O235002a
Fecha: 20020913
Título: Un río que no se puede detener
Original en audio: 11 min. 18 seg.
San Pablo se sentía como presionado, casi obligado a predicar: "¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!" (véase 1 Corintios 9,16). ¡Qué experiencia tan singular y tan intensa!
¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío", -una expresión extraña-, "es que me han encargado este oficio" (véase 1 Corintios 9,16-17).
Hoy hemos estado meditando sobre la vida, sobre el ministerio que tienen los servidores. Y hemos visto, que un verdadero servidor va más allá de las pruebas, las tribulaciones, las angustias.
Ahora, podemos completar nuestra enseñanza. Un servidor va también más allá del gusto. No es un asunto de darnos gusto; es una especie de deber. Pero, más que un deber, es como una fuerza superior a nosotros, que se apodera de nosotros y que a través de nosotros, le da la gloria a Dios.
La podemos comparar con un río. Cuando un río se detiene, deja de ser río. El Evangelio es un río; no lo puedes detener. Si detienes el río, deja de ser río. No puedes frenar el río.
Así como recibes, da. Así como te regalan, regala. El Evangelio es un río, y no podemos frenar el río. No frenar el río, ¿qué es? Permitir que la misma misericordia que llega, se transmita.
Hay un cargo en la Iglesia Católica, que se llama, "Predicador de la Casa Pontificia", o lo llaman también, "Predicador del Papa". El predicador del Papa, actualmente, es un padre capuchino, llamado Rainiero Cantalamessa. Algunos de ustedes lo conocen.
Es un gran predicador, y en los retiros que él dirigió al Papa y a los colaboradores más inmediatos, decía el Padre Rainiero esta comparación: El Río Jordán, allá en Palestina, forma dos lagos que están muy cerca el uno del otro, pero que son muy distintos. Uno, está lleno de vida, y es el Lago de Galilea. Otro, sólo tiene muerte, y se llama así, el Mar Muerto.
Lo interesante es que esos dos lagos pertenecen al mismo río. El Lago de Galilea, también llamado Mar de Galilea, Mar de Tiberíades, y el Mar Muerto, los dos pertenecen al mismo río, al Río Jordán, pero son totalmente distintos.
El Evangelio nos cuenta de cómo en el Lago de Galilea sucedieron tantas cosas maravillosas. Por ejemplo, la pesca, incluída la pesca milagrosa. En el Mar Muerto no existe ni un sólo pescado. En el Mar Muerto, reina la muerte.
¿Por qué son tan distintos y pertenecen al mismo río? Si miramos la geografía, lo entendemos inmediatamente. El Río Jordán corre de norte a sur. El Mar de Galilea queda al norte. El Mar de Galilea recibe y da. El Mar Muerto sólo recibe. El Mar Muerto no desemboca en ninguna parte.