O094001a
Fecha: 19960606
Título: Doble y único Amor
Original en audio: 7 min. 35 seg.
Esta semana ha sido muy polémica para nuestro Señor. Si recorremos los evangelios que nos ha ofrecido la Iglesia, encontramos que en cada uno de ellos hay alguien que trata de preguntar, de averiguar, de cazar en una pregunta a Jesucristo.
El lunes, por ejemplo estaba Cristo discutiendo con los sumos sacerdotes, los letrados y los senadores y les decía aquella palabra de los viñadores asesinos.
El martes los fariseos y partidarios de Herodes, le preguntan lo del César, el miércoles le llega el turno a los saduceos y entonces echan la historia inverosímil y caricaturista de la señora que se casó siete veces y finalmente se murió y entonces al ¿fin qué?
Y hoy jueves (véase San Marcos 12,28b-34) es un letrado, el que le pregunta cuál es el mandamiento principal.
Cada uno de estos grupos pregunta a Jesús desde su propio ámbito de intereses. Los fariseos y los partidarios de Herodes preguntan por el César, por que efectivamente un paso en falso que hubiera dado Cristo, hubiera servido para acusarlo ante la autoridad romana de revoltoso político.
Pero por otra parte, si hubiera dicho que sí hay que pagar tributo al César, entonces los fariseos, representantes hasta cierto punto de los intereses nacionales, hubieran tenido cómo acusarlo de su transgresión a la ley y de darle culto a alguien fuera de Dios.
De manera que fariseos y herodianos le hacen una misma pregunta y cualquier error que cometa el Señor, pues será inmediatamente usado en su contra por uno de estos grupos.
Los saduceos preguntan por la resurrección, en la que no creen, por que para ellos, la vida y la esperanza de la vida se agota en lo que ven nuestros ojos, por que ellos no creen en realidad en los profetas y por eso Jesús le responde, acudiendo a la Torá, en la que sí creen y Abraham, Isaac y Jacob, en quienes sí creen.
La pregunta de hoy, es la pregunta de un letrado, también llamado escriba, un hombre dedicado al estudio, la memorización y la predicación a partir de la palabra de Dios, especialmente a partir de la Torá. Sobre esa pregunta que hace el escriba había discusión entre ellos, entre los letrados, entre los escribas.
¿Qué mandamiento es el primero de todos? Se habían puesto ellos a contar todo mandamiento chico y grande que aparecía en la Torá y habían alcanzado un número superior a 600, 600 y tantos mandamientos habían.
Y como en el tiempo del Señor, descollaban un par de escuelas rabínicas, la escuela de Hillel y la escuela de Shamai, entonces, entre ellos había discusiones sobre varios puntos, por ejemplo sobre el divorcio que va a salir en otro pasaje, y también sobre esto: cuál era el primero y principal de todos los mandamientos.
Jesús responde y a uno le queda como una impresión un poco rara, por que Jesús dice: bueno, el primer mandamiento es escucha Israel, “el Señor nuestro Dios es el único Señor y el segundo es amarás a tu prójimo”.
El letrado replicó: muy bien, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo. O sea que le está aprobando la respuesta o ¿qué es lo que está haciendo?
Lo que sucede es que en estas escuelas rabínicas, como precisamente se utilizaba un método fundamentalmente oral y de fortalecimiento de la memoria, el discípulo, cuando el maestro le enseñaba algo, repetía lo mismo que el maestro le había dicho.
Si el maestro le decía por ejemplo, alguna enseñanza sobre las abluciones y purificaciones, entonces el discípulo decía: ahora entiendo que las abluciones y las purificaciones son así y así y asá.
De ninguna manera es que el discípulo fuera el que le aprobaba la enseñanza al maestro. Sino que precisamente repitiendo lo que el maestro le dice, se reconoce como discípulo suyo.
Es por esto por lo que Cristo le dice: Viendo que había respondido sensatamente, no estás lejos del reino de Dios. Cómo así que había respondido sensatamente si lo único que hizo fue repetir lo que Cristo había dicho.
Precisamente, que un escriba, después de tantos años de lectura y relectura de la biblia, tomara la palabra de Cristo y la repitiera delante de Él como un discípulo hace con su maestro, significa que ese escriba estaba dispuesto a hacerse discípulo de Cristo, que estaba dispuesto a tomar a Cristo como su maestro.
Y por eso Jesús le dice, y en eso está la sensatez del escriba, por eso Jesús le dice: no estás lejos del Reino de Dios, no estás lejos por que lo primero es amara al Señor con todo el corazón y amar al prójimo como a sí mismo.
Lo primero y lo fundamental es ese doble y único amor. Bueno, pues Cristo lo predique también en nuestro corazón, por que para que nosotros pudiéramos amar al Dios y pudiéramos amar al prójimo. Dios se hizo prójimo en Cristo y para que nosotros pudiéramos encontrar a Dios no lejos de nosotros, pues Dios quiso hacerse encontradizo en Cristo y para que pudiéramos amar al prójimo, que a veces parece tan lejano, Dios se hizo cercano en Cristo.
En Él no están lejos el prójimo a quien nos cuesta amar y el Dios que nos quiere tanto.