Stom004a
Fecha: 19980703
Título: Creer es no ponerle condiciones a Dios
Original en audio: 17 min. 59 seg.
Queridos Amigos:
La escena que nos acaban de contar los evangelios, es bastante elocuente ahora por sí misma: un hombre incrédulo que pide pruebas, un hombre desconfiado que necesita certezas.
Y en ese hombre, seguramente podemos reconocernos nosotros, que tantas veces le pedimos pruebas a Dios. Queremos como asegurarnos de que aquello que se nos ha dicho de Dios, es verdad, sí se va a cumplir, no es historieta, no es mentira.
Pero tratemos de analizar un poco más profundamente este texto. Tratemos de sacar una enseñanza todavía más profunda para nosotros. El evangelio nos dice, que este Apóstol Tomás tenía una manera de convencerse. Él decía: "Si no meto el dedo en el agujero de los clavos y la mano en su costado, no creo" (véase San Juan 20,25).
Él no estaba definitivamente cerrado a la fe, sino que le estaba poniendo condiciones a Dios. Como diciéndole a Dios: "Si tú quieres que yo crea, tienes que venir por este camino".
Ahora veamos qué pasó. Se le aparece el Señor Jesucristo a él y a todos, y le dice: "Trae tu dedo; aquí tienes mis manos. Trae tu mano y métela en mi costado" (véase San Juan 20,27). ¿Qué nos dice el Evangelista? Tomás respondió: "Señor mío y Dios mío" (véase San Juan 20,28). Tomás no metió el dedo en el agujero de los clavos, no metió la mano en la herida del costado de Jesús.
Jesús se le aparece y le interpela por el método, por la condición, por el camino que él había escogido. Tomás le había dicho a Dios: "Si tú quieres que yo crea, el camino es éste. Tienes que llegarme por este lado". Y Dios le llegó por otro lado.
Dios le llegó por un camino distinto. Le dice: "Aquí está mi mano. Aquí está mi costado" (véase San Juan 20,27). Como quien dice: "¿Seguimos tu método, Tomás, o seguimos el mío? ¿Seguimos tu manera, o seguimos la mía? ¿Seguimos tus condiciones, o seguimos las mías?" Y Tomás se rindió: "Señor mío y Dios mío" (véase San Juan 20,28).
Esta explicación, mis amigos, no es un invento de mi cabeza. Tomás llevaba ya tiempo con Jesús, pero Tomás no era discípulo de Jesús. "-¿Cómo va a ser?" "-Pues sí; no era discípulo de Jesús". Una vez Jesús dijo que se iba a ir, y Tomás le dijo: "Bueno, y si no vamos, si no sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a llegar? ¿Cuál es el camino?" (véase San Juan 14,5).
¡Cuál es el camino! Esa es la pregunta que domina la vida de Tomás: "¿Cuál es el camino?" (véase San Juan 14,5). Jesús le dijo a Tomás, y esto fue antes de padecer en la Cruz: "Yo soy el camino", -esa frase la conocemos todos nosotros-, "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (véase San Juan 14,6).
¿Y qué nos dice el evangelio? ¿Qué respondió Tomás a esta Palabra de Jesús? ¡Nada! No respondió nada ni entendió. De modo que Tomás estaba con Jesús, pero Tomás no sabía cuál era el camino. ¿Y por qué no lo sabía? Porque Tomás quería que Dios hiciera las cosas a su manera. Tomás quería que Dios siguiera los caminos de él, los caminos de Tomás.