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Fecha: 19951208
Título: La Inmaculada Concepcion de la Virgen Maria
Original en audio: 13 min. 59 seg.
Celebra la Iglesia en este día la Inmaculada Concepción de la Virgen María, pero puede haber un poco de confusión, porque el santo evangelio nos habla de la concepción de Jesucristo.
¿Quiénes son los papás de Cristo? Dios Eterno y María. ¿Quiénes son los papás de María? De acuerdo con la tradición, Joaquín y Ana.
Hoy no estamos celebrando el misterio de la Encarnación en las entrañas de María, no, sino estamos celebrando la Concepción de María en el vientre de la mamá de Ella, es decir, de Ana, de acuerdo con la tradición.
Estamos celebrando el comienzo de la existencia de María y estamos diciendo, con toda la Iglesia, que ese comienzo del ser de esta Mujer es inmaculado, palabra que proviene del latín y que significa sin mácula, sin mancha.
Es tan particular esta Concepción que la Iglesia la celebra como diferenciando el origen de María del origen de los demás mortales. De aquí surgen de inmediato preguntas: ¿quiere eso decir que entonces las demás concepciones-se supone que aparte de la de Cristo, también por razones obvias, la tuya y la mía- fueron concepciones maculadas?, ¿fueron concepciones manchadas?, ¿quiere decir entonces que en todo acto procreador de la pareja humana hay mancha?, ¿no supone eso como una especie de desprecio o de prejuicio por lo menos ante la sexualidad y ante el acto por el que nosotros somos creados?
Hay que ir despacio en esas preguntas y en las correspondientes respuestas.
Cuando se habla de manchas no se está diciendo que el acto por el que somos creados sea en sí mismo malo, no supone, y esto debe quedar claro, un desprecio ni al cuerpo, ni al sexo, ni al acto sexual; de nungua manera supone desprecio, ni supone condenación anticipada de esas realidades.
Bien sabemos que todo ha salido de las manos de Dios, y que tan nuestro es nuestro cuerpo como nuestra alma, si queremos utilizar esa terminología, y que el que hizo el rostro que se puede ver, también hizo las partes de nuestro cuerpo que con pudor tapamos.
De manera que Dios no se avergüenza de lo que ha hecho, ni se tapa los ojos, sino que al contrario, como lo sugiere discretamente la lectura del Génesis, de alguna forma quiere que su creatura se sepa siempre desnuda ante El.
De manera que el problema no es de cuerpo, ni de sexo, pero sí es problema de mancha y sí es problema de aquello que la Iglesia llama el pecado original.
¿Qué es el pecado original? La imagen que la mayoría de nosotros tenemos es que por allá hubo unos señores, o mejor dicho, un señor y una señora que se llamaban Adán y Eva. Adán y Eva cometieron graves errores, o por lo menos, un grave error. La mayor parte de la gente se imagina que la Iglesia enseña que ese error fue un pecado sexual.
Y viendo toda la historia de la manzana....paja, pura paja. La Biblia no habla de ninguna manzana. Esa confusión viene mucho después. Y el pretender que el pecado original, el que cometieron Adán y Eva, fue un pecado de sexo, es engaño y es mentira que se sigue repitiendo, como tantas mentiras, pero es paja, pura paja. Puede dejarla de lado a partir del día de hoy. No tiene nada que ver con lo que estamos creyendo en la Santa Iglesia Católica.
Entonces, ¿qué se imagina la gente? Que estos señores cometieron allá su pecado, y que Dios, por lo visto, se puso tan bravo a causa de ese pecado que se resolvió a castigar la gente. Y entonces sigue generación tras generación, y todo niño que nace, nace culpable.
Y entonces algunos cristianos, por lo menos cuando reflexionan en estas cosas, dicen: ""Dios debe ser un señor sumamente raro -por ejemplo, eso les pasa a las mamás- las mamás ven su bebito, inocente; ¡culpable!, no. ¿Cómo va a ser culpable? Si no ha hecho nada, ¡qué culpable!, ¿culpable de qué?" Del pecado original, ¿pero cuál pecado? No ha podido hacer nada el muchachito, lo único que hace es llorar, mamar, y algunas otras cositas, algunas otras gracias hace. ¿Qué culpa puede tener ese niño?
¿Esa es la enseñanza de la Iglesia católica? Tampoco es esa.
No es un problema de culpa. El problema del pecado original, queridos amigos de Dios y de la Virgen, significa simplemente la terrible consecuencia, oígase bien, la terrible consecuencia que tuvo el pecado de nuestros primeros padres.
Hay un ejemplo que he repetido con frecuencia: suponga usted un señor que es muy amigo de la bebida. El caballero, para decirlo sin ambages, es un alcohólico de "siete suelas"; y no alcohólico anónimo, sino borracho conocido.
Bueno, este señor llegando a una cierta edad, pero avanzada, deja las copas, deja el licor, y el hombre a partir de ahí comienza a comportarse con sobriedad. Muy bien. Ha desaparecido la culpa de la persona, él ya no es culpable. Si tú te lo encuentras ahora por la calle, tú no le puedes decir: "usted es un alcohólico". No, señor, tendrás que decir: "usted fue un alcohólico".
La culpa como tal ha desaparecido, pero no ha desaparecido la consecuencia de los treinta y cinco o cuarenta años de aguardiente que el hombre tiene entre pecho y espalda, eso no ha desaparecido.
Supongamos que el caballero este deja el licor, tenía setenta y un años cuando dejó el licor; a los setenta y tres muere de una terrible cirrosis. El ya no era alcohólico, pero las consecuencias de su alcoholismo dejaron deteriorado su organismo; esas consecuencias externas es lo que la Iglesia Católica llama la pena, que es distinta de la culpa.
La culpa desaparece ciertamente, por ejemplo, por la confesión; la culpa desaparece cuando este señor deja su alcoholismo, pero la pena, la consecuencia de su alcoholismo no ha desaparecido.
Ahora demos un pasito más. En el caso del alcohólico es claro que su organismo ha quedado deteriorado, pero es que eso no vale sólo para sí mismo, nosotros formamos una comunidad humana.
Supongamos que el hombre dejó su trago,dejó su exceso en la bebida y se murió, como contamos. Las consecuencias de haber sido durante treinta y más años un alcohólico, ¿se murieron con él? No han muerto con él.
Seguramente, en la mente de sus hijos, seguramente en el corazón de sus hijos, han quedado grabados a fuego, han quedado impresos, de tal manera, recuerdos de su papá borracho insultando a la mamá, escenas vergonzosas, escenas ridículas.
Y el día en que el muchacho fue a pedirle a la mamá que necesitaba unas fotocopias urgentes para la universidad, y la mamá le dijo: "mijo, comprenda que no hay plata", y el muchacho lloró de rabia, y dijo: "¿cómo sí hay plata para el trago de mi papá? Eso no se le ha olvidado al muchacho.
Eso es lo que llamamos la pena externa, la pena pública, colectiva, como ya lo sugiere el ejemplo que estoy dando, puede perfectamente ser transmitida a otras personas.
No es un problema de biología, no es un problema de transmisión genética; el pecado original no es algo así, sino es una condición existencial, un radical egoísmo, una radical desconfianza ante Dios y una radical suficiencia por la cual el ser humano pretende apoyarse en sí mismo, se aferrra a su propio amor y no se abre a la gracia de Dios.
De ese estado lamentable nosotros salimos por esa inundación de amor que es la Cruz de Cristo, y esa es la historia de nuestra redención.
Estamos celebrando la Inamaculada Concepción de la Virgen, ¿esto qué querrá decir? Que María ha quedado libre de esa pena, es decir, que por una intervención amorosa de Dios Ella ha quedado, desde el origen mismo de su existencia, abierta a amar y al amor.
Esa es María, y así la necesitaba Dios, para que fuera Madre de su Hijo, para que fuera esclava de Dios, para que fuera verdadera obediencia a la voluntad del Señor y para que pudiera darse desde el fondo de sí misma, entregando hasta a su Hijo en el altar de la Cruz.
Entonces, la Inmaculada Concepción de la Virgen María, atención, no es una especie de medalla que le puso Dios a la Virgen, tampoco es odiosa preferencia, una especie de nepotismo celestial, como si Dios dijera: "usted se llama Juan Fernando López, nace con pecado; usted se llama antonia Pérez, nace con pecado; usted se llama Nelson Medina, nace con pecado; es decir, ya dijimos, con la pena del pecado original; usted se llama María, usted si no, usted se salvó; usted se llama...." ¿será así, como quien dice, odiosas preferencias? Si quieres mirarlo de esa manera, míralo, pero no se trata de eso.
Dios escoge siempre con vista a una misión. Cuando en una empresa hay el favorito del jefe, ¿para qué el jefe lo tiene como favorito? Para que trabaje menos y para que gane más; esos son los favoritos en esta tierra.
Las escogencias de Dios no son así. El gran elegido de Dios es Jesucristo: "este es mi Hijo el amado, el predilecto" (véase San Lucas 3,22). Pero ese gran Elegido de Dios, Jesús, es elegido y es levantado para que desde allí alumbre a los otros.
Y así sucede siempre en le plan divino. El nos elige para capacitarnos para amar más. Y si Él otorga en este día -y eso es lo que celebra la Iglesia, la Inmaculada Concepción de la Virgen- es, como ya dije, porque así lo necesitaba para el plan de salvación.
De modo que nosotros los cristianos bien podemos alegrarnos en la Inmaculada Concepción de la Virgen, porque por esa puertecita entró el Rey Supremo, porque por esa humildad entró nuestra salvación, porque por esa belleza se alumbró nuestra vida.
Bien podemos nosotros alegrarnos en la Inamculada Concepción de la Virgen, porque Ella es la Inamaculada, no para sí misma; así como Cristo recibe el Espíritu en su bautismo, no para sí mismo; y así como cada uno de nosotros recibe esta palabra y recibe esa Eucaristía, no para sí mismo, sino para el bien de los hermanos y para gloria del Padre que está en los cielos.
Amén