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Fecha: 19990606

Título:

Original en audio: 39 min. 30 seg.


A veces es difícil hablar de las cosas más grandes, precisamente porque nos desbordan.

Nuestras palabras o nuestros conceptos son como manos que pendemos para agarrar las cosas, ¿pero quien puede agarrar el tamaño de los misterios de Dios y sobre todo este misterio eucarístico en que se anula el cielo con la tierra?

Es difícil y como sacerdote siento dolor de que no solo es difícil por la materia de la que queremos predicar, sino que es difícil porque se necesita gran amor y gran santidad para hacer conocer y para hacer amar este misterio y la realidad que encontramos en la Iglesia es que falta muchísimo amor, así como falta mucho respeto y mucha adoración y mucha gratitud por este sacramento.

Este sacramento es como la fibra mas sensible, podríamos decir, de la Iglesia, ningún otro está tan protegido por la teología, por la legislación, por la tradición, por la costumbre de la Iglesia.

Así como el Sagrario es el lugar mas protegido de la Iglesia, del templo, así también el misterio eucarístico, es el secreto, un secreto visible, el mas protegido y mas custodiado de la Iglesia, pero ni aún así se salva de la indiferencia, ni aun así se salva de las manos descuidadas, a veces ignorantes de nosotros los sacerdotes, ni aun así se salva de ciertas teorías o teologías, que sintiéndose incapaces de admitir tanto amor, recortan lo principal del misterio, para dejar de la eucaristía solo una especie de encuentro amigable entre creyentes y claro que es el encuentro mas amable y mas amigable y claro que es la cena mas fraterna; pero no por eso deja de ser lo que es, la presencia siempre nueva, siempre actual del sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo, el manantial mismo de su gracia, el preludio mas claro que tenemos en esta tierra del banquete de los cielos.

Mirando como comulgan los fieles cristianos, mirando cuantos no comulgan, es necesario que nosotros como amigos de Jesús, nos unamos a su corazón sangrante y podamos, sintamos en ese palpitar de su corazón, un amor que no es correspondido, como varias veces lo ha manifestado el mismo Cristo a algunos de sus santos.

Si no nos interesan los intereses de Cristo, si eso no nos interesa este misterio, nada de Cristo verdaderamente llegará a ser importante para nosotros.

Pensando en estas cosas, encontré como una secuencia, podríamos decir, como una lista de cualidades deseables, de preparación deseable para recibir, para celebrar y para proclamar este misterio, el misterio eucarístico, el centro de nuestra fe.

En el momento más solemne de la Misa, el elogio que se hace de la eucaristía y la proclamación que se hace de ella, es esto, es el sacramento de nuestra fe.

Uno debe de recodar, lo que quiero compartir con ustedes, es tomar la palabra Cristo como se dice en latín, es decir Christus, vamos a tomar cada una de esas letras para recordar una cualidad que es provechosa, que es deseable para vivir este misterio, para recibirlo mejor, para que de mayor fruto en nosotros y para que también lo podamos trasmitir con mayor caridad y con mayor eficacia a otras personas.

Empezamos por la letra “C” y en esa letra “C” la palabra caridad, primera cualidad, primera virtud la que abre el lenguaje de todo este tratado, la eucaristía es un asunto de amor, sólo el amor hizo posible la presencia del cuerpo de Cristo en esta tierra y solo ese amor hará posible que nuestros cuerpos glorificados estén con El en el banquete de los cielos.

Lo primero que se necesita, lo primero que ha de estar vivo para entender el lenguaje de la eucaristía es la caridad y si no existe esa caridad no se la puede remplazar ni con mucha inteligencia ni con muchos libros, tratados o lo que sea, es un lenguaje de amor.

La eucaristía es la expresión más pura, la más patente, la más intensa del amor de Jesucristo y como esa es la señal que este amado le da a su amada, que es la iglesia, entonces la Iglesia necesita reconocerse amada y disponerse al amor, un lenguaje de caridad, un lenguaje de amor hay señales que han preparado este amor, toda la historia de la salvación es una historia de amor, pero no basta con que la historia que se cuenta en la Biblia sea una historia de amor, es necesario haber leído la propia vida como una historia que también es de salvación, como una historia que también es historia de amor.

Las almas eucarísticas son almas que se sienten amadas, son almas que de algún modo se proclaman, no por institución humana sino por acción del Espíritu como embajadoras del la Iglesia amada, cada persona que se acerque a comulgar acérquese porque se siente amada, y acérquese como embajadora de toda la Iglesia, amada para recibir amor.

La caridad, con todas sus delicadezas, la caridad con toda su fuerza, la caridad con toda su elocuencia, la caridad es delicada, tal vez es la flor mas delicada, quienes hemos tenido ocasión por el ministerio sacerdotal, de escuchar confesiones de muchas personas y desde luego también de confesarnos, hemos podido comprobar algo, ciertamente el Espíritu Santo obra en todo el pueblo de Dios, es el Espíritu el que mueve a la conversión, es el Espíritu el que instruye en forma y luego es el Espíritu el que perfecciona la ofrenda y completa la obra.

Yo me atrevo a decir, aunque soy ignorante, que yo he conocido algunas almas que yo estimaría santas, santas en vida, y yo he podido tratar y escuchar a esas personas y he oído confesiones de personas que yo consideraría santas, para esas personas muy adelantadas en el camino de la virtud, muy fortalecidas con los dones del Espíritu, muy ungidas en la oración, para esas personas hace mucho tiempo no existen los pecados en los que lamentablemente vivimos o nos movemos muchos de los mediocres que existimos en esta tierra, atrás han quedado muchos pecados, ha sido virtud de Dios y ha sido correspondencia la gracia en estas personas, han dejado la mentira, el orgullo, han dejado todo género de impureza y deshonestidad, han dejado toda codicia, han querido conformar su vida a la voluntad de Dios, pero siempre hay una virtud que queda herida y es la caridad.

Siempre ha faltado mas amor, la caridad es la virtud mas excelsa y por eso también la mas delicada, aun los corazones mas generosos, los mas puros y los mas sinceros, los mas pobres y los mas consagrados, siempre tienen algo que acusarse en esta virtud, esto indica el tamaño y la importancia que tiene la caridad dentro de la Iglesia y esto indica como la caridad es el único lenguaje con el que podemos entendernos completamente con Jesucristo, el idioma que habla Jesucristo no es el arameo, griego, latín, inglés o español, el idioma que habla Jesucristo es caridad y el que no haya aprendido a este idioma no ha entendido nada, mucho menos entenderá el lenguaje precioso de la eucaristía.

Después de la “C” está la letra “h”, en la palabra Christus el nombre de Cristo dicho en esa lengua, en latín, si utilizamos el latín es solamente porque christus nos sirve de recordatorio de estas virtudes o cualidades, desde luego ustedes se imaginan cual es la virtud de esta h es la palabra humildad, humildad que tiene su raíz en la palabra “humus” que significa tierra, la mejor manera de ser desagradecidos es recordar de donde venimos.

San Agustín en algún sentido fundador o cofundador de la vida consagrada, de la vida religiosa dentro de la Iglesia en occidente, le decía a un grupo de vírgenes que se habían congregado para hacer vida comunitaria, que le llamaremos hoy religiosas, les decía que era importante que en el monasterio, en el convento no vaya a suceder la detestable perversidad de que mientras los ricos intentan hacerse pobres, los pobres se les olvide de donde han venido y se hagan ricos y lo que nosotros llamamos hoy “acomodarse”.

San Agustín advierte de ese peligro a estas religiosas, porque una vez que hemos olvidado nuestro origen, una vez de que nos hemos olvidado de donde nos ha sacado Dios, olvidado eso, creemos que todo lo merecemos y si hay un método eficacísimo para no aprovechar nada el Santísimo Sacramento es ese creer que se le merece.

Si nos acercamos a la Eucaristía y perdemos el sentido de la distancia, perdemos el sentido del don, cuanto mejor percibamos la distancia infinita entre Dios y nosotros, mejor percibimos el tamaño del regalo que nos está haciendo, por eso las almas eucarísticas, las almas de verdadera adoración a este santo sacramento son almas profundamente, infinitamente humildes.

Además, la vida entera de Jesucristo está escrita en clave de humildad, se revela primero a los pastores y a los extranjeros y los que estaban ahí al pie y los que creían que tenían derecho de conocerlo se quedan sin verlo. Anda siempre en compañía de pobres, de los marginados, de los humillados, anda en compañía de los que no cuentan y escoge entre sus discípulos a gente que no significaba ni representaba nada en esa cultura y en esa sociedad, la muerte que tiene es muerte de malhechor y hundido en el sepulcro, parece haber desaparecido de esta tierra, toma luego como primera testigo a una mujer despreciable por su pasado y pone en boca de esos mismos hombres pobres e iletrados la noticia mas grande del universo.

O sea que Cristo no puede darnos mas pruebas de que ama la humildad y que revela sus secretos a los humildes, por hay dice el apóstol San Pedro “que Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes” si este sacramento eucarístico es el sacramento de la gracia, el sacramento por excelencia de la manifestación de la gracia, indudablemente ha de ser el sacramento de nuestra humildad, humildad simple y sencillamente de la humildad de lo que somos recordar quienes somos y de que estamos hechos, de que familia y de que pasado venimos

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