O275002a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20001013

Título: ¿Cual es el problema de rechazo al Evangelio?

Original en audio: 41 min. 22 seg.


                                             CONTINÚA LA REVISIÓN....

Las dos lecturas que hemos escuchado, nos hablan del rechazo a la oferta de Dios. En realidad, este es el tema de la Carta a los Gálatas.

Resulta que Pablo pasó predicando la obra de la gracia que sucede mediante la fe; detrás de Pablo, una serie de personajes, que podríamos llamarlos los "lambones", íban ahí metiéndose, entrometiéndose, y con una historia de que había que guardar toda la Ley de Moisés.

Sacando una conclusión que es extraña, pero que no era del todo ilógica. La Ley de Moisés tenía una perfección que nadie podía alcanzar, ahora, con el Espíritu Santo, esa perfección se hace posible, y alguien podía pensar y podía predicar, y eso era lo que hacían ellos.

Ahora que esa perfección es posible, hay que predicar esa Ley para que se vea que esa perfección es posible. Pero ese era un lazo muy terrible, porque en la práctica terminaba haciendo que la gente pusiese su salvación a depender del cumplimiento de la Ley de Moisés, como si no se hubiera predicado la fe en Cristo.

En la práctica ese énfasis en la Ley de Moisés terminaba negando la obra que es un regalo, que no es por el cumplimiento de las obras sino que es por el regalo de la fe. De modo que la Carta a los Gálatas hace referencia al rechazo de la gracia. En ese caso, ¿por qué se rechaza la gracia? Se rechaza porque se prefiere la Ley de Moisés. El cumplimiento de las obras de la Ley, eso era lo que predicaban los "lambones" aquellos y eso es lo que Pablo critica; contra eso es lo que él se opone con fuerza.

En el evangelio nos encontramos con otro rechazo: está Nuestro Señor Jesucristo expulsando un demonio, y efectivamente, brilla el señorío de Jesús, brilla la gloria de Dios, pero entonces aparecen también unos opositores tergiversando, retorciendo las cosas: "Si éste expulsa a los demonios, es por el poder de los demonios"(véase San Lucas 11,15).

Fíjate que la expulsión de los demonios era una gran noticia y es una buena noticia, una maravillosa noticia porque indica, como lo dice Jesús en su comparación, que ha llegado uno más fuerte y que tiene poder incluso con ese que parecía tan fuerte. Dice Jesús: "Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros" (véase San Lucas 11,21-22).

Ese es el demonio cuando se ha enseñoreado de una vida: es fuerte y bien armado, pero llega otro más fuerte y le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín, eso es lo que llega a hacer Cristo, se mete en ese castillo en donde tenía su imperio Satanás y le quita las armas de que se fiaba.

Es tan hermoso lo que dice San Pablo: "Vosotros, que disteis vuestros miembros como instrumentos del pecado, haced ahora de ellos herramientas, armas de justicia" (véase Carta a los Romanos 6,13). Le quita las armas al demonio, de manera que la inteligencia que antes servía para pensar perversidades, ahora es una inteligencia en función del Reino de Dios; y la voluntad que antes servía para el odio, ahora sirve para el amor, y así sucesivamente.

Así que la expulsión de los demonios es una obra que habla de la gloria de Dios, pero esta gente no lo entiende, se resiste, tienen el corazón duro y dicen: "No, esto debe ser que Él tiene tratos con el demonio y por eso echa el demonio". Por eso estas dos lecturas de hoy tienen, podríamos decir, un fondo sombrío, porque de lo que se trata es de dos modos de rechazo a la obra de Dios, al plan de Dios, al querer de Dios.

Un segundo punto es: ¿por qué se da ese rechazo? ¿O será que las causas de ese rechazo se siguen dando en nuestro tiempo? Porque nuestro tiempo no parece demasiado cristiano. Hace poco le escuché ua predicación a Monseñor Germán Morales, hablando del matrimonio, tema en el que ciertamente es gran conocedor por su experiencia sacerdotal y por su labor en el Tribunal Eclesiástico, y decía casi en el principio de su predicación: "Estamos en un mundo pagano, partamos de esa base, el mundo es pagano".

La versión, la idea que tiene de hombre, de mujer, de matrimonio, de familia, de dinero, de descanso, la idea que tiene de cada una de estas cosas, no es la idea que Dios tiene, es la idea que surge del paganismo, de la adoración a las creaturas y no de la adoración al Creador. Pero he aquí la contradicción: un mundo pagano y un mundo de bautizados, un mundo pagano donde se celebran no sé cuantas Eucaristías, donde hay tantos grupos de oración, donde hay tantas predicaciones, ¿dónde está el rechazo?

Yo pienso que todo evangelizador tiene que hacerse esa pregunta: "¿Por qué el rehazo? ¿Cuál es la pieza que nos está haciendo falta? ¿Por qué no lo logramos? ¿O será que no todo depende de nosotros y de nuestro estilo?" Son cosas que hay que reflexionar, pero pronto.

Porque, por ejemplo, este colegio que nos está hospedando tiene más de mil estudiantes y si ahí hay tanto rechazo, si sentimos que hay ese rechazo, esa barrera de indiferecia, desprecio, ironía hacia las cosas de Dios, por lo menos en una inmensa mayoría, ¿qué pasa? ¿Cuál es la pieza que nos hace falta? ¿Por qué tantos padres sufren viendo que sus hijos como que escogieran repetir el camino completo?

Es decir, no aprenden de la experiencia de los papás, lo ideal sería que los hijos empezaran donde termina el papá, si el papá y la mamá se convirtieron, los niños debería arrancar en ese nuevo nivel para subir más, de manera que los hijos de ellos arrancaran en un nuevo nivel y así serían las olas de santidad.

Pero vemos que eso no sucede fácilmente, hay una pieza que hace falta, hay una resistencia, así como pasó en el caso de los Gálatas que se predica del amor, de la gracia y no se vuelve a la ley mejor y se muestra la gloria de Dios, como en la expulsión de ese demonio en el evangelio de hoy, "¿ Y no debe ser que usted es un personaje que tiene tratos con el demonio?" ¡Qué cosa tan terrible! ¡Cómo se les ocurre decir eso de Cristo!

De manera que el segundo punto de nuestra reflexión es ese, que tengamos conciencia de que hay una o muchas piezas que nos están faltando, hay algo que falta. Y por eso, para terminar este segundo punto de nuestra reflexión de hoy, ¿sabe quién viene a mi memoria? Bill Gates, porque él tal vez es uno de los más grandes empresarios de nuestro tiempo, tiene una serie de consignas que tienen su sabiduría, son cosas que hay que verles la lógica y hay que ver que tiene su razón.

El hombre, por ejemplo, mire esta política de la cual él ha hablado varias veces, yo la he leído como en dos o tres lugares, él dice que en su compañía en Microsoft Corporation tienen un papel importantísimo las malas noticias, él dice que la buena salud en el liderazgo de una buena compañía depende de la rápida y clara difusión que tengan las malas noticias".

Mire este empresario, las malas noticias, ¿y por qué? Dice Bill Gates: "Porque en la medida que toda la Compañía sepa que no estamos funcionando, no lo estamos logrando, la competencia logró algo mejor, nuestro producto no se vende; en la medida en que la Compañía sepa, en esa misma medida todo el mundo sabe hacia dónde tiene que trabajar".

Lo anterior nos da pie para el tercer punto de nuestra reflexión de hoy. El problema es aburrido, los problemas son aburridos, tener problemas a nadie le gusta, tener frustraciones a nadie le gusta, pero todo problema es una ruta, un problema acogido es una ruta de solución, un problema no acogido es una bomba de tiempo, es una herida insepulta, lo que está haciendo es produciendo la catástrofe que un día le llega desde las espaldas y se la come viva.

La Iglesia Católica no ha aprendido esas lecciones, nosotros necesitamos conversar muchísimo más, claro, cada cosa hay que conversarla en su momento y en su debida instancia, pero necesitamos hablar de todo lo que no estamos logrando, de todo lo que no estamos consiguiendo, de todos los lugares a donde no estamos rotando.

Si nosotros todos tuviéramos eso suficientemente claro, todos nosotros estaríamos muchisímo más empeñados en el Evangelio. Por eso, la ruta inmediata de la Iglesia, la ruta inmediata de una agrupación como la de Kejaritomene, para un sacerdote, para un religioso es: ¿a dónde hay problemas, dificultades? ¿Qué es lo que nos está trancando? Ahí es donde hay que trabajar y ahí es donde hay que vencer.

Además eso fue lo que nos enseñó, por lo menos a nosotros los Dominicos, nuestro Fundador. Santo Domingo de Guzmán fue un hombre así, él no tenía computador ni agenda ni grabadora, no tenía nada de eso, pero él tenía una visión tan supremamente adelantada, ¡es impresionante! Si ustedes no lo sabían, les cuento que una parte importante de la Constitución de Gran Bretaña, se inspira en las Constitucines de los Frailes Predicadores, para que ustedes vean la capacidad de visión de Santo Domingo de Guzmán.

Bueno, Santo Domingo de Guzmán se dió cuenta que tocaba luchar ahí en el terreno, en su caso se llamaba una zona al Sur de Francia llamada "Languedoc", allí había una ciudad que era la ciudad problema llamada "Tolosa", pues allá en la zona problema y en la ciudad problema, allá fue Santo Domingo, allá vivió la mayor parte del tiempo en que gestó la Orden de Predicadores, vivió en soledad, por eso considero que la soledad es muy importante para este tipo de obras de evangelización.

La soledad es muy importante para la evangelizacion, sin quitar la importancia que tiene la vida comunitaria, pero tiene que ser una vida comunitaria que ayude a que cada uno esté bien solo, esa es la vida comunitaria que en realidad propuso Santo Domingo.

El día que nosotros la entendamos, me parece que vamos a ser muy buenos Dominicos. Una vida comunitaria basada en garantizar el bien de la soledad para una cantidad de personas, de eso predicaremos en otra ocasión, Dios mediante, pero estoy convencido de que eso es así y en los mejores tiempos de la Orden, los Frailes han vivido así.

Santo Domingo, de hecho, empezó en una gran soledad, y allí se dió cuenta de una gran cantidad de cosas que estaban funcionando mal, y fue ahí precisamente, en el centro del problema, en Tolosa, donde se fundó el primer Convento nuestro.

Fue ahí en San Román de Tolosa, 1216, donde se funda el primer convento. Yo por eso creo que aquí también tenemos que hacer lo mismo. A ver, ¿cuál es el centro del problema? ¿Dónde se está perdiendo la gente? Los niños no, se estan perdiendo muchos, pero no es la zona más crítica, la zona más crítica es la adolescencia, la juventud.

El niño resulta todavía un poco dirigible, lo cual no significa manipulado, la zona más terrible de rebeldía está en la juventud, lo cual quiere decir que si queremos realmente evangelizar, tenemos que centrarnos en los problemas de la juventud y tenemos que producir realidades nuevas, imposibles de explicar desde la juventud.

Por eso yo estoy convencido de que hay que caminarle a proyectos como el de las "Vírgenes", proyectos como el de niños del grupo vocacional, estoy convencido totalmente de eso, y cada vez más, porque la manera de trabajar con una cantidad de jóvenes rebeldes, aburridos, apáticos, masoquistas, si uno pretende con ese género de personajes ver cómo: "-¡Mira te voy a contar, pero no te voy a quitar mucho tiempo", "- Resuma".

"- Mira espera, tranquilo, no te me tensiones, quiero llegar a ti de la mejor manera, voy a ser tu amigo, luego vamos a oír tu música, no voy a cambair nada en tu mundo" "-Resuma". "-Mejor dicho, en síntesis es, tratemos de hacer esto un poco más humano, o sea que sea un poquito mejor". "-¡No quiero!" "- No, pues mira, no te pongas en esa actitud, espera, te pido, mejor dicho, me arrodillo..."

Eso no va a ir a ninguna parte. Necesitamos unos jóvenes que sean santos, que tengan una lógica distinta, jóvenes indescifrables, hombres y mujeres, indescifrables para sus compañeros, esa es una clave importante, hay que aprender a ser indescifrable, pero no desde el capricho sino desde la calidad de una propuesta que desborda la nada en la que vive la gente.

Por eso Santo Domingo le apostó al franco, un fraile tiene que ser un jóven indescifrable, ¿qué quiere decir eso? Quiere decir que el modelo del joven no puede estar en lo normal, tampoco en lo anormal; el modelo de fraile y el modelo vocacional es el modelo del que está redefiniendo lo normal, esa es la idea; no es ponernos en el terreno de qué es lo normal hoy o qué es lo anormal hoy, sino en el terreno de redefinir lo normal. A Santo Domingo le funcionó, y yo creo que esa fórmula sigue funcionado.

Mire, todos los frailes normales que he conocido, he visto que tienen una dificultad, y es que dependen demasiado de las obras como están y del mundo como está y de los amigos como están, y así es muy díficil que pase nada; entonces los frailes tienen que ser anormales, no por una propuesta de anormalidad, sino por una búsqueda de una nueva normalidad.

El Papa, que es un Profeta, él le ha hecho ver eso de muchas maneras a los jóvenes, la última vez allá con los dos millones de la Misa del Encuentro de el Juventud. El chiste está en eso, redecimos su normalidad desde Jesucristo sin preocuparse de qué es lo normal o anormal para el mundo.

Redecir a lo normal desde Jesucristo, eso fue lo que hizo Santo Domingo, pero no sólo él, todos los Santos han trabajado en eso, especialmente los Santos de esos tiempos grandes de cambio. Luis Beltrán es alguien rarísímo, absurdo, pero ese hombre absurdo, no por ser raro, no por ser cuento aparte, no por ser original, -me fastidia la palabra original-, manipulan a los muchachos, los van llevando así: "¿En qué tienda tengo que comprar?" "¿A dónde tengo que ir?" "¿Y ahora qué me pongo?" "¿Ahora qué me quito?"

¡Es una cosa tan terrible! Cuando ya les han exprimido todas las tarjetas, el muchacho dice: "¡Entonces ya soy original!" ¡Qué esclavitud tan terrible! Redefina lo normal desde Jesucristo, usted se convertirá en una persona indescifrable.

Claro, no porque a uno le provoque ser raro, a mí no me interesa ser raro, a mí me interesa ser de Jesucristo, lo que pasa es que siendo, resulto indescifrable para la gente, ¡que importa! Pero para tener esa libertad tiene uno que estar acostumbrado a la soledad, si la persona no está acostumbrada a la soledad, cuando se siente solo, entonces le va dando como frío, miedo, no sabe qué hacer, entonces se vuelve normal, es decir, se consigue por allá sus amigos y amigas, va a comer hamburguesas, va a portarse normal.

Pero el problema no está en las hamburguesas o el arroz chino, sino en que pierde una opción básica de trabajar por Cristo con quien esté y donde esté, esa opción la pierde, entonces una vez que la gente se da cuenta que este fulano a ratos trabaja por Cristo y a ratos no trabaja por Cristo, entonces la gente dice: "Eso es un payasito que representa un papel", y lo grave está en si estamos o no representando un papel.

Todas estas reflexiones surgen de constatar que hay rechazo al Evangelio, de constatar que sólo cuando hagamos del rechazo al Evangelio el tema central de nuestras vidas, empezaremos a ser evangelizadores.

El problema que yo veo con los frailes es que no están obsesionados por Cristo, eso es lo que me preocupa, no les quita el sueño la conversión de la gente, ese es el problema, es decir, lo de hoy, no están obsesionados, no están muertos por el problema de la conversión.

Por eso yo creo que hay que tener ternura, pero no se puede aceptar por la ternura, porque ella no va muy lejos y empieza a crear unos círculos donde todos nos abrazamos, lloramos; no sirve, pero claro, yo sé que se necesita, toda vida requiere un poco de ternura, de cariño; pero es mucho más que eso lo que se necesita, se necesita gente que sea capaz de ternura, porque si no, ¿cómo abrazamos al pecador y que nos crea? Gente capaz de ternura, pero también capaz de soledad.

El que sea capaz de ternura y soledad, el que viva obsesionado por la conversión, el que tenga presente siempre dónde se está rechazando a Cristo, el que apueste por ser indescifrable, porque está definiendo su normalidad desde Jesús, ese es el que sirve para evangelizador.

Y por eso la respuesta hay que darla en el propio terreno, y esa es la propuesta que hay que hacer. Créanme, por favor, antes de que sea tarde, que esa es la propuesta que hay que hacer. Vamos a ver qué pueda resultar. Yo quisiera terminar ahí, pero falta sacar un par de conclusiones de qué tipos de rechazos son los que están aquí.

Para abreviar, sólo que quiero referirme al de la primera lectura la de la Carta a los Gálatas. Rechazo de "yo lo voy a hacer a mi manera". Llega Dios y trae un maravilloso regalo para uno y uno dice: "Bueno, aquí está su regalo, muy bueno su regalo, pero me ocupó todo el garage; sáquenlo, yo lo voy a hacer a mi manera, a mi estilo, eso es lo que yo voy a hacer". Me doy cuenta de que ese es un problema muy grave, porque la demora está en que uno le acepte el camino a Dios, esa es toda la demora en la conversión.

Mira, Dios tiene una corriente potentísima de amor, proyectos, sabiduría y de poder, si tú te montas en ese supermetro, en ese transmilenio del amor poderoso y sabio de Dios, tú vuelas; esas son las obras que prosperan, esas son las cosas que rinden, es tan fácil como eso, si tú vas a favor de la corriente de Dios, si te montas en el superexpreso de Dios, vuelas, por ese lado las cosas vuelan.

¿Saben una cosa? Que los Fundadores nuestros fueron así. Santo Domingo, San Francisco, Santa Teresa de Jesús, es tan simpático en el caso de Santa Teresa ver que ya a lo último de su vida no le estaba alcanzando para fundar monasterios, ya no le alcanzaba la vida, mientras tanto ve uno los monasterios que uno conoce: "-Ya tenemos dos novicias", y vuelve uno a los dos años: "-¿Y qué hay de las vocaciones?" "-Pues ahí van creciendo las vocaciones", "-¿llegaron más?" "-No, engordaron las que había".

Ahí debe haber algo grave. O sea que las obras de Dios no pueden ser tan lentas. Ustedes saben que eso tiene unos procesos: que Primera, Segunda, Tercera Generación. Miren, creánme que la Primera Generación debe estar en el orden y las decenas de miles; la Segunda Generación debe estar en el orden de las centenas, centenares de personas en procesos de formación; y la Tercera Generación, la gente metida en la vida mística, deben ser decenas de personas metidas en eso, por lo menos esa proporción deberíamos tener; estos no son sueños, ésta es la historia de la Iglesia.

Cuando empezaron los monasterios allá en el alto Egipto, ese tiempo fue emocionante, lo que pasa es que nadie conoce eso, pero ese tiempo fue fascinante. ¡Hay unos escritos tan hermosos! Decía un autor, -ojalá me acordara el nombre-: "Y vimos al desierto poblarse y era un poblado de Santos".

Efectivamente, eso fue como una fiebre maravillosa y fueron creciendo los yermos, los monasterios y se fundaba el uno y el otro. Así como crece la vida consagrada, asi crece la vida familiar, y así los hogares santos, y los niños santos, y se va formando, va creciendo, ese es el orden natural. ¡Es que el Evangelio es una noticia muy poderosa para que crezca tan raquítica!

Tiene que haber algo que está funcionando muy mal porque el Evangelio debe propagarse mucho más, mucho mejor. Aquí toda la gente que nos oye a nosotros, -aqui los Dominicos somos la Provincia de Colombia-, dicen: "-Bueno, ¿y cuántos estudiantes son?" Yo siempre pregunto: "-¿Vivos?" Porque vivos, vivos, unos poquitos; "-¿cuántos son?" "-cuarenta y un estudiantes". A mí me parece un número ridículo, no muerden ni un problema en la tercera parte en Ciudad Bolívar; ¿qué son cuarenta y un estudiantes?

Es que deberíamos estar fundando conventos dos o tres por año, debería haber como hubo en el tiempo de San Luis Beltrán, noviciado y postulantado en cada convento, y fundar conventos grandes, eso sería meterse en el problema de la violencia y de la paz, de la conversión y de todo eso.

Nosotros no rasguñamos los problemas del país, ¿saben por qué se admiran de nosotros? Porque en otras partes no hay ni eso, ¡hay una cantidad de entidades de la Orden que están en un raquitismo y que están en una artritis! ¡Estamos muy mal! ¡Y nosotros los Dominicos somos de los que tenemos buena salud vocacional!

O sea que realmente la situación es crítica, esto realmente es de sentarse a llorar, a clamarle a Dios que nos perdone, que nos dé la conversión, que podamos entender, por favor, el tamaño de la proporción que tiene el Evangelio, es que el Evangelio es para la renovación del universo: "Vaya, predique a toda creatura; renueve todas las cosas, haga todas las cosas nuevas" ( véase)

¿Qué pasa? ¿Cuántos frailes deberían ser? Miles y miles de frailes predicando por todas partes, lo mismo quiero yo de todas las comunidades, lo mismo, que se multipliquen los matrimonios santos, las vocaciones santas, se necesita eso, pero el problema está en que uno quiere hacer las cosas a la manera de uno y así si es en cámara lenta; cuando uno se pasa al carril envalado, que es el de Dios, ahí sí la cosa rinde.

Mire, el final del siglo XIII fue un sueño, toda la rivera del Rhin se pobló de Monasterios y de Conventos, fue impresionante. El quinto Maestro de la Orden, que yo cito con frecuencia, el Venerable Humberto de Romanis, tuvo que ponerse en le Capítulo General, "oiga, hagamos algo, porque no podemos comprometernos ni siquiera a visitar todos los monasterios que se están fundando".

Calcule, Dios quiere eso, Dios quiere primavera, pero hay que pasarse al carril rápido, hay que pasarse al estilo de Dios, eso fue lo que no hicieron los Gálatas, porque ellos estaban pretendiendo, por lo menos los que estaban envenenándoles el alma, sí estaban diciendo: "No, que la Ley de Moisés, que a nuestra manera, que a nuestro estíilo". ¡Que no, hombre, era al estílo de Dios! Conviértete en una paloma como el Espíritu, déjate guiar por el viento impetuoso de Dios, verás obras grandes, Dios tiene planes grandes para ti y para mí.

Me parece tan rídiculo que en un país tan minúsculo, tan emproblemado y tan mediocre como es este país, y surgen dos o tres cosas dentro de la Iglesia Católica, y ya todo el mundo empieza las prevensiones y los prejuicios, que los marianos desconfían de los carismáticos, que los diocesanos desconfian de los religiosos, que los movimientos tradicionales desconfian de los nuevos movimientos eclesiales, que el uno desconfía del otro.

¡Qué manada de mediocres! ¡Es qué que vamos a hacer con una Iglesia así, chiquitos, poquitos! ¡No! Toca ponerle agilidad y ver cómo nos centramos en una cosa que valga la pena.

Por eso con la oración de ustedes, fíjese que, -mire, no es por hablar mal de nadie-, aquí entre nosotros otra vez, con los sacerdotes que conocemos y con la Iglesia que conocemos, esto todavía no se puede. No nos vamos a ir de la Iglesia, claro que no.

Pero con lo que conocemos, con el padrecito tradicional que conocemos, que ya se siente contento porque ya están llegando: "Hasta ayer eran doce viejitas, ya vamos en dieciocho viejitas y un viejito; o sea que la pastoral parroquial va que vuela". ¡No, en ese estilo y en ese régimen no vamos a ninguna parte!

Por eso es que necesitamos una generación nueva de gente que esté consciente del cuento, de gente que vea lejos, que quiera que el Evangelio prospere y estalle la primavera de la gracia.

Necesitamos gente así y no la hay, pero la va a dar Dios; necesitamos una generación nueva de frailes, sacerdotes que tengan esta visión; necesitamos matrimonios nuevos, jóvenes nuevos, vocaciones nuevas; hay muchas cosas que vamos a necesitar y que todavía no las hemos fundado y que seguramente no las fundaremos nosotros, ni las conoceremos, pero bueno, a nosotros nos corresponde hacer bien nuestra obra, abrirle la puerta al Evangelio y que Dios se glorifique siempre y en todos.

Amén.