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Fecha: 20020607
Título: Ver y oír en el Corazón de Cristo
Original en audio: 17 min. 6 seg.
Tanto y tanto se predica del Corazón de Jesucristo, que a veces no sabe uno por dónde empezar. El corazón es el lugar del amor. El Corazón de Jesucristo es el lugar del amor de Cristo.
El amor está relacionado con la sangre. Por eso, el rojo es el color del amor. Para expresar amor, se regalan flores encendidas, encarnadas, rojas. Si lleva una cantidad de flores azules, pues eso significa un florero para la mesa. Unas flores blancas pueden significar: "¿Y acaso aquí quién se murió?". En cambio, flores, ojalá rosas rojas encendidas, indican el palpitar de la sangre. El mensaje que da el que regala rosas rojas, es: "Me aceleras el pulso. Haces palpitar mi sangre".
La sangre está unida al amor. El Corazón de Cristo es el lugar de la Sangre de Cristo. ¡Eso es bellísimo! El Corazón de Cristo tiene dos colores, de acuerdo con lo del Evangelio y de acuerdo con las visiones de Margarita María de Alacoque y Santa Faustina Kowalska: el color rojo y el color blanco; rojo que se vuelve blanco.
El Corazón de Cristo es el lugar de la Sangre de Cristo. Pero ésta es una Sangre muy particular, porque el libro del Apocalipsis nos da una visión, nos presenta una visión de los Santos, de los Bienaventurados. Llevaban túnicas blanquísimas, y el vidente preguntó: "¿Ésos quiénes son y de dónde han venido?" (véase Apocalipsis 7,13). Le dijeron: "Éstos son los que han blanqueado sus túnicas en la Sangre del Cordero" (véase Apocalipsis 7,14).
El Corazón de Cristo tiene dos colores. Eso no lo podemos olvidar, mirando la imagen del Señor de la Misericordia, o mirando las imágenes del Corazón de Cristo. Su vestido mismo siempre se representa con rojo y con blanco. Son los colores del Corazón: rojo que se vuelve blanco.
¡Es tan linda esa expresión! Porque rojo que se vuelve blanco, significa dolor que se vuelve gloria, Cruz que se vuelve Resurrección, padecer que se vuelve celebrar. Rojo que se vuelve blanco, significa, que esa Sangre que Cristo derramó por nosotros, esa Sangre que nuestra violencia arrancó e hizo brotar de las venas de Cristo, es donación que el mismo Cristo ofrece para perdón nuestro. Es decir, que la violencia de nosotros quedó bañada en la sobreabundancia del amor divino.
Ese es el tema de los colores. "-¿De qué color es el Corazón?" "-Rojo". "-No, señor, no es solamente rojo. El Corazón de Cristo tiene un color que se llama, rojo que se vuelve blanco".
El rojo expresa también la vida de los sacramentos, y el blanco expresa muy bien la presencia del Espíritu, la obra de la gracia. Cuando Cristo estaba en un momento de intensísima unión de oración con el Padre, nos dice la Escritura en el episodio de la Transfiguración: "Brillaba su rostro, y sus ropas se pusieron blancas como nadie las podría blanquear" (véase San Mateo 9,2-3).
El blanco es el color del Espíritu, es el color de la gloria, es el color de la santidad. Rojo que se vuelve banco, significa entonces, la vida de los sacramentos y la vida de la gracia, la vida de la santidad.
Ese es el Corazón de Jesucristo, y ésto es lo que queríamos decir sobre los colores. Entonces ya sabe cuál es la respuesta: "-¿Cuál es el color del Corazón de Cristo? ¿Es...?" "-Rojo que se vuelve blanco". "¡Éso es! Eso sí está bien dicho. No es rojo y blanco; claro que en una bandera, pues toca representarlo así: rojo y blanco. Pero es, rojo que se vuelve blanco. ¡Rojo que se vuelve blanco!".
Otra manera mística de interpretar, rojo que se vuelve blanco, es lo que sucede entre la Cruz y la Eucaristía. La Cruz tiene todo el espanto de la Sangre. La Eucaristía tiene todo el esplendor de la blancura, de la gracia, de la santidad.
La Eucaristía es el mismo sacrificio de la Cruz, pero sin el escándalo horripilante de la crueldad. "Cruor", de donde viene la palabra "crudelis" en latín, o sea cruel, significa sangre en latín. De manera que cuando nosotros contemplamos a Cristo en el Calvario, o cuando adoramos a Cristo en la Eucaristía, se tiene el mismo misterio.
¿Mas cuál es la diferencia? Que la Eucaristía ya es, rojo que se volvió blanco. Es decir, el espanto de la Sangre, el espanto de la crueldad ha desaparecido, y sólo queda el esplendor del amor. Rojo que se vuelve blanco, es el peso que hay del Calvario al altar, de la Cruz a la Eucaristía.