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Fecha: 20000722

Título: El amor que buscamos y necesitamos

Original en audio: 14 min. 34 seg.


En la Edad Media floreció una gran devoción por esta Santa, por María Magdalena. Y yo creo que estamos en un tiempo en el que debería renacer esta devoción con mucha fuerza, porque realmente lo que Dios hizo en esta mujer, mostró el poder que tiene el amor divino.

En la fiesta de María Magdalena, celebramos con esperanza la misericordia. En la fiesta de María Magdalena, nosotros, que muchas veces nos hemos sentido desalentados, vemos encenderse una luz. En la fiesta de María Magdalena, comprendemos que la palabra última, no la tiene el odio sino el amor, no la tiene la muerte sino la vida, no la tiene el pecado sino la gracia.

Por eso podemos asegurar, que esta mujer es como un pequeño resumen del Evangelio. Se trata, -como me gusta decir a mí-, de un caso perdido que se convirtió en un caso encontrado. En ella, el demonio había mostrado su poder. El Evangelio la describe como "poseída por siete demonios" (véase San Marcos 16,9; San Lucas 8,2).

Más que un número de exorcismos, parece que este número siete lo que indica es la plenitud, como en tantas otras ocasiones. "Poseída por siete demonios" (véase San Marcos 16,9; San Lucas 8,2), quiere decir, entregada completamente a las tinieblas.

La Palabra de Cristo le trajo libertad, le trajo paz, le trajo gracia, le trajo amor. Y así, lo que había sido un espejo del poder del enemigo, se convirtió en una poesía elocuente del amor de Dios. Es un mensaje muy grande, es como el Evangelio resumido, repito.

En realidad, el mundo que Dios encuentra, es como esa María Magdalena, un mundo perdido, un mundo enredado en sí mismo y poseído por las tinieblas. También Jesús quiere hacer con el universo entero, lo que pudo su amor en esta pobre mujer: quiere limpiarlo, quiere lavarlo, quiere purificarlo, quiere darle amor.

La tradición habla de María Magdalena como una pecadora pública. En parte, porque hay una pequeña confusión sobre varias mujeres. Por ejemplo, se creyó durante mucho tiempo, que María Magdalena era la que había derramado el perfume cuando aquello de Betania. Y como ese nombre era tan común, hay cierto equívoco sobre esta mujer.

Lo que sí podemos afirmar, es que allí donde reinó el pecado, allí donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. Eso sí lo podemos asegurar. Y podemos aseverar también, que esta mujer estaba buscando por todas partes, y encontró en el agua cristalina y limpia de Jesucristo, lo que estaba necesitando.