O092002a
Fecha: 20020604
Título:
Original en audio: 18 min. 17 seg.
Hermanos:
Hagamos, con la ayuda del Espíritu Santo, un comentario sobre la primera lectura que escuchamos. Es una lectura tomada de la Segunda Carta del Apóstol san Pedro. Y uno de los objetivos de esta Segunda Carta de Pedro es ayudar a los Cristianos que se sentían desconcertados porque Cristo no volvía.
Resulta que en la predicación de los Apóstoles las cosas estaban muy claras al principio. Lo que anunciaban los Apóstoles es: el mundo ha llegado a un rebosamiento de pecado, el mundo se está desbordando ya de pecado y eso va a traer consecuencias espantosas. Pero Dios ofrece salvación en la fe, en la invocación del Nombre de Jesucristo.
Y Cristo es el enviado de Dios y Dios lo ha demostrado porque lo ha resucitado de entre los muertos. Pronto vendrá este Cristo a recoger a los suyos, a los que tengan fe en Él, y los demás perecerán en esa catástrofe que le va a suceder al mundo por tanto pecado.
Esta era la predicación más común. Si uno lee,por ejemplo, el discurso que hizo Pablo allá en Atenas, como nos cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles, o si uno lee la Primera Carta a los Tesalonicenses, que quizá es el primer documento que fue escrito de los que conforman el Nuevo Testamento, si uno lee esos escritos uno ve que los Apóstoles predicaban verdaderamente la inminencia del juicio: "Esto va a estallar".
Ese estallido, ese rebosamiento es lo que la Biblia llama "la cólera de Dios", que no significa "Dios se puso bravo", sino significa: "Esto ya requiere una intervención de Dios, porque el pecado se ha desbordado". Así predicaban los Apóstoles. Y ellos, indudablemente, por lo menos en los primeros años, estaban esperando lo mismo que aquellos cristianos primeros, un retorno pronto del señor. Ellos pensaban que durante el espacio de su propia vida iba a volver Cristo.
Por ejemplo San Pablo en la Primera Cata a los Tesalonicenses dice: "Y los que quedemos..." (véase )-y él se contaba ahí- o sea que él estaba pensando que Cristo iba a venir en el espacio de la vida de Pablo, o sea ya, ya iba a llegar, en el siglo primero. Pero resulta que pasaban los años, la obra de la predicación avanzaba, las comunidades nacían y se fortalecían, pero Cristo no volvía.