Nsro003a
Fecha: 19991007
Título:
Original en audio: 3 min. 21 seg.
Queridos Hermanos:
Gracias a Dios no faltan en la Iglesia las celebraciones que nos permiten meditar en los misterios de María, no porque nosotros adoremos a María, la amamos intensamente, la veneramos, creemos que su ejemplo es el de la más grande Discípula de Nuestro Señor jesucristo, y creemos también que su cercanía con Dios hace de Ella una gran intercesora.
Si cuando tenemos necesidades le decimos a nuestros amigos: "Mire, haga una oración por mí para que me salga este trabajo", "vecina, acuérdese de orar porque mis hijos están muy enfermos"; si le pedimos oración a las otras personas, ¿cómo no le vamos a pedir y cómo no vamos a creer en la oración de María? ¿O dónde dice acaso la Biblia que cuando una persona se muere, ya no puede orar, ya no puede interceder precisamente por el bien nuestro?
Por eso está muy bien que nosotros meditemos en los misterios de la vida de Nuestra señora, ¿para qué? ¿Para quedarnos en Ella? No. Más bien, observémos lo que sucedió cuando María fue donde Isabel, y que hemos recordado en ese salmo de respuesta.
Cuando María fue donde Isabel, Isabel saluda a María, y luego la felicita y le dice: "Bendita tú que has creído" (véase San Lucas 1,45), "¡bendita tú entre las mujeres!" (véase San Lucas 1,42). ¿Y María qué dice? ¿Se guarda esas alabanzas para Ella? De ninguna manera. María remite todo, vuelve todo hacia Dios, pone en alabanza la gloria de Dios.