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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20060702

Título: Dejemos que Dios cambie nuestra agenda

Original en audio: 7 min. 40 seg.


Queridos Hermanos:

Yo creo que estaremos de acuerdo en que el evangelio de hoy es muy particular, porque se trata de un milagro dentro de otro milagro.

Estaba Jesús ocupado, de camino a una sanación. Iba a curar a una niña enferma. Durante el curso de los acontecimientos, viene a resultar que esta niña muere.

Y estando de camino, surge esa otra historia paralela, la de la mujer que tiene su enfermedad y su vergüenza por el flujo de sangre. Entonces, se acerca, y por decirlo de alguna manera, quiere arrancarle ese milagro a Jesús.

Jesús, que ya estaba ocupado haciendo el bien, buscando a esa niña para sanarla, tiene sin embargo tiempo, tiene corazón, tiene una mirada y tiene misericordia para con esta mujer que ha estado enferma.

¡Es maravilloso pensar que el amor dilata nuestras agendas, las agranda! El amor multiplica nuestro tiempo. El mismo Jesús que multiplicó los panes, multiplica el tiempo.

Y amar es en buena parte éso. Amar es encontrar ese tiempo para servir más, para escuchar más, para curar más, para dar más vida.

¡Qué agudo contraste podemos hacer, hermanos, entre esta manera de actuar de Jesús y lo que nosotros encontramos muchas veces en las personas ocupadas de esta época! ¡Qué agudo contraste, cuando pensamos que la frase más repetida por los altos ejecutivos, es: "No tengo tiempo; mi agenda está llena"!

Nos puede pasar a todos, sin duda. Pero, es maravilloso saber que a Jesús no le pasa. Y es maravilloso ver que a los de Jesús tampoco les pasa, por así decirlo.

Pensemos en los grandes santos. Pensemos en una Santa Teresa de Jesús, la gran Santa de Ávila. Ella tenía casi cuarenta años cuando su gran conversión hacia Jesucristo. Aparentemente, no le quedaban demasiados años de vida. Mas, en esos años que le quedaban, reformó completamente la Orden del Carmelo.

Fundó decenas de monasterios, instruyó en el camino de la santidad a tantas religiosas, fue la gran inspiración de muchos hombres consagrados de su época y de otras épocas. Aparte de eso, escritora, contemplativa y tantas otras cosas más.

O, pensemos en la otra Teresa, esa Teresa cercana a nuestra época, la Madre Teresa de Calcuta. ¡Cuántos enfermos, por Dios, recibieron la bendición de su trato, de su mirada, de sus manos, de su corazón lleno de amor!

O, pensemos en la agenda de Juan Pablo Segundo, casi podría decir yo, de cualquier Papa.

¿No es una maravilla ver cómo Dios multiplica nuestro tiempo? Lo multiplica, porque lo hace eficiente. Lo multiplica, porque lo hace fecundo.

Jesús, cuando oró al Padre en esa oración que llamamos sacerdotal, del capítulo diecisiete del evangelio de Juan, le dijo: "Para que sean uno con nosotros" San Juan 17,21.

Y el mismo Jesús, en el capítulo quince de ese evangelio, dice: "Yo los he destinado para que vayan y den fruto" San Juan 15,16.

Lo que nosotros necesitamos, no es una vida más acelerada, sino una vida más fecunda. Lo que nosotros necesitamos, no es un mayor número de cosas para hacer, sino una mejor manera de hacer las cosas.

Tenemos que encontrarnos con muchas personas, tenemos que llegar a muchos corazones, tenemos que bendecir a mucha gente. ¡Sólo Dios sabe cuáles son los caminos!

Jesús, que estaba completamente entregado a la voluntad del Padre, en realidad tenía su agenda en las manos del Padre. Hagamos nosotros lo mismo.

Muchas veces, una interrupción en nuestro camino es una bendición, no sólo para otras personas, sino también para nosotros. ¡Es toda una ciencia!

Es toda una ciencia y una sabiduría que viene del Cielo, éso de dejarse interrumpir por Dios. ¡Deja que Dios interrumpa un poco tus planes!

Mi papá suele recordar con gusto una enseñanza que recibió siendo apenas un niño, allá, en el Colegio San José de los padres jesuitas, en Barranquilla, Colombia.

Alguien, alguno de sus profesores en ese colegio, un jesuita, le enseñaba a él y a todos: "Si vas de camino y encuentras un templo que esté abierto, no pierdas la oportunidad de entrar, aunque sea sólo un minuto".

Tal vez le dices a Jesús: "Ahora mismo, estoy muy ocupado. Ahora mismo, voy de carrera. Pero, este es solamente un saludo; es para saludarte, es para adorarte, es para reconocerte aquí presente", o cualquier otra frase.

Es decir, si vas de camino, y aparece una iglesia, y en esa iglesia está Jesús, déjate interrumpir por Jesús, aunque sea sólo un minuto.

Jesús se deja interrumpir por esta mujer que estaba enferma. ¡Déjate interrumpir por Jesús! ¡Deja que Jesús algunas veces cambie tu agenda! Deja que Jesús cambie unas vacaciones tuyas. ¿Por qué tienen que ser todas tan iguales? Deja que Jesús cambie algunas de tus noches. ¿Por qué tienen que ser siempre las mismas?

¿Por qué no sacar una noche distinta? ¿Por ejemplo, para, -¡qué sé yo!-, un grupo de oración, para un rosario especial, para hacer un rato de adoración ante el Santísimo Sacramento?

¡Déjate cambiar la agenda por Jesús! ¡Déjate interrumpir por Él! Descubrirás que tu tiempo, cuando está en sus manos, se bendice de una manera maravillosa.

El Señor bendiga tu tiempo y mi tiempo. El Señor nos ayude a ser fecundos, a llevar vida, amor, sonrisa, y esa mirada de paz a todas partes.

Amén.