O174002a
Fecha: 20020801
Título:
Original en audio: 7 min. 4 seg.
Es muy interesante, en una lectura juiciosa de los Profetas, ver cuántas veces el Señor utiliza hechos de la vida, incluso cosas muy sencillas, para dar su Palabra, para comunicar su verdad y su mensaje.
La casa del alfarero es el lugar donde Jeremías recibe y desde donde Jeremías nos ofrece esta hermosa enseñanza: Dios es el alfarero, y nosotros, barro en sus manos. ¿Cómo podemos traducir esta imagen tan elocuente por sí misma? ¿qué nos enseña? Muchas cosas.
Ante todo nos enseña la majestad, el poder de Dios. Estamos en manos de Dios, y Dios es soberano, Dios el el Señor. Él nos hace y Él nos rehace. Porque la verdadera expresión de la sabiduría divina está precisamente en esto: Él nos hace y Él nos rehace.
Él nos hace significa que Él nos crea, y Él nos rehace significa que Él nos redime. El mismo Creador es el Redentor. Sólo puede redimirnos aquel que sabe de qué estamos hechos y cómo estamos hechos.
Por eso, la proclamación de la sabiduría divina es también la proclamación de la unidad en el plan de la creación y en el plan de la redención. Además, el único que puede rehacernos es aquel que nos ha hecho. Y esto significa que no tenemos que buscar en otro la salvación, sino únicamente en nuestro Autor, en nuestro Creador, en nuestro Señor.