O072001a

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Fecha: 19980224

Título: Amigo de Cristo es el que percibe la sabiduria de la Cruz

Original en audio: 6 min.


El Señor Jesucristo tenía algunas actividades o momentos de predicación a multitudes, pero tenía también momentos de una instrucción más cercana y más personalizada con los discípulos.

Y era tan clara esta diferencia que el Evangelista puede decir en el día de hoy: "No quería que la gente se enterase" (véase San Marcos 9,30), no quería en ese momento multitudes porque tenía una palabra especial para los discípulos, porque los iba instruyendo a ellos.

Y también nos cuenta de qué trataba esa instrucción y cuál era el desfase, podríamos decir, entre la línea que llevaba Jesús, una línea que terminaría en una cruz, y la línea que llevaban los discípulos, una línea que terminaría en la traición.

Precisamente, los que no entienden en este momento del misterio de Cristo, el misterio de la Cruz, luego, cuando llegue la Cruz, van a huir de ella.

Así pues, el secreto de Jesús, la intimidad con Jesús, es el misterio de la Cruz. Puede llamarse íntimo de Jesucristo el que comparte con Él, el que le entiende la vida, el que percibe la sabiduría de la Cruz.

Ahora bien, como sabemos, la Cruz no es una finalidad en sí misma, ni el dolor es digno de ser adorado, y por eso nuestra frase nos toca mejorarla: el que no descubre el amor de Cristo hasta el extremo de la Cruz, en realidad, apenas está en la etapa de la multitud, o lo que hemos llamado en alguna ocasión, en una Primera Generacion, está en la etapa del entusiasmo, pero no es todavía amigo del Señor.

Jesús distinguía entre los siervos y los amigos, como sabemos por aquel conocido texto de Juan: "A vosotros os llamo amigos, ya nos os llamo siervos" (véase San Juan 15,15).

Ser amigo de Jesús, recibir la instrucción personalizada de Jesús, entrar en su misterio es entrar en un amor que llega hasta el extremo de la Cruz. Ese es el que puede decir que conoce a Jesucristo. Porque en realidad, conocer a fondo a una persona es conocer cuál es el amor que le mueve. Cuando se trata a una persona y se descubre: "Ese señor lo único que le interesa es plata", se ha descubierto cuál es el amor que lo mueve, y en ese momento se le ha conocido.

Pues hay que conocer cuál es el amor que mueve a jesucristo, entrar en su misterio, saber por qué obra como obra, porque si no se entra en ese misterio alguien podría pensar que simplemente es concentración mental, fuerza magnética lo que nos están expresando sus milagros, y se va a a comparar a Jesús con cualquier parapsicólogo; si no se ha entrado en el misterio de Cristo, las palabras de Cristo nos van a parecer elocuencia, retórica, inspiración, se va a confundir a Cristo con cualquier otro predicador o maestro.

Si ya se ha entrado en el misterio de Cristo, entonces sus exorcismos pueden ser tan confundidos como le pasó a aquellos que llegaron a decir que era el mismo Satanás el que se expulsaba a sí mismo a través de Cristo.

Uno se confunde, uno se equivoca sobre Cristo si no ha conocido hasta dónde llega el amor de Cristo, si no ha entrado en la intimidad con Jesucristo y entrar en su intimidad es describir un amor que llega hasta la Cruz.

Vamos a beber y a comer de ese amor en esta Eucaristía. Y que nuestros ojos puedan ser abiertos y que nuestros oídos estén atentos a Él.

Porque, aunque era el mismo Cristo el que les estaba hablando, no le entendían. Llegaron a entender cuando después de la Pascua Jesús infunde el Espíritu Santo, y dice el Evangelista Lucas: "Les abrió el entendimiento" (véase San Lucas 24,31).

Que este amor sobreabundante del altar infunda el hálito del Espíritu, abra nuestro entendimiento y nos permita descubrir los tesoros de sabiduría de Cristo, como decía San Pablo; nos permita descubrir los tesoros de su amor, prendarnos de ese amor, vivir de ese mismo amor para ofrecernos también en Él al Padre, para la salvación del mundo.