O182001a
Fecha: 20040803
Título: Una fe muy profunda para andar sobre el agua
Original en audio: 7 min. 37 seg.
Queridos Hermanos:
Con el texto que acabamos de escuchar en el evangelio, seguramente va a crecer nuestro amor, nuestra simpatía por la persona del Apóstol Pedro. Pedro es el primero entre los Apóstoles, pero también es el primero en otra cantidad de cosas.
Más de una vez en el evangelio nos encontramos con que Jesús hace una pregunta y es Pedro quien responde. O también, este es el único Apóstol a quien se le ocurre darle consejos a Jesús. Igualmente en eso toma la iniciativa.
Pedro es un hombre que reacciona de alguna manera, podríamos llamar, primaria. No hace como mucho análisis de las consecuencias de sus actos. Por ejemplo, ofrece que va a morir por Jesús, pero luego, cuando las circunstancias son adversas, niega y perjura que no conoce a Cristo.
Le dice al Señor que no le lave los pies. Mas Jesús le responde: "Si no, no vas a tener que ver conmigo" (véase San Juan 13,8). Y Pedro reacciona inmediatamente: "Entonces, no sólo lávame los pies, sino todo el cuerpo" (véase San Juan 13,9).
Es decir, Pedro representa al corazón humano en su reacción inmediata frente a la obra de la gracia, y esta es como la grandeza del mensaje que se nos revela a través de este Apóstol. Precisamente, porque era un hombre que no medía demasiado las consecuencias, precisamente por eso, nos permite ver de un modo como muy cristalino, qué sucede en un corazón, en un corazón como el tuyo o como el mío, cuando la oferta de Dios, cuando la propuesta de Dios nos pasa por delante.
El evangelio de hoy no es una excepción a esta regla. Lo que nos encontramos, es que todos se sienten asustados. Al parecer, piensan que se trata de un fantasma. Jesús caminando sobre el agua, una cosa absolutamente inusitada, una cosa alucinante, y estos hombres se sienten en pánico. Jesús dice: "Soy yo" (véase San Mateo 14,27), y es Pedro el primero en reaccionar según la costumbre: "Pues si eres tú, entonces que yo pueda caminar sobre el agua" (véase San Mateo 14,28).
Es la reacción inmediata de este hombre. Quiere asegurarse, pero al mismo tiempo quiere experimentar lo que está sucediendo ahí. Se lanza a caminar, pero luego frente a las dificultades, también él reacciona inmediatamente. Así como la voz de Jesús produjo en él una reacción inmediata y saltó de la barca para caminar sobre el agua, así también la acción del viento produjo en él una reacción inmediata de miedo y de incredulidad, que le llevó a hundirse. Es decir, nuevamente encontramos al Apóstol Pedro reaccionando así, de una manera inmediata.