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Fecha: 19970424
Título:
Original en audio: 3 min. 6 seg.
Después de escuchar los relatos de la Resurrección, después de escuchar la entrevista de Jes+ús con Nicodemos, después de maravillarnos ante el prodigio del Pan de Vida y la predicación que Jesús hace, después de acogernos a su rebaño y de reconocerlo como nuestro Pastor, sigue este tiempo de Pascua enseñándonos quién es Jesucristo para nosotros.
Ël es la Fuente de la vida, ël es elPastor de nuestras vidas, y todo esto es sublime.
Todas las lecturas de Pascua, casi todas, están tomadas del Evangelio según San Juan. Y es hermoso reconocerlo como Pastor nuestro, como Alimento nuestro, como Fuente de nuestra vida.
A partir de este día, y para los días siguientes, vamos a meditar algunos textos de esos últimos capítulos del evangelio de Juan: catorce, quince, en los que las palabras del Señor mustran la unión que hay entre Él y nosotros.
La frase fundamental está en el final del evangelio que hemos escuchado: "El que recibe a mi Enviado, me recibe a mí, y el que a mí me recibe, recibe al que me ha enviado" (véase San Juan 13, 20).
Ya no se trata solamente de que Jesús sea nuestro Pastor o nuestro Alimento, sino que de tal manera está unido a nosotros, que a nosotros como enviados de Ë, llevamos su misma presencia, y al agoger a sus enviados, le recibimos a Él, aí como recibiéndolo a El, recibimos a Aquel que lo ha enviado.