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Fecha: 20020519
Título: Algunas obras del Espíritu Santo
Original en audio: 11 min. 16 seg.
Nos hemos reunido, hermanos, en el hermoso día de Pentecostés. Alguien dijo: "Es el cumpleaños de la Iglesia". Porque la Iglesia, aunque hunde sus raíces en el Antiguo Testamento, pudo convertirse verdaderamente, en principio y fuente, en sacramento de salvación para todos los pueblos, sólo con la unción del Espíritu Santo.
Fue el Espíritu, -lo sabemos bien-, el que transformó a unos hombres cobardes, ignorantes, en hombres valientes y sabios. Y ahí se muestra ya lo que podemos esperar del Espíritu Santo. Él transforma nuestra cobardía en valor, y Él transforma nuestra ignorancia en sabiduría.
El valor es la virtud propia de la voluntad cuando está sana, y la sabiduría es propia de la inteligencia cuando está sana. Así que el ejemplo del día de Pentecostés nos muestra perfectamente, cómo el Espíritu viene a sanar las facultades del alma humana, que son principalmente la inteligencia y la voluntad: inteligencia, para conocer y para gustar la verdad; voluntad, para amar y para luchar por el bien, singularmente por ese bien maravilloso que es el amor divino en nuestras almas, el amor divino en esta tierra.
¡Qué cosas tan grandes podemos esperar del Espíritu Santo! Las lecturas de este año, -estamos en el ciclo A; próximo año será el ciclo B, y luego el C-, las lecturas de este año A, nos presentan algunas de las obras maravillosas de este Espíritu.
Si por obra de la soberbia humana se han causado las divisiones, como nos dice la lectura del Génesis con el relato de Babel, el Espíritu Santo, viniendo a nosotros, destruye la obra de la soberbia y siembra en cada uno la semilla celestial de la humildad.
Porque la humildad es un regalo del Cielo. La humildad no nace de ninguna decisión nuestra. Para la mente del mundo, ser humilde es ser tonto. Para la mente del mundo, ser humilde es ser débil. Para la mente del mundo, ser humilde es ser un perdedor. Sólo cuando llega el Espíritu Santo a nosotros, aparece el verdadero rostro, la verdadera belleza, el encanto saludable que tiene la humildad.
Porque, ¿sabe usted de dónde viene la soberbia? La soberbia viene de la necesidad de afirmarse uno, la necesidad de pisar fuerte, porque uno se siente sin fuerzas.
Pero una vez que nos sentimos sostenidos por el amor divino, una vez que nos sentimos rebosantes de gratitud y de gozo porque Dios nos ha amado y Dios nos ha salvado; una vez que sentimos que nos baña el amor de Dios con el Espíritu Santo, ya no tenemos que pisar fuerte, ya no tenemos que afirmarnos con nuestras propias fuerzas, porque hay Uno más fuerte y más sabio, que nos da un lugar en el Corazón de Dios y que le da una razón a nuestro camino en esta tierra. Ese Alguien es el Espíritu.