O206001a

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Fecha: 20000826

Título:

Original en audio: 5 min. 27 seg.


El grave problema con aquellos fariseos denunciados tan duramente por Nuesrro señor Jesucriato, es que le quitan la gloria a Dios y viven pendientes de la gloria que les pueden tributar los hombres.

La primera lectura nos ha hablado de la gloria de Dios, de esa manero poética, impresionante, de tono apocalíptico uqe suele tener Ezequiel, cuando se refiere a la presencia de Dios: "la gloria del Señor llenó el templo, y una palabra impresionante se dejó oír: " Éste es el sitio de mi trono, el sitio de las plantas de mis pies, donde voy a residir para siempre en medio de los hijos de Israel"" (véase Ezequiel 43,7).

Si nosotros tomamos estas palabras de la profecía de Ezequiel y las queremos aplicar, por decirlo así, a la letra, encontramos dificultad, porque ése templo se vio privado de la gloria de Dios, y en cierto modo contra ése templo habló Jesucristo, cuando mostró que esa casa se iba a quedar vacía. Y ése fue el templo del que anunció el Señor que iba a ser derrumbado hasta que no quedara piedra sobre piedra.

Osea que estas palabras de Ezequiel deben tener un sentido más profundo, un sentido diferente que resulte compatible con el verdadero Templo, que es el Cuerpo de Cristo, en donde habita verdaderamente la gloria de Dios. Porque el Evangelista Juan, cuando aquellas palabras de cristo: "Destruid este templo" (véase San Juan 2,19), en esa ocasión el Evangelista Juan dice: "Estaba hablando del Templo de su propio Cuerpo" (véase San juan 2,21).