O265001a
Fecha: 20001006
Título:
Original en audio: 5 min. 34 seg.
De tantas frases profundas y elocuentes que tiene San Agustín, hay una que me impactó desde el primer mosmento, aquello que dice este santo Obispo: " ¡Ay de mí, que ni siquiera sé cuánto ignoro". Podemos decir que este es un gran comentario, un excelente comentario a la primera lectuta del día de hoy.
A lo largo de treinta y tantos capítulos, han estado discutiendo Job y sus amigos, esos amigos que se supone que íban a consolarle, pero que le llevan el extraño consuelo de pedirle que se reconozca culpable, mientras que él se afianza en su incencia.
Job pide encontrarse con Dios, quiere encararse con Dios y recibir explicaciones sobre lo absurdo de su vida. Los amigos por su parte, creen tener esas explicaciones; finalmente ninguno de los dos bandos está en lo correcto.
Porque ni se pueden pedir las eplicaciones a Aquel que dsborda tan absolutamente nuestra comprensión, ni se puede tampoco pretender que se tienen ya esas explicaciones. Ni pedirlas, es decir, ni exigirlas, ni creer que se las tiene. Este es el camino de la vedadera sabiduría. No pretender que vamos a agotar el océano del conocer divino, muchísimo menos pretender que ya lo hemos abarcado.