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Fecha: 19960706

Título: Saber consolar es señal del Profeta

Original en audio: 12 min. 31 seg.


La primera lectura tomada del Profeta Amós, es de lo más consolador que tiene la Sagrada Escritura. Sobre todo, porque como lo hemos venido oyendo en estos últimos días, Amós es un hombre drástico, un hombre radical.

No respeta a nadie. No respeta al Santuario Real, que quedaba en Betel. No respeta a Amasías, el sacerdote del Santuario Real. No respeta a Jeroboam, el rey de Israel.

Cuando digo que no los respeta, no quiere decir que sea un díscolo, o un altanero, sino que Amós es un hombre que sólo respeta a Dios, y desde Dios, relativiza todas las instituciones humanas.

"Usted puede ser muy sacerdote, pero sepa que la Palabra del Señor para usted es ésto". "Y éste puede ser el Santuario, pero sepan que la Palabra es ésta". "Joroboam puede ser un gran rey para ustedes; sepan que la Palabra de Dios es ésta".

Amós es encantador, es fascinante, por su profunda sinceridad, por su absoluta coherencia. Yo creo que especialmente en este Santo Profeta, aparece cómo la Palabra de Dios es libre, absolutamente libre, libre de los intereses de los ricos y libre de las venganzas de los pobres, libre de los privilegios de los sacerdotes y libre de las prebendas reales.

¡Libre! Simplemente se dispara, sale como una espada, llega al sitio que es, hace lo que quiere, logra su obra, hiere y levanta. ¡Es impresionante Amós!

Mas su palabra no es la palabra de un amargado. Porque uno también sabe herir. Pero la señal del Profeta es que no sólo sabe herir, sino que sabe consolar. También uno sabe sacar la espada y uno también sabe hundirla hasta la empuñadura.

Pero tú que tienes palabras duras para herir, ¿tienes también palabras santas para curar? Tú que tienes palabras drásticas, palabras profundas, ¿tienes en esa misma profundidad, cómo consolar, cómo animar? ¿Eres tan bueno para animar y consolar, como eres bueno para criticar y amargar?

Lo maravilloso, es que este mismo hombre, este mismo Amós, que va pasando con la espada de la Palabra y va hiriendo a todos, del chico al grande, éste, que tiene esa espada de la Palabra divina, también tiene el bálsamo de la consolación divina para sanar, para animar y para consolar a los mismos heridos.

El Señor le había dicho al Profeta Jeremías: "Yo te constituyo muralla, y no van a poder contigo" (véase Jeremías 1,18-19). Le dijo también: "Te constituyo baluarte frente a tus adversarios, y tú vas a arrasar. Pero también vas a construir" (véase Jeremías 1,10). Y esto que le dijo Dios a Jeremías, en realidad vale proporcionalmente para los demás Profetas.