Pasion de Cristo 03
Meditaciones sobre la Pasión de Cristo. # 3 de 33
Anuncio de la traición de Judas
Tiempo real en audio: 19 min. 56 seg.
Fecha: 20070314
Marcos 14, 17-21
Queridos amigos, son muchas las enseñanzas que podemos recibir de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo, porque especialmente en su dolorosa pasión, Cristo nos mostró la profundidad espantosa del pecado y la profundidad admirable de su amor, y de su misericordia; se trata como de dos abismos: el abismo oscuro, horrendo del pecado y el abismo asombroso, el abismo maravilloso increíble de la gracia y de la compasión de Dios.
Y por eso creo que cuando nos acercamos a la Pasión de Cristo, tenemos que preparar nuestros ojos para ver grandes cosas, grandes en lo bueno por supuesto y grandes en lo malo, grandes en la bondad del corazón de Cristo, pero grandes en la magnitud del mal y el impacto terrible de ese mal en la carne inocente, y en alma tierna, limpia de Jesucristo; podemos pensar que así como su cuerpo fue maltratado y eso lo pueden ver nuestros ojos, y así como de ese cuerpo se hizo salir la sangre, así tambien su corazon, su alma fue estrujada, fue comprimida, fue sometida a todo aquello que vemos en su cuerpo y de pronto un poco más.
Creo que esta dimensión interior de la Pasión de Cristo no se predica lo suficiente, pensemos mis hermanos que sí nos quedamos únicamente en el aspecto exterior, es decir en la carne lastimada, en las llagas en la sangre, de pronto lo único que sacamos es el escándalo de nuestros ojos y así hay mucha gente que dice: ¿Pero para qué se muestra una película como esa de la Pasión de Cristo, que hizo Mel Gibson? Porque quizás esas personas quizás solo se quedan en el aspecto exterior.
Nosotros como creyentes tenemos que atender fundamentalmente al ministerio de la Pasión interior, de la Pasión intima, dolorosa que padeció Jesús especialmente allá en ese Santuario de sus afectos y en el Santuario de sus anhelos, de sus deseos y en el Santuario de unión con el Padre; precisamente lo que deseaba el demonio más que cualquier otra cosa es destruir ése Santuario interior, más que destruir la carne de Jesús, lo que le interesaba era destruir el Santuario interior de Jesús; es decir, destruir esa perfecta unión entre el corazón de Cristo y el corazon del Padre, entre la voluntad de Crsito y la voluntad del Padre.
Eso era lo que el demonio quería destruir, no es que el demonio supiera con completa certeza que Jesús era y es el Hijo de Dios; si el demonio hubiera sabido que Jesús era Dios, no se hubiera metido con Jesús, pero no lo sabía, tenía señales de la santidad de Cristo, pero no podía reconocer plenamente el misterio de la presencia corporal, de la divinidad en Jesús de Nazaret, por eso nos dice el apóstol San Pablo, en su primera Carta a los Corintios, que si hubieran sabido los poderes de este mundo y detrás de ellos el poder de las tinieblas, sí hubieran sabido a quién era al que estaban crucificando, nunca lo hubieran hecho.
Y la razón por la que sabemos que el demonio no se hubiera metido con Cristo, si hubiera tenido, esa completa certeza es porque, por supuesto el demonio sabe que en una lucha directa con Dios no le espera otra cosa sino derrota y por consiguiente humillación, lo que más le duele al orgullo del demonio es ser humillado; si el demonio hubiera sabido que Jesús era Dios, no se hubiera metido con Jesús.
Pero no lo sabía y no lo sabía porque para descubrir a Dios en Jesucristo se necesita entrar precisamente por la senda de la humildad, éste es el Dios que se ha compadecido de los pobres, éste es el Dios que se pone al servicio de los enfermos, éste es el Dios que sale en búsqueda de los pecadores, y éste Dios no lo puede uno reconocer como Dios a menos que uno entre en la misma senda de la humildad y de la humillación, por la que entró el verbo de Dios en nuestra historia.
Solamente por ese camino de humildad se pude reconocer a Dios en Jesucristo, y por eso precisamente tantos han negado a lo largo de la historia la divinidad de Jesucristo, no es que la Sagrada Escritura deje dudas a este respecto, sino que se necesita agacharnos, se necesita abajarse y reconocer en lo insólito de la humillación de Dios, lo insólito de su amor que lo llevo hasta ese extremo.
Como el demonio no tiene manera de aprender esa virtud de la humildad, lo único que podía haber en Jesús era como una especie de resplandor, de pureza, de sinceridad, de inocencia, un resplandor que él detestaba, y que precisamente porque lo detestaba no quería abajarse a conocerlo bien, y por eso el demonio lo único que quería era destruir esa luz.
Destruir ese resplandor, destruir esa inocencia en lo que él estimaba era un hombre justo, quería destruir la justicia de ese hombre, quería destruir la inocencia de ese hombre, no por destruir solamente al hombre, sino por atacar en el hombre que es imagen de Dios, atacar al mismo Dios; esa es la gran razon por la que el demonio odioa al ser humano, porque nosostros somos imagen y semajanza de Dios.
Al perseguirnos, al querer desfigurarnos, sobre todo al querer desfigurarnos en nuestro corazón por el pecado, lo que pretende el demonio es algo así como destruir la creación, devolver la creación, tirarle la creación a Dios por la cara, eso es lo que pretende el demonio con el pecado.
Entonces el objetivo numero uno del demonio en la Pasión, era destruir la unión de éste “hombre justo”, un “hombre santo”, destruir la unión de ese hombre justo con Dios; aunque podía entender que había una estrechísima relación y aunque podía entender que podía llamarlo “Hijo de Dios”, no podía suponer que se tratara de la segunda persona de la Santísima Trinidad, allí obrando en nuestra historia.
Porque, repito, la profundidad de la afirmación de la divinidad de Cristo, solo se comprende por el camino de la humildad, y solo bajo la guía del Espíritu Santo, quien es el que ha conducido a la comunidad creyente a esa proclamación de fe, ya desde los tiempos del Nuevo Testamento.
Así pues, el demonio quería destruir ante todo ésa unión de la voluntad de Cristo, con la voluntad del Padre, y por eso si miramos como sucede la Pasión, lo que hace el demonio es martillar como con un ariete, como con un mazo, es martillar en el eslabón, que une la voluntad de Dios Cristo con la voluntad de Dios Padre, trata de reventar ese eslabón sometiendo a Cristo primero a humillación y tortura, y luego cuando ya se encuentra en la cruz sometiéndolo también, a una oferta supremamente tentadora- esa fue en realidad la ultima tentación de Cristo-.
Algunos irresponsables, algunos miopes dicen que la ultima tentación de Cristo fue relacionada con la pureza; eso es conocer muy poquito la Biblia y conocer demasiado poco a Jesús. La ultima tentación como parece en los evangelios es:”Sepárate de la voluntad del Padre, voy a producir en la gente que crea que tú eres el Mesías- le dice el demonio-, yo voy a producir que la gente crea en ti, ¿no es eso lo que tú quieres?, que la gente crea que tú eres el enviado y para eso te propongo que te bajes de la cruz”.
Pero en realidad esa es una oferta envenenada, de lo que se trataba era que bajándose de la cruz, Cristo cometiera un acto frontal de desobediencia al Padre y así se reventara ese eslabón que era el que le dolía al demonio.
Dentro de todo ese proyecto de destruir la unión de Cristo con el Padre, podemos comprender la acción del demonio en Judas, y podemos entender la manera como Jesús anuncia esa traición de Judas (véase Marcos 14, 17-21), Cristo anuncia al comienzo de la que sería su última cena con sus discípulos, Cristo anuncia: “Uno de ustedes me va a traicionar, uno de ustedes me traicionara, me entregara, uno que come conmigo”.
Jesús comprende que la manera de destruir esa comunidad de amor, de confianza que Él mismo conformaba con sus apóstoles era metiendo el veneno de la traición, porque Jesús sabia que mientras esa comunidad, que mientras ese grupo estuviera realmente unido, realmente compacto en la voluntad del Padre serían indestructible; lo que era bastante obvio desde esa logica sobre natural que proviene que emana de la Escritura, era obvio que se necesitara un golpe de traicion y eso fue lo que provoco el demonio, eso fue lo que logro finalmente el demonio.
Esto no exime de responsabilidad a Judas, el hecho de que haya una instigación, una tentación, incluso una presión de parte del demonio, eso no exime de responsabilidad a Judas, no podemos decir o no debemos decir que Judas estaba poseído –cuando la Iglesia habla de posesión diabólica, habla de que cesa en realidad la acción de la voluntad de la persona, hasta cierto punto se convierte en un instrumento pasivo del demonio, cuando sucede una autentica posesión-, en el caso de Judas no se trata de eso, de lo que se trata más bien es de una especie de instigación, es una tentación insidiosa del demonio sobre Judas que trata de producir la traición y a través de la traición que Jesús sea torutado y que en medio de ese dolor, pues ane algún momento Él se separe de la voluntad del Padre.
Lo que podemos aprender de este momento tan oscuro del grupo de los apóstoles y de la Pasión misma de nuestro Señor Jesucristo, lo que podemos aprender es que el objetivo final del demonio, simpre va a ser separarnos de Jesús; es decir poner nuestros intereses, en comflicto con los intereses de Jesús, Judas se separo de Jesús por muchas razones según dicen los que han estudiado ese tema, unos como lo afirma el apóstol San Juan en su evangelio, dice que Judas se separo por codicia que es un elemento que esta ahí presente, Juan dice abiertamente que judas era un ladrón, le gustaba el dinero, y utilizaba dinero del fondo comun para sus propios asuntos, de manera que hubo codicia.
Pero seguramente hubo otras cosas, hubo desengaño tal vez una sensación de venganza porque Jesús aprecia algo que había ilusionado a Judas, y luego no correspondió con lo que Judas había soñado, había anhelado; entonces Judas se siente traicionado y responde traicionado, como una especia de retaliacion y de venganza.
Lo que sí es interesante que tengamos en cuenta es que esa clase de paralelos, es decir, tener nuestro plan al margen del plan de Cristo, tener nuestros intereses al margen de los intereses de Cristo es algo muy peligroso porque el demonio aprovechara eso para decirnos:”Cristo no te conviene es mejor que te deshagas de Cristo”, eso fue lo que el demonio le susurro, le sugirió a Judas Iscariote.
Y también es bueno que aprendamos de este pasaje que la traición a pesar de lo espantosa que es y el pecado a pesar de lo terrible que puede ser como en este caso, nunca sale de la mirada y del plan de Dios, es decir, tenemos que tener claro que a Dios nunca lo tomamos por sorpresa, ningún pecado, ninguna tragedia, ninguna traición, ninguna tentación; nada toma por sorpresa a Dios, aquél Dios que nos conoce que penetra nuestros pensamientos y que penetra también la mente de los ángeles santos y de los ángeles caidos, ése Dios no es nunca tomado por sorpresa.
Lo que a nosotros nos corresponde es adherirnos a Él, y buscar como Jesús que aunque todo se pierda, no se pierda nuestra unión con su voluntad, y nuestra absoluta confianza en su victoria.
Que el mismo Cristo nos fortalezca interiormente, el mismo Cristo nos bendiga profundamente con la unción de su Espíritu para que nosotros con su gracia y siguiendo su ejemplo, seamos también fieles a la voluntad del Padre.
Así lo suplicamos en el nombre del mismo Cristo, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén