Ao22001a
Fecha: 19960901
Título: "¡Sígueme!"
Original en audio: 6 min. 56 seg.
El evangelio que hemos escuchado, continuación del del domingo pasado, cambia radicalmente la actitud de Pedro y la actitud de Jesús.
En la lectura que escuchamos hace ocho días, Pedro recibe un mensaje de elogio; y digo especie, porque el elogio no era para él, sino para la revelación que Dios le había dado.
Pero, Pedro se la tomó a pecho. Armado por esa alabanza, él sigue espontáneo como siempre y se convierte en director espiritual de Jesús. Jesús no acepta ser el Dirigido espiritual de Pedro, y entonces, tiene que decirle más o menos lo contrario de lo que le dijo hace ocho días.
Si el domingo pasado le decía: "Bienaventurado, porque eso no te lo reveló ni la carne ni la sangre" (véase San Mateo 16,17), hoy le tiene que decir: "Tú piensas como los hombres y no como Dios" (véase San Mateo 16,23).
El evangelio pasado decía: "Estás hablando como Dios y no como los hombres". En este momento le tiene que decir lo contrario: "Ahora, sí estás hablando como los hombres y no como Dios. Pedro, te pasó tu cuarto de hora, tu inspiración feliz se acabó y has vuelto a pensar como los hombres."
La traducción que trae este leccionario, -lo hemos dicho en otras ocasiones-, no es la mejor. "Opizomu", dice el griego, algo así como, "detrás de mí". Lo importante de ese "detrás de mí", no es, "¡quítese, que yo no lo vea!", sino, "¡póngase a seguirme! Es usted quien tiene que seguirme a mí; no yo quien tiene que seguir sus consejos."
De modo que la traducción, que sigue siendo tan frecuente en español, la que seguimos escuchando mucho, por ejemplo, aquí en el Monasterio, no es correcta, no es apropiada. Realmente, Jesús no le está diciendo a Pedro: "Estoy tan bravo, tan bravo, que, ¡quítese! ¡Que yo no lo vea!" Esta no es una manifestación de la rabia de Cristo: "¡Piérdase! ¡Desaparezca! ¡Ni se le ocurra volver a decirme eso!"
¡No! Jesús no le está diciendo. "¡Piérdase! ¡Que yo no lo vea!", sino lo que le está diciendo es: "¡Póngase donde usted me pueda ver! Es usted quien tiene que seguir mis pasos". Y por eso, Jesús dice lo que escuchamos después: "El que quiera venir conmigo, que cargue con su Cruz y que me siga" (véase San Mateo 16,24).