O123001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20000628

Título:

Original en audio: 10 min. 6 seg

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Dicen los estudiosos del Antiguo Testamento, que ese famoso librito del que nos habló la primera lectura de hoy, no es otra cosa sino el Deuteronomio. Probablemente no es todo el Deuteronomio, sino los capítulos como doce a veinte, o veintiocho, lo que se llama el Código Deuteronómico, una recopilación de disposiciones legales que tienen cierto parecido con el tono del Éxodo y que se atribuyen también a Moisés.

Lo que nos ha contado entonces esta primera lectura es cómo, después de unos tiempos de confusión, el sacerdote Helcías descubre este documento de la Alianza y desde él, desde ese documento, desde el sacerdote Helcías y desde la actitud del rey, surge también una actitud de renovación, podemos decir, dentro del pueblo entero.

Ahora bien, este hecho trae enseñanzas para nosotros. Yo quisiera sacra dos aplicaciones de esta lectura. Primera: en nuestro tiempo la palabra ley, o lo que tenga que ver con la ley no tiene muy buena propaganda. Nosotros, de pronto, hemos subrayado sólo los aspectos negativos de la ley, quizá por estar acostumbrados a la polémica contra los judaizantes que tuvo el Apóstol San Pablo y que ocupó una parte importante de su ministerio; quizá porque nuestra naturaleza rebelde siente que donde hay menos leyes hay más libertad.

Para nosotros hay una proporción inversa entre la ley y la libertad. Tener libertad es poder hacer lo que yo quiera, esa es la definición moderna de libertad. Por consiguiente, una restricción a lo que yo quiera, es decir, una ley, es una limitación a la libertad.

Como todo el mundo quiere ser libre, pues eso también significa, la gente quiere el mínimo de leyes. Nada de extraño que cuando se hable de una ética civil, cuando se hable de una tolerancia, de una convivencia social, se busque un mínimo de leyes. "Usted tiene un parecer sobre la religión, pero otros ciudadanos tienen otro, de manera que tenemos que buscar el mínimo común denominador, porque la ley es una limitación de la libertad".

El pueblo de Israel no mira la ley de esa manera. Si nosotros meditamos ese Salmo, el más largo de la Biblia, ciento sesenta y nueve en la numeración de la Biblia, el salmo de elogios a la ley, prácticamente agota los adjetivos para ponderar la belleza, la dulzura,la sabiduría de la ley. "La ley que es descanso del alma, la ley que ilumina los pasos, la ley que es agradable al paladar, la ley que es luz para el pensamiento".

Y seguramente desde nuestra mentalidad moderna nos preguntamos cómo es posible que se digan tantas cosas tan bellas y tan buenas sobre una cosa que sólo sirve para limitar la libertad. Pues es que la ley en la Biblia no es una limitación de la libertad.

Podemos hacernos una idea de lo que significa ley, y por lo tanto de lo que significa este descubrimiento que hizo el sacerdote Helcías, si pensamos en una persona que está perdida, por ejemplo en una cuidad extraña, una ciudad extraña y un idioma extraño. Pues a mí por lo menos me pasó eso alguna vez en la ciudad de Budapest.

Estaba allá por motivos de aquellos compromisos de las olimpiadas de matemáticas, y salí a darme una vueltecita y la vueltecita fue que me perdí. Muy iluso yo caminando por las calles de Budapest, perdido. Y realmente mi húngaro no servía para mucho.

En ese extravío, no sé cómo logré hacerme entender de un agente de seguridad, de un agente de policía, y él tampoco sé cómo se hizo entender; sé que hablaba algo de inglés, y me indicó un camino. Yo le entendí. El lenguaje de él era imperativo: "Usted debe coger, usted debe tomar esta vía, debe seguir por aquí, debe voltear por allá, debe ir a tal parte, debe buscar este monumento".

Todas esas indicaciones él las debe en términos de "deber", "usted debe", pero para mí cada uno de esos "deberes" era una salvación. Que a mí alguien, por fin, me diga cómo orientarme y cómo salir de ese extravío, esa era una salvación para mí.