Ao17001a
Fecha: 19960728
Título: La Palabra, al mismo tiempo tan antigua y tan nueva
Original en audio: 6 min. 21 seg.
¡Qué buena pregunta la que hace Jesús en esta predicación! Me parece que esta pregunta habría que escribirla en las puertas de los templos, de los salones de catequesis, de las aulas de religión en los colegios, y seguramente, en muchos otros sitios.
Ustedes tengan la gentileza de imaginarse, que a la puerta de esta iglesia, ahora que salgan, está escrita la Palabra de Jesús que hemos escuchado; esta pregunta: "¿Entendisteis todo esto?" (véase San Mateo 13,51).
"¿Entendisteis todo esto?" (véase San Mateo 13,51). Sería muy bueno preguntarle a los cristianos al salir de la iglesia: "¿Entendisteis lo que pasó allí en el altar? ¿Entendisteis lo que pasó aquí en el ambón, donde se predica la Palabra? ¿Entendisteis lo que estaba haciendo ese señor con su ruana de color, que casulla llaman? ¿Entendisteis? ¿Entendisteis lo que sucedió? ¿Entendisteis todo?"
"Ellos respondieron que sí" (véase San Mateo 13,51), dice el evangelio. Y Jesús añadió: "Todo escriba que se ha hecho discípulo, se parece a un dueño de casa, que va sacando de sus cofres cosas nuevas y cosas viejas" (véase San Mateo 13,52). Porque, efectivamente, cuando venimos a la iglesia, aquí se nos ofrecen cosas nuevas y viejas. El Evangelio es al mismo tiempo, vetusto y novísimo.
El Evangelio es como pan sacado del horno, hoy, ya, para ti, pero es también el pan de toda la eternidad. Es el mismo alimento que recibieron los Apóstoles, es el mismo alimento que recibieron los Santos, es la misma Palabra que transformó el corazón de muchos.
¿Cuántas personas han escuchado este evangelio? "Con el Reino de los Cielos sucede como con un tesoro bajo tierra" (véase San Mateo 13,44). ¿Usted no sabe que esta frase ha hecho llorar de alegría a tantos? ¿Usted no sabe que hay gente que al escuchar estas palabras, ha sentido en su corazón: "¡Eh! ¡Yo soy! ¡Yo soy ése que ha encontrado ese tesoro!"?
Y cuando Jesús nos habla de "la perla fina y de aquel comerciante que deja el comercio por comprar su perla" (véase San Mateo 13,45-46), ¿usted no sabe que algunas veces, cuando se ha leído este texto, a lo largo de los siglos, en todas las lenguas, en multitud de culturas, despreciando las fronteras, atravesando los corazones, con señorío y majestad, muchas personas han sentido: "¡Eh! ¡Ése soy yo! Está hablando de mí. ¡Usted está hablando de mí!"?