O104001a
Fecha: 20000615
Título: ¿Dispuestos a correr con nuestros enemigos bajo la misma lluvia de bendiciones?
Original en audio: 5 min. 15 seg.
Elías había castigado a Ajab, el idólatra, el rey idólatra de Israel. Y a todo ese pueblo seguidor de Baal, lo había castigado con la sequía, una manera muy elocuente de mostrar, que sólo en Dios están las fuentes de la vida, y demostrar lo inútil, lo mortífero de los cultos a los baales.
Pero la grandeza del profeta, no está solamente en la capacidad de denunciar y de castigar, sino en la capacidad de consolar y de restablecer. Hay que ser grandes en la denuncia, pero igualmente grandes en el consuelo. Hay que ser grandes en la lucha, pero también ser grandes en la reconstrucción.
Yo pienso, que a nuestra Iglesia le ha faltado mucho vigor profético en los dos sentidos: muchas denuncias que nunca se hicieron, pero también y de pronto hasta más, muchos anuncios de salvación, que tampoco llegaron.
¿Qué propuesta tenemos? ¿Cuál es la alegría que podemos proclamar? Elías, cuando apenas había una nubecilla del tamaño de la palma de una mano, ya le dice a Ajab: "Vete, que te va a alcanzar el aguacero" (véase 1 Reyes 18,41;44).
Y llegan los dos corriendo a Yezrael, empapados por esa lluvia que habían esperado y que habían necesitado ambos.
Aunque fueran enemigos, ahí están corriendo juntos bajo la lluvia. Aunque no se entendieran, aunque Ajab buscara y persiguiera a muerte a Elías, aquí están juntos. Porque el profeta participa del dolor que anuncia, y el profeta participa de la alegría que trae.