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Fecha: 20060106

Título: La palabra fe

Original en audio: 6 min. 48 seg.



Pienso que si hay una palabra mal comprendida en nuestro tiempo es la palabra fe, y digo esto porque mucha gente piensa que la fe es una especie de apuesta, de conjetura, de suposición, de imaginación o simplemente un invento con el que llenamos nuestra ignorancia.


Para mucha gente en nuestro tiempo existe un conocimiento que es el conocimiento firme, establecido, y básicamente se asocia ese conocimiento con la ciencia, y lo que no cabe dentro de ese esquema, lo que no es propiamente firme ni científico, queda abierto al gusto, a la imaginación, a la suposición, la conjetura, las emociones, y ahí es donde se supone que entraría la fe.


Pero la fe, queridos hermanos, si nosotros nos vamos a la Biblia, es algo muy diferente. La fe no es algo que está afuera del conocimiento, sino más bien es un modo especialmente penetrante de acercarnos a la verdad nuestra, a la verdad de la vida, a la verdad del mundo, a la verdad de Dios.


La fe no es algo que está fuera del conocimiento, sino es una perfección del conocimiento, como lo dice Santo Tomás de Aquino al estudiar el don de la fe. Santo Tomás tiene una frase asombrosa, él llega a decir que la fe es una perfección del conocimiento, una perfección del entendimiento. Captemos la riqueza de ese enunciado.


Yo no tengo que suspender mi capacidad de conocimiento para empezar a creer; la fe no es una pausa que yo hago en el conocer, al contrario, la fe es como una aceleración del conocimiento más allá de todas las posibilidades de la simple especulación humana. Inmediatamente, uno puede preguntar: ¿cómo sabemos que eso es así? Pues bien, la fe en la Sagrada Escritura no proviene de la imaginación, proviene del testimonio, y tal vez el autor que más destaca esto es el Evangelista y Apóstol San Juan.


Tanto en el Evangelio como en sus cartas, especialmente en su Primera Carta, San Juan destaca eso, que la fe viene a través del testimonio, y hay distintas maneras de recibir ese testimonio, él mismo ( el mismo Juan ), describe su proceso de la fe, con las palabras: "ver" y "creer".


El "ver para creer". Nosotros lo asociamos con otro Apóstol, con el Apóstol que le costaba creer en la resurrección, el Apóstol Tomás: "ver para creer", pero ese no es el "ver para creer" de los escépticos, no es el "ver para creer" de Tomás el Apóstol; ese "ver para creer" es la canción de Juan el Evangelista.


Y así aparece en su Evangelio. Él, hablando de sí mismo, dice: "vio y creyó" (véase San Juan 20,8). Juan vio y creyó; hay un testimonio allá, en lo que viene de fuera, que enriquece nuestra experiencia, que la ilumina y que nos hace capaces de creer. La fe no es un invento nuestro. "Vio y creyó", y también nosotros tenemos que ver y creer. Y si hay falta de fe no es porque cerremos mucho los ojos, sino todo lo contrario, porque no los abrimos lo suficiente.


Si queremos invitar a alguien a que llegue a la fe, la solución no es: "mira deja de pensar, cierra los ojos, ciérrate a la evidencias", todo lo contrario , la invitación a creer es :abre tus ojos, ábrelos al maravilloso testimonio de la creación, al maravilloso testimonio de la historia humana, al maravilloso testimonio de los mártires y de los santos, y sobre todo, abre tus ojos a lo que Dios mismo, a lo que el Señor mismo, con el poder de la Sangre de su Hijo, está obrando en ti.


Esto es la fe, es recibir ese testimonio, y Juan, en la Lectura de hoy, nos habla de los testigos, tanto terrenales como celestiales, si podemos utilizar esa expresión.


Dios hace maravillas, Dios está haciendo maravillas en mi vida, y sí yo no las quiero ver, yo no le puedo echar la culpa a Dios de mi falta de fe.


Acepta lo que Dios está haciendo en tu vida, lee tu vida, abre tus ojos, descubrirás que es maravilloso creer, es maravilloso aceptar al Señor que ha venido a visitar tu existencia.