O161001a
Fecha: 20000724
Título: La absoluta unicidad de Jesucristo es la señal
Original en audio: 10 min. 5 seg.
Los hombres de aquel tiempo le piden una señal a Jesucristo. Resulta que el mismo Cristo es la señal.
Le piden a Cristo una señal en los Cielos, porque grandes Profetas, como por ejemplo, Elías o Isaías, habían hecho señales con la luz del día, lo mismo que Josué y algunos otros. Piden señales, quieren convencerse: "Vence nuestras razones, convéncenos". Cristo se niega a dar esa señal. ¿Por qué?
¿Por qué hay señales que sirven y hay señales que no sirven? ¿Por qué hay señales que ayudan a creer y hay señales que no ayudan para la fe? Porque hay algunas señales con las que nosotros queremos tener a Dios en nuestras manos, y hay otras señales que nos ponen en las manos de Dios.
Las primeras, con las que nosotros queremos dominar, por así decirlo, a Dios, saber cuáles son las condiciones y obligarlo a que nos responda a nuestros términos, esas señales con las que nosotros queremos tener a Dios en nuestras manos, ésas son las que niega Cristo.
Aquí le pedían un milagro. Aparentemente, no era pedir mucho para un hombre que hizo tantos milagros. Pero es que no se trata del número ni de la intensidad, se trata de la actitud. ¿Qué quieres tú? ¿Que Dios responda a tus pretensiones y que quede en tus manos? ¿O quieres tú responder al querer de Dios y ponerte en sus manos?
Esta es la profunda diferencia que existe entre la magia y la fe. ¿En qué se parecen? Pues tanto en la magia como en la fe, se ven cosas extraordinarias, se ven cosas muy raras.
¿En qué se diferencian? En que la magia es lo extraordinario puesto en mis manos, y la fe es lo extraordinario en las manos de Dios, según el querer de Dios, y por lo tanto, según la medida de Dios, según la voluntad de Dios, según la manera de Dios, según el tiempo de Dios. La magia consiste en tratar de manipular a Dios según mi voluntad. La fe consiste en ponerme en Dios, para que Él cumpla su voluntad.