O146001a
Fecha: 19960713
Título: El realismo llevado a su última profundidad
Original en audio: 8 min. 21 seg.
Jesús, Nuestro Señor, habla con claridad y realismo de los desprecios, las persecuciones, las humillaciones a las que se puede ver sometido el discípulo de Cristo.
Nos decía hace poco, que "enviaba a sus discípulos como ovejas en medio de lobos" (véase San Mateo 10,16). Hoy, con ese mismo realismo, nos invita a tener los ojos más abiertos al poder de Dios que al poder de la gente.
Si uno se pone a pensar en lo que van a decir los demás, eso se llama respeto humano, y así difícilmente se evangeliza. Es una enfermedad de la que suele padecer el pueblo cristiano.
Si uno se queda pensando y pensando, en que los demás son como lobos, y: "¿Qué me van a hacer a mí, pobre ovejita? Si uno da un paso, se van a burlar de mí. Van a decir que me metí a beata. ¡Ni me van a creer! Se me van a quedar mirando y me dirán: "¡Ah! Pues ya se convirtió. ¡Vamos a ver cuánto le dura!" Van a vencerme, si no con la violencia, con la ironía, o con la indiferencia".
Y esto lo digo para todos. Porque todos encontramos dificultades en nuestro camino de conversión. Allá en la familia, por ejemplo: ¿No es frecuente que el esposo le pregunte a la esposa?: "Entonces, ¿para qué le sirve tanta Misa y tanto rezo?" Y si la señora pertenece a alguna asociación, o grupo de oración, o cosa parecida: "Bueno, ¿qué es tanto que reza allá en su grupo?"
Lo mismo puede decirse de los padres para con los hijos, o de los hijos para con los padres. En una comunidad religiosa, a veces no es distinto. Claro que aquí más bien parece que oran juntas. Pero, yo quisiera saber: ¿Qué pasa en un monasterio, por ejemplo, el día en que una religiosa movida por el Espíritu Santo, emprende un camino serio de conversión?
A mí nadie me ha contado, ni yo vivo adentro, pero digamos que por lo que uno conoce de la naturaleza humana, vendrán los comentarios: "¡A ver cuánto le dura la conversión después de los retiros espirituales! ¡Qué tal que el Padre Nelson la viera! ¡Qué tal que esto se oyera!"
Realmente, en muchas ocasiones nosotros mismos no somos una ayuda para la conversión de otras personas. Porque usted sabe que la grandeza de un corazón, denuncia las mediocridades de todos los que estamos alrededor.