Ao24002a

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Fecha: 19990902

Título:

Original en audio: 13 min. 1 seg.


                                     CONTINÚA LA TRADUCCIÓN...


Amados Hermanos:

Estamos siguiendo, en este convento de Santo Domingo, un libro de lecturas, esto se le suele llamar "Leccionario", un libro de lecturas que trae traducciones de los textos originales de la Biblia.

La Biblia fue escrita principalmente en hebreo, el Antiguo Testamento; y en griego, el Nuevo Testamento. Usted probablemente notará que esta traducción, que por cierto es la misma que siguen las hojas de el domingo, es distinta de otras traducciones que estábamos acostumbrados a oír, sobre todo de origen español.

Por ejemplo, uno estaba acostumbrado a escuchar no siete veces siete, sino setenta veces siete, y esta traducción dice setenta y siete veces; es un detalle pequeño.

En cualquier caso sabemos, que Cristo lo que quiso decir fue: "Lo que a ti te parece mucho perdonar, todavía no es empezar a perdonar", "lo que a ti te parece que es excesivo y que es muchísimo perdonar, todavía no es el comienzo de lo que significa perdonar.

Y hay otro detalle, en el texto griego se comparan denarios y talentos. Estas son cifras que sirven para indicar una cantidad monetaria. En esta traducción nos han hecho el favor de dejar una sola cifra, para que se vea el contraste entre lo que perdonó el señor y lo que no quiso perdonar el funcionario. Lo que debía el funcionario era sesenta millones de denarios, lo que no quiso perdonar el funcionario fue cien denarios.

Hay unas cuentas que indican que un denario de aquella época correponde a algo así como diez mil pesos de ahora. O sea que todavía podríamos hacer una traducción, para el cambio e hoy, diciendo que al funcionario le debían cien multiplicado por diez mil, un millón de pesos; es una cifra considerable, es una cifra como para disgustarse, si a uno no se la pagan.

Pero la deuda que él tenía es sesenta millones multiplicado por diez mil, ¿y esa qué cifra nos da? Seiscientos millones de pesos, ¿cómo llegó ese funcionario a endeudarse hasta esos límites? Hay que preguntarle a Foda------- o al Banco de la República. El heco es que este señor debía seiscientos millones de pesos.

Cristo escogión una cifra que evidentemente desbor la capacidad de un ser humano que no esté lavando dólares; escogió una cifra que desborda todo prsupuesto. El funcionario estpa desbordado por su deuda, está cargado por ella, y así sobre cargado, se cae a los pies de su acreedor y le dice una mentira: "Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo" (véase San Mateo 18,26 ).

Seiscientos millones de pesos estaba debiendo este hombre, y pedía un poco de paciencia, pedía un placito para ponerse al día con sus seiscientos millones de pesos. El señor, al que le debían tanta plata, tiene relaismo ante el tamaño de la deuda, pero tiene también compasión ante el deudor.

Estos dos datos son importantes, porque son los que nos van a servir para comprender la actitud de Dios ante nuestros pecados. Evidentemente, la comparación está entre los pecados nuestros ante Dios y las faltas que nuestros prójimos comweten contra nosotros.

Dios es realista, pero Dios también es misericordioso. Dios sabe el tamaño de la deuda en que nos hemos metido. Resulta exorbitante endeudarse hasta los seiscientos mil millones de pesos; pues también resulta exorbitante el género de vida que nosotros hemos llevado muchas veces.

En un pequeño lugar que se llama confesionario, y a veces cuando las personas quieren confesarase así como más conversadito, como dicen, uno escucha deudas que son mayores de los seiscientos mil millones de pesos, como aquella mujer que llevaba tres abortos, y estaba considerando el cuarto, cuando llegó a las puertas de este convento.

¿Cuánto vale cada niño perdido? ¿Le pondremos doscientos mil millones a cada niño y diremos que esa mujer debía sólo seiscientos mil millones de pesos? ¡No hay cifra que cubra lo que vale una persona humana!

Y con eso de la paciencia que le pedimos a Dios, me acuerdo un caballero, que después de cometer un asesinato, sintió que Dios nunca lo podría perdonar. Él cometió ese asesinato teniendo veintidós o veintitrés años. Cincuenta y un años después, cuando estaba cumpliendo setenta y cuatro o setenta y cinco, decidió acercarse a la Confesión.

Y quiso la Provencargado de Dios, que en aquella oportunidad fuera yo el ministro, el sacerdote encargado de oír una confesión de cincuenta y un años de paciencia de Dios.

¡Cómo no acordarse en ese momento de este mensaje que nos da el evangelio de hoy! Ese hombre que había cometido ese asesinato, por motivos de violencia política hace no sé cuánto tiempo, o mejor dicho, en ese momento hacía cincuenta y un años, ese hombre le había dicho a Dios: "Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo".

A uno como sacerdote sí que le impresiona el sacramento de la Confesión. Desde luego, hay una penitencia que se le pide a la persona, sobre todo para rectificar su voluntad y para cubrir en cuanto es posible las consecuencias de su pecado. Pero es tan impresionante ver a una persona de setenta y cuatro años de edad, que se acerca después de cincuenta y un años de paciencia, para decirle a Dios: "¡Me atreví a confesarme!

Y es tan impresionante ver que ante el dolor sincero, ante el hombre caído, como dice la parábola, Dios tien una palabra de perdón. Es impresionante ver a un hombre de setenta y cuatro años, con los ojos arrasados en lágrimas, diciendo: "Gracias, padre, gracias, padre; hasta luego".

Nunca lo volví a ver, no se trata, además, de ver a todos los penitentes; nunca lo volví a ver, pero sé que Dios tuvo paciencia con él. Y este hombre, lo mismo que el funcionario de la parábola,, no podía pagra su inmensa deuda....