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Fecha: 19981007

Título: En el Santo Rosario pedimos que el nombre de Cristo no sea borrado sino que se manifieste a todos los pueblos

Original en audio: 6 min. 57 seg.


La fiesta de Nuestra Señora del Rosario tiene esta fecha, como sabemos, en memoria de la victoria de Lepanto, que el Papa Pío V atribuyó de modo particular a la intercesión de la Virgen María, intercesión que fue implorada repetidas veces, sobre todo a través del Santo Rosario.

¿Y qué era lo que estaba en juego en la batalla de Lepanto? Podemos decir, el futuro de la Europa cristiana. Nos puede parecer muy raro que un Papa mande rezar el Rosario para ganar una guerra; pero, tomar conciencia de qué era lo que estaba sucediendo, nos puede ayudar a entender cuál es el sentido que ese Papa, pío V, quiso darle al Rosario, y por consiguiente, qué podemos nosotros esperar del Santo Rosario.

Porque mire usted que después de la Santa Misa, la oración más universalmente recomendada por los Sumos Pontífices es precisamente el Rosario. Ahí debe haber algo, ahí debe haber una razón.

En la batalla de Lepanto estaban en conflicto las fuerzas musulmanas y las fuerzas cristianas: soldados musulmanes y soldados cristianos. Para los musulmanes se trataba de una guerra santa. Piensan los musulmanes, que si un soldado de esa religión muere en combate, se va inmediatamente para el cielo; es como lo que nosotros llamaríamos un mártir.

Y ellos, fieles a la consigna recibida de sus mayores, habían extendido ya el Islam por toda Arabia, por todo el norte de África, por una parte de España durante siglos, y ahora pretendían dejar el camino abierto para penetrar por todas partes en Europa.

Estas no eran simples amenazas. Cuando estudiamos la historia de la Iglesia y nos encontramos con santos de la altura de San Cipriano o de Agustín, es inevitable que nos llenemos luego de tristeza, porque la Cartago cristiana de Cipriano ha desaparecido, ya no existe más; y la Hipona cristiana de Agustín ha desaparecido, ya no existe.

Y en esos lugares, muchas veces arrasados por los combates y por los avances musulmanes, finalmente se han establecido sólidamente comunidades de mayoría completamente musulmana, y por consiguiente, ha desaparecido toda huella de cristianismo.

Es que precisamente, la postura musulmana es esa, de lo que se trata es de que la gente se convierta al Islam o deaparece. Porque para ellos, la organización de la sociedad y la obediencia al Corán, son la misma cosa. Y por tanto, mientras se llega y mientras se establecen, es posible hablar de democarcia y es posible hablar de otras leyes.

Pero apenas se sienten mayoría, como está pasando ya mismo en Pakistán, entonces el Corán reemplaza la ley civil, toda otra religión queda prohibida, y la práctica de la oración y de las leyes del Corán son las únicas posibles.

Esta es la lógica que hizo desaparecer las huellas cristianas en toda África. Y no es pequeña esa franja, si lo miramos en el mapa, no es pequeña la franja que va desde Arabia hasta Gibraltar. Pues toda esa franja perdió los vestigios de cristianismo. Era esto lo que estaba viendo Pío V, era esto lo que estaba descubriendo, y era este el peligro que realmente le preocupaba.

Y por eso, aunque la guerra no es precisamente el lenguaje del Evangelio, tampoco es posible tolerar cobardemente los abusos de la fuerza. En algunos momentos, la fuerza, cuando se presenta como omnipotente, necesita ser respondida con la fuerza. Y esto fue lo que entendieron muchos cristianos, porque veían el futuro de su propia sociedad, por no decir solamente de su Iglesia, perdidos.

Y es por esto por lo que se alzan voces de oración a los cielos, recordando los misterios de la Encarnación, de la Pasión y de la glorificación del Verbo en nuestra carne.

Por esto, incesantemente el mismo Papa Pío V y tantos otros cristianos unidos a él, ruegan a Nuestra Señora, ¿ruegan qué? Que no sea borrado el nombre de Cristo, que el misterio de Cristo en nuestra carne, en su Encarnación, en su Pasión, en su glorificación, que esos misterios, o mejor, que ese gran misterio no sea aplastado, no sea arrasado.

Así entendemos qué es lo que nosotros hacemos cuando oramos con el Santo Rosario. Esta contemplación de los misterios del Evangelio, este Evangelio hecho oración, quiere mantener fresca ante nuestra memoria y quiere estar como continuamente pidiendo de los cielos que los milagros de misericordia, el gran milagro de la misericordia de Dios hecho presente en la Carne del Verbo, no sea aplastado, no sea negado, no sólo por fuerzas musulmanas, sino por cualesquiera otras.

Es decir, dicho en forma positiva, que aparezca, que se revele, que se muestre ese misterio de piedad a todas las naciones y que todos podamos acogernos a él.