno está entrando en la comprensión e un discurso, de una palabra, de una enseñanza, es que empiezan a surgir dentro de uno las preguntas.
Porque, ya que estamos hablando de Pan de vida y del alimento que es Cristo, debemos saber que, por decirlo así, los dientes y muelas del entendimiento son las preguntas; con nuestras preguntas nosotros masticamos la enseñanza.
Y así como uno normalmente no puede pasarse los bocados enteros, sino que necesita masticarlos; así también, no se puede recibir bien la Palabra de Dios, si no se mastica un poco. y esa masticación es la que hacen las pequeñas preguntas.
Por ejemplo, estos discípulos dicen para sus adentros: "¡Qué enseñanza tan difícil! ¿Quién puede entenderlas?" San Juan 6,60. "¡Qué enseñanza tan difícil!" San Juan 6,60, ¿dónde está lo difícil? Es el ejemplo de una pregunta que uno puede hacerse.
Alguien podría responder: "Pues a ver, como Cristo les había dicho que Él era el Pan vivo, y que había que comer su Cuerpo y había que beber su Sangre, pues eso resultaba muy difícil de entender".
Efectivamente, los judíos entendieron primero muy materialmente esas palabras, y de ahí podemos imaginarnos hasta dónde se escandalizaron, pues su misma ley les prohibía incluso tomar la sangre de cualquier animal. Un judío observante de la ley jamás podrá comer rellena, porque resulta que no se puede probar la sangre de ningún animal.
Y llega Cristo, un judío, y le dice a estos judíos que hay que beberse la Sangre de Él, ¡oh, eso es muy difícil! Es muy difícil de comprender, estoy de acuerdo. Pero, ¿el problema era sólo de entender? ¿Era un problema sólo de inteligencia o de entendimiento? Creo que no.
Este momento es importante, este momento es esencial dentro del camino que recorre Jesucristo. No se trataba solamente de un asunto de entendimiento. Mire, si vamos a hablar de entendimiento, los discípulos casi no le entendían nada a Cristo, casi nada. Todo tenía que volvérselo a explicar y dárselo, como decimos, masticadito.
Los discípulos no eran buenos para entender, y a Jesús a veces incluso se le acababa la paciencia y decía: "¡Torpes!, ¿hasta cuándo tendré que soportaros?" San Mateo 17,17; San Marcos 9,19, porque no entendían, no entendían las parábolas.
Ël decía, por ejemplo, la parábola del sembrador, y todo el mundo: "Ay, sí, qué bonito, qué bonito", pero nadie había entendido nada; y por eso, cuando ya se quedaban en privado, le volvían a preguntar: "Maestro, ¿qué era lo de la parábola aquella?" ¡O sea que no habían entendido!
A mí me parece que a veces puede sucederle eso también al pueblo cristiano: cuando hay algún sacerdote, algún predicador que más o menos gusta con sus palabras, a veces llegamos hasta a decir: " -Sí, habla como bonito", "-¿Pero qué entendiste? Cuando sales del templo, ¿qué entendiste? ¿Qué llevaste para tu vida?"
No nos desviemos de nuestro tema. Los discípulos no entendían muchas cosas, eran más bien como cerraditos, más bien como torpes, y además Jesús hablaba las cosas de una manera tal, que a veces uno sentía que entendía y a veces no; es un lenguaje muy especial el de Cristo.
Con esto ¿qué estoy diciendo? Que si el problema hubiera sido solamente que no le entendían, ¿por qué se fueron? Aquí dice, mire: "Desde ese momento muchos de sus discípulos lo abandonaron y no siguieron con Él" San Juan 6,66.
Pregunta: ¿Por qué lo abandonaron? ¿Porque esta vez no le habían entendido? Respuesta: esa no pude ser la razón, porque resulta que casi nunca le entendían bien, de manea que si se iban a ir porque no le habían entendido, se hubieran ido hacía mucho tiempo. Y el Evangelista es muy claro: "Desde ese momento, desde ese momento abandonaron a Cristo" San Juan 6,66.
Luego no se trata sólo de un problema de inteligencia, de comprender que ese cuerpo se refería, qué sé yo, a la Eucaristía, a la enseñanza, o a lo que hubiera sido.
¿Por qué lo abandonaron? ¿Qué fue lo que les pareció tan difícil? Para intentar una respuesta, yo quiero hacer una comparación un poco agresiva. Vamos a hablar de la gnosis, la palabra empieza con gn, gnosis; uno se encuentra por ahí propaganda para la gnosis.
Los gnósticos, es decir, los seguidores de esa especie de enseñanza, ellos dicen: "No somos una filosofía ni una religión, somos como una escuela de vida", la gnosis. La gnosisi se supone que transmite enseñanzas milenarias que ayudan a depurar el espíritu y levantarlo hacia nuevos niveles de luz. Eso se supone que hace la gnosis.
Los gnósticos, y gnóstica es toda la Nueva Era, por cierto, toda la Nueva Era es gnóstica, los gnósticos ven, en el camino de purificación y de iluminación, la salvación de la persona, aunque ellos no hablan de salvación; iluminarse, llenarse de luz. Y para ellos la palabra fundamental es la palabra "maestro", quién es un maestro.
Entonces, si usted es un cristiano convencido, y usted habla con un gnóstico, él le dice: "¡Qué bien que tú seas un seguidor de Jesucristo! ¡Qué bien! Jesucristo es uno de los grandes maestros de la humanidad! Los gnósticos no rechazan a Jesucristo, por lo menos no abiertamente.
Ellos admiten a Jesucristo como "el maestro", como "un maestro", desde luego que junto a cristo añaden otros maestros, qué sé yo, Buda, por ejemplo, Lao Tsé, Confucio; para ellos todos son grandes maestros, entre los cuales sobre sale la figura de de Cristo, el maestro. Pero ese es el problema que aparece en este evangelio.
¿Cuándo nos hemos encontrado con un Buda que diga: "Tienen que alimentase de mí"? ¿Dijo eso gautama Buda alguna vez? Nunca. ¿Nos hemos encontrado un Mahoma que diga: "Si ustedes no se alimentan de mí mueren"? Nunca. ¿Nos hemos encontrado con algún filósofo, con algún pensador, con algún maestro, de los que dicen los gnósticos, que diga: "Tiene que comer de mí"? ¿Eso lo ha dicho maestro alguno? Jamás, sólo Jesucristo, sólo Jesús.
Y precisamente eso es lo que escandaliza a esos discípulos, y esto es lo que sigue impidiendo a muchas persona aceptar con todo su corazón a Jesucristo.
Me explico: tener un maestro es algo grande, pero no es todo; y precisamente, en este discurso del Pan de vida, Jesús muestra que Él es más que un maestro, que Él no viene simplemente a dar consejitos, que Él no trae simplemente iluminaciones, que Él no quiere solamente nuestra inteligencia. Eso fue lo que escandalizó, eso fue lo que hizo que retrocedieran todos estos discípulos.
Ellos admitían a Cristo como Maestro, fíjate que le dicen, dice el Evangelista: "Muchos de sus discípulos" San Juan 6,60, ellos se llamaban discípulos, porque aprendían de Él y porque Él era su Maestro; y tomar a Jesús como Maestro es grande, pero no es todo. Ese es el mensaje del evangelio de hoy.
Ser maestro, Jesucristo, es maravilloso, pero no es todo, ¿por qué no es todo? Porque resulta que cuando yo pienso en Jesús como maestro, en el fondo lo que Él me da son palabras de enseñanza y buenos ejemplos, ¿y a quién le toca hacer la fuercesita? ¿A quién le toca hacer el esfuerzo? A mí.
Si yo considero a Cristo sólo, atención, sólo como mi maestro, quiere decir que Él me enseña, pero que la fuerza es mía, es a mí a quien me toca hacer la fuerza, como pasa con un maestro, supongamos un maestro de beisbol, por ejemplo, el maestro le dice al pitcher, al lanzador: "Tú tienes que tomar la bola así, hacer esta operación, y la lanzas de este modo". ¿Pero a quién le toca hacerlo? Al muchacho que está aprendiendo, al deportista, al discípulo.
Si Jesús fuera sólo nuestro Maestro, quiere decir que el esfuerzo nos toca a nosotros, ¿y sabe qué quiere decir eso? Que el mérito y la gloria también son para nosotros; si el maestro me enseñó cómo tirar la bola en el juego de béisbol, quiere decir que el día que yo lo haga bien, el mérito y la honra y la gloria son para mí, porque yo fui el que lo hice.
Pero hoy Cristo dice, -hoy y en los anteriores textos que hemos escuchado sobre el Pan de vida-, Cristo dice: "Si no coméis la carne del Hijo del hombre, si no bebéis su Sangre, no tendréis vida en vosotros" San Juan 6,53. Esto quiere decir: No soy solamente vuestro Maestro, soy vuestra vida, soy todo para vosotros.
Es lo mismo que en otro lugar, capítulo quince, va a decir: "Sin mí, nada podéis hacer" San Juan 15,5, y aquí es donde los gnósticos se van; aquí es donde lo gnósticos, que ya estaban aquí presentes, se largan, ¿por qué? Porque querían que la gloria fuera para ellos.
Sí, querían que Jesús fuera sólo el maestro, para entonces decir: "Él me enseño pero yo lo hice", y Jesús en este texto muestra que la gloria es sólo para Dios, que la salvación es sólo gracia, que sólo su amor, que sólo su poder puede tomar hasta las fibras últimas de nuestro ser y volverlo, en el camino de la luz, hacia Dios Padre. Eso fue lo que hizo que muchos se devolvieran.
Este es un evangelio que precisamente muestra que la gloria es sólo para Dios, y que Cristo es mucho más que un maestro. Y esto explica por qué este Maestro, cuando se está muriendo en la Cruz, está callado. Jesús en la Cruz permanece la mayor parte del tiempo en silencio y en oración. No está dando simplemente enseñanzas, no está dando ejemplo, está dando Espíritu, está dando gracia, está dando vida, y sin la vida de Él, nada, nada, nada podemos hacer.