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La primera lectura de este Domingo, está tomada del capítulo noveno del Libro de Los Proverbios (cf. Pr 9, 1-6), y el Evangelio, está tomado del final del capítulo sexto de San Juan (cf. Jn 6, 51-58).
Seguramente tomamos nota de que este texto del Evangelio, va en continuidad con los textos que hemos tenido los domingos pasados. Hemos leído paso a paso, el maravilloso capítulo sexto de San Juan, que empieza con la multiplicación del pan, el pan para nuestro cuerpo; y que termina en la maravillosa revelación de Cristo, como verdadero pan. Primero, Cristo, nos da el pan; al final del capítulo, Cristo, se da como pan. Y esto le da un significado muy especial a la primera lectura, la del Libro de Los Proverbios, porque ahí encontramos una invitación de Dios: “Vengan al banquete que he preparado, coman de lo que yo quiero ofrecerles” (9, 5).
Es decir que estas lecturas, realmente tienen mucho que ver con el alimento, tienen mucho que ver con lo que nosotros comemos o no comemos, y por eso es una buena ocasión para preguntarnos: ¿de qué nos estamos alimentando?, y puesto que el capítulo sexto, va del pan material al pan espiritual, yo quiero situar la pregunta exactamente en ese alimento espiritual, por ejemplo: ¿qué alimenta tu mente?, ¿qué alimenta tus sueños?, ¿qué alimenta tus sentimientos?, ¿qué alimenta tu esperanza?, esa clase de alimentos, ¿los revisamos con tanto cuidado, como solemos revisar los alimentos que van a entrar por nuestra boca, y a seguir por el esófago hacia el estómago, según nos enseña la Biología?.
Cuando nosotros, “hoy”, vamos al supermercado, o cuando compramos cosas en una tienda, muchos nos preguntamos: a ver, ¿esto estará limpio?, ¿esto tendrá químicos?, ¿esto tendrá pesticidas?, ¿esto tendrá suficientes vitaminas?, ¿este será un alimento transgénico?; todas esas preguntas (incluso sofisticadas), nos hacemos antes de meter cosas en nuestra boca; bueno, y ¿qué pasa con las cosas que metemos en nuestra cabeza?, ¿qué pasa con las cosas que admitimos en el corazón?, ¿qué pasa con los pensamientos que rumiamos en nuestra mente?, ¿le hacemos el mismo examen?.
Hoy Dios nos invita a alimentarnos de su divina Palabra, a alimentarnos de su Cuerpo y de su Sangre, nos invita a recibir alimento de máxima calidad, porque si estamos alimentados de Cristo, entonces la vida de Cristo está en nosotros.