O222002a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha 19980901

Título: ¿Que tipo de misioneros queremos ser?

Original en audio: 7 min. 38 seg.


Nos cuenta el Evangelista Lucas que Jesús bajó a Cafarnaúm, una ciudad que queda al borde del lago Tiberíades. Este lago recibe otros nombres también en la Escritura: lago de Galilea, lago de Genezaret.

Jesús bajó a Cafarnaúm y se estableció en esta cuidad, ahí vivió un tiempo. Aunque después va a emprender camino hacia Jerusalén y va a ser un Profeta itinerante. Durante un tiempo Jesús fue un Profeta que tuvo casa, que tuvo vivienda. Se estableció en Cafarnaúm, ahí tuvo un lugar de residencia.

Algunos exégetas aventuran que tal vez vivía en aquella época en casa del Apóstol Pedro. Y desde ahí predicaba, exorcisaba, perdonaba pecados, sanaba a muchas personas. Fue como un centro misionero que tuvo Jesús.

Despúes se fue de ese centro misionero. En la lectura de ayer, nos encontrábamo a jesús echado de Nazareth. Fíjese que Lucas le va siguiendo la pista a Jesucristo: Jesús bautizado por Juan en el Jordán, va al desierto, después hace como una primera predicación, después va a Nazareth, pero no se establece en Nazareth, porque entre los suyos nadie le cría, y ya vemos que lo echaron ahí del pueblo.

Entonces bajó a Cafarnaúm y estuvo un rato ahí en Cafarnaúm, unas semanas, tal vez unos meses, y después salió de Cafarnaúm. Prácticamente de Cafarnaúm, despúes de alguna otra pequeña gira, lo que siguió fue el viaje a Jerusalén y la muerte en la Cruz.

No fue mucho el tiempo de este recorrido. De manera que por decirlo de algún modo, estamos como en la segunda estación del camino de Jesucristo; el primero fue Nazareth, donde lo acogieron con gusto, pero luego lo echaron; el segundo lugar donde lo encontramos es aquí en Cafarnaúm, donde predica con autoridad y realiza prodigios, como este que acabamos de escuchar hoy.

Jesús salió de Cafarnaúm después de untiempo, y salió desengañado, salió triste. Alguna vez le escucharon los discípulos decir estas palabras: "¡Ay de ti, Corazaín! ¡Ay de ti, Bestsaida?" (véase San Mateo 11,21); y despúes dijo: "Ay de ti, Cafarnaúm, porque si se hubieran echo en otros lugares los milagros que se han hecho en ti, la gente hubiera creído, la gente se hubiera convertido" (véase ).

De manera que la respuesta de Cafarnaúm, lo mismo que la respuesta de Nazareth, fue un fracaso.

Jesús entonces no empezó su labor misionera con un plan, con un proyecto estrictamente trazado, algo así como las franquicias internacionales que van llegando a conquistar mercados; Jesús no venía con un plan estrictamente trazado, pero tampoco estaba viviendo a lo que saliera.

Jesús tenía como algunas pistas, como algunas líneas, algunas estrategias. Su primera estrategia fue Nazareth, una ciudad humilde a la que quiso contarle que siendo la más humilde de las ciudades y la más pobre, una ciudad de la que incluso se duda que haya existido en tiempós de Jesús en el siglo primero; hay exégetas serios que dudan que haya habido realmente un lugar Nazarth, porque no hay prácticamente ninguna referencia extrabíblica de Nazareth.

Pues a ese lugar humilde va Cristo a contarles que Dios ama, pero esa noticia no es bien recibida. Porque en medio de ese lugar humilde y pobre había suficiente soberbia como para deir: "¿Este nos va a enseñar? ¿Cómo así?" Y lo echaron de ahí.

Entonces jesús cambia de estatregia: se va a ese lugar humilde, pero con más tráfico, con más gente, que es Cafarnaúm; un lugar donde las ideas van y vienen, un lugar al borde del lago, y empieza a predicar, y predica con poder, y realiza sus exorcismos, y perdona, y sana, y esto parece tener éxito, según lo que vemos en el evangelio de hoy. Pero esa estrategia tampoco funcionó.

Jesús se fue dando cuenta de que la gente recibía las señales, esto lo sabemos por el evangelio de Juan; la gente recibía las señales, recibía las sanaciones, pero se quedaba en eso. Es decir, las personas iban únicamente a que las curaran y a tener salud para seguir en su misma vida; no cambiaban de vida.

Por eso, después de un rato de estar en Cafarnaúm, Jesús vio que esa estrategia tampoco funcionaba. De acuerdo con el Evangelista Lucas, entonces intentó otra estrategia, que nos vamos a encontrar en unas cuantas semanas, que fue irse todavía más lejos, se fue a la región de Tiro y Sidón, a región de paganos; regiones donde la fe en el Dios de Israel era muy débil, y allí estuvo, pero de allí también se volvió, hasta que en un momento dado emprendió el camino hacia Jerusalén.

Nosotros, amigos, somos misioneros por naturaleza, somos evangelizadores por esecia. Y todo este recorrido que he tratado de reconstruir aquí con ustedes, es para que también nosotros recojamos la enseñanza: ¿qué tipo de misioneros queremos ser? ¿Misioneros tipo Nazareth, es decir, cerca de los suyos, cerca de la comunidad de origen, cerca de las amistades de toda la vida, cerca de los corazones que creemos que ya están abiertos y que nos acogerán?

¿O queremos se evangelizadores tipo Cafarnaúm, con gran elocuencia, con muchos milagros? Si nosotros somos fieles seguidores de Cristo, tenemos que ser misioneros, evangelizadores y predicadores, pero no modelo Nazareth, ni modelo Cafarfnaúm, ni modelo Tior, sino modelo Jerisalén.

Es decir, poco a poco la vida nos va mostrando, el Espíritu del Señor nos va enseñando que el verdadero camino del misionero es el camino que conduce hacia la Cruz, hacia la donación completa de sí mismo, hacia el silencio, hacia la Pasión; también hacia la muerte y hacia el Sepulcro; y desde ahí, hacia la misteriosa fecundidad de la Resurrección.

Alimentémonos en esta Eucaristía del Cuerpo de Cristo, pero sepamos lo que eso significa: unirse a Cristo en la Eucaristía es participar de su mismo destino; comulgar es arriesgarse a que le pase a uno lo mismo que le pasó a Jesucristo; seguir al Señor es estar no sólo en los momentos del aplauso, ni de los milagros, ni del reconocimiento, sino estar también en el pretorio, en los azotes, en los clavos y en el sepulcro.

No lo podemos por nuestras fuerzas; el don del Señor, el don del Espíritu nos conduzca y haga de nosotros verdaderos misioneros modelo Jerusalén.